El CSIC se fija en las Freylas para una nueva sede del Instituto de Arqueología de Mérida

El antiguo convento de las Freylas podría convertirse en la nueva sede del CSIC en la región. :: BRÍGIDO/
El antiguo convento de las Freylas podría convertirse en la nueva sede del CSIC en la región. :: BRÍGIDO

Las obras de remodelación, que se estiman en 1,5 millones de euros, correrían a cargo del Estado con la colaboración de la Junta

M. Ángeles Morcillo
M. ÁNGELES MORCILLOMérida

El Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) está interesado en instalar en el Convento de las Freylas la sede de uno de sus organismos, el Instituto de Arqueología de Mérida, que tiene su sede actual en uno de los soportales de la Plaza de España.

Por este motivo, ayer se acercaron a comprobar la idoneidad de este edificio para darle este uso y ponerlo en valor el secretario general de Ciencia, Tecnología e Innovación, Jesús Alonso, la subdirectora general de Obras e Infraestructuras del CSIC, Carmen González, la delegada del CSIC para Andalucía y Extremadura, Margarita Paneque y el concejal de Urbanismo, Rafael España.

«Queremos ver la viabilidad de que este convento pueda ser una ubicación para este organismo. Hay buena voluntad tanto por parte de la Junta, como de la administración del Estado y el propio CSIC, así como del Ayuntamiento, que es en la actualidad a quien pertenece el edificio. El personal del CSIC viene a valorar el estado del edificio, qué rehabilitación sería necesaria hacer y la idoneidad para desarrollar un proyecto», explica Alonso. Este calcula que si se hicieran obras en el edificio no estarían listas antes de dos años desde su comienzo y añade que en estos trabajos se invertirían alrededor de 1,5 millones de euros.

Las obras de remodelación correrían a cargo de la administración general del Estado, con la colaboración de la Junta.

Este edificio no es la primera opción que ha barajado el CSIC para tener una nueva sede. Ya han visto algunas otras que no han resultado viables. Y han barajado las Freylas como la mejor de las alternativas.

Pedro Mateos, arqueólogo del CSIC en el Instituto de Arqueología de Mérida, declara que este es un edificio muy singular. Es una de las pocas construcciones renacentistas que se conservan en la ciudad.

Del siglo XVI

El convento de las Freylas, con una superficie aproximada de 2.500 metros cuadrados, se construyó a partir de 1530, cuando las Freylas, las monjas de San Martín de Robledo, al lado de Montánchez, decidieron asentarse en la ciudad. El edificio se construyó en tres partes. La primera desde 1530; en 1603 se hizo una reforma importante y en el siglo XVIII se finalizaron las obras.

Estuvo en uso hasta 1770. A partir de ese momento, por problemas económicos y por falta de vocaciones, el edificio desapareció. Se amortizó hacia el siglo XIX, cuando lo adquirió la familia de los Grajera. Y en el siglo XX lo compró otra familia, la de Serafín Molina, siendo utilizado para un taller de madera.

Mateos indica que la singularidad del edificio también se explica por su planta arquitectónica. «El proyecto que se iba a desarrollar no llegó a su fin. De hecho había un claustro que no se llegó a realizar. De tal manera que lo que iba a ser un edificio cuadrangular se quedó con forma de L. Está abovedado y conserva todavía las instalaciones propias».

En la planta baja estaba situado el espacio del convento como el refectorio o la capilla. Y en la primera y segunda planta estaban los dormitorios de las monjas. A finales del siglo XVII es cuando se construye el mirador, lo más característico del edificio.

«Sería un edificio representativo de una institución como el CSIC, que posee un solo centro de investigación en Extremadura, el Instituto de Arqueología. Posee unas características que harían una sede ideal para el instituto», insiste.

Añade Mateos que el edificio en el que actualmente trabajan, además de que es de alquiler, no reúne las características que se necesitan para un centro de investigación. «Precisamos de laboratorios, salas de reuniones, salón de actos... todo eso que ahora mismo no tenemos. Por eso es necesario abordar una sede definitiva para el instituto». Si a esto se le une que además es un edificio representativo de la ciudad, añadiría una mejor imagen para una institución como el Instituto de Arqueología.

Hace ya muchos años que se lleva hablando de la necesidad de darle uso a este edificio. Entre las opciones que se han barajado para ponerlo en valor y evitar que empeore su estado están la de convertirlo en una hospedería o en la sede de los estudios Eulalienses, idea que se potenció al estar junto a la Basílica de Santa Eulalia.

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