El Ayuntamiento de Mérida reduce un 30% su deuda en menos de tres años

El alcalde, Rodríguez Osuna, en la firma del acuerdo con IU para aprobar el Presupuesto 2018. :: hoy/
El alcalde, Rodríguez Osuna, en la firma del acuerdo con IU para aprobar el Presupuesto 2018. :: hoy

En diciembre de 2015 se debía más de 63 millones entre bancos y proveedores y con los últimos datos la cifra se sitúa en 43 millones

Juan Soriano
JUAN SORIANO

De un Ayuntamiento endeudado e intervenido Mérida puede pasar en los próximos meses a disponer de sus propios fondos para impulsar políticas de crecimiento y mejora de los servicios. La situación económica del Consistorio emeritense ha pasado de caótica a esperanzadora en menos de tres años. Las medidas recogidas en el plan de ajuste aprobado la pasada legislatura y la gestión realizada por el Gobierno local ofrecen un panorama alentador.

Como en todos los municipios del país, la caída de los ingresos por la crisis, unida a la incapacidad para reducir los gastos, colocó a Mérida en una delicada situación a comienzos de la pasada legislatura. El Consistorio no tuvo más remedio que acogerse al fondo para el pago a proveedores, uno de los mecanismos creados por el Gobierno para facilitar la financiación a las Administraciones públicas.

El Ayuntamiento de Mérida aprobó en 2012 una operación de 25,4 millones de euros, a los que se sumaron 9,7 en 2013. En total, 35,15 millones que permitieron poner al día la deuda con los proveedores, pero que supusieron una losa en forma de pago de intereses y devolución de préstamos.

Cumplir con los parámetros exigidos abre la puerta a asumir nuevos gastos

Para que no se repitiera la situación, el Gobierno exigía acompañar estos créditos con un plan de ajuste que recogiera las medidas necesarias para devolver el dinero. Se aprobó, primero a diez años y luego extendido a veinte, con acciones que implicaban una serie de recortes, incremento de ingresos vía impuestos y políticas de austeridad.

La posición financiera del Ayuntamiento de Mérida ya era delicada antes de estas operaciones, lo que explica que el Consistorio cerrara 2013 con una deuda con los bancos de más de 61 millones de euros. Un año después era de 55 millones y a finales de 2015, ya con el nuevo equipo de Gobierno del socialista Antonio Rodríguez Osuna, de 51 millones. Las medidas del plan de ajuste estaban dando el resultado esperado.

Sin embargo, la situación económica estaba lejos de solucionarse. Por un lado, la deuda con proveedores volvió a dispararse. En diciembre de 2015 el periodo de pago estaba en 140 días (el tope legal es de 30) y el montante que se adeudaba pasaba de 12 millones de euros. Contando con la deuda bancaria, el Consistorio emeritense debía más de 63 millones de euros.

Tres años después, esa cifra se ha reducido más de un 30%. Según los últimos datos de la deuda con proveedores, aún provisionales, el Ayuntamiento debía a finales de diciembre algo más de 2,2 millones de euros. En cuanto a la deuda bancaria, al cierre del tercer trimestre, últimas cifras oficiales, era de 41,2 millones de euros. Los préstamos a largo plazo se han rebajado de 46,8 a 36,5 millones, tanto por la devolución de los créditos para el pago a proveedores como por la amortización de otras operaciones. Y la deuda financiera a corto plazo ha pasado de 4,5 a 2,4 millones. A estas pólizas se recurre para afrontar las necesidades del día a día. Su reducción evidencia que la situación ha mejorado.

A esto se suma otro parámetro empleado por el Ministerio de Hacienda, el remanente de tesorería. Se calcula por el dinero disponible (en caja o en el banco) más los ingresos pendientes de cobro, a lo que se restan las obligaciones que hay que pagar. Si es negativo, demuestra que la entidad no dispone de liquidez real para pagar sus deudas. Es por tanto un índice más fiable que el superávit, que sólo refleja el resultado presupuestario de un ejercicio.

En este caso, el Ayuntamiento de Mérida ha arrastrado remanente negativo en los últimos años. Hasta 2017, cuando ha tenido un resultado positivo de 2,4 millones. Este dinero debe destinarse a pagar deudas, pero la previsión del alcalde emeritense es que 2018 también se cierre con resultado positivo.

Salir del plan de ajuste

Rodríguez Osuna recalca que la mejoría del resto de parámetros permitirá destinar ese dinero a inversiones. Cuando se conozca la liquidación de 2018, en los próximos meses, se podrá evaluar de cuánto dinero se dispondrá. Si la deuda con proveedores y lo destinado a amortizar créditos lo permiten, el resto puede dedicarse a las llamadas inversiones financieramente sostenibles, una opción que hasta ahora estaba vedada para el Consistorio emeritense por sus niveles de deuda. También se abre la puerta a mejorar la dotación de personal.

De ese modo, el alcalde emeritense recalca que en la práctica se podría abandonar el plan de ajuste aprobado en 2012 y que, tras su ampliación, expiraría en 2032. Este plan está diseñado para devolver los créditos suscritos con cargo al fondo de pago a proveedores. Así que estará en vigor hasta que se liquiden esos préstamos, de los que aún hay 28 millones pendientes. Pero cumplir con los índices de deuda a proveedores, superávit y remanente, y otros como la deuda de gasto, abriría al Gobierno local las puertas para poder gastar el dinero del que dispone.

Rodríguez Osuna señala que para lograrlo ha sido fundamental la labor del área de contrataciones, en especial en el ahorro que se ha conseguido con cuestiones como la compra centralizada de material para el parque de obras. Con estas medidas, y el control del gasto sin renunciar a inversiones, se ha podido revertir una situación que hace tres años parecía insostenible.