Mérida

«Tenía que ayudarla porque estaba rota de desesperación»

José Antonio, de espaldas, accediendo al cuartel. :: hoy/
José Antonio, de espaldas, accediendo al cuartel. :: hoy

El cabo primero de la Guardia Civil José Antonio Gemio evitó que una joven se arrojase desde el Puente Fernández Casado de Mérida

M. Ángeles Morcillo
M. ÁNGELES MORCILLOMérida

El pasado 24 de septiembre fue uno de los días más intensos de la vida del Guardia Civil José Antonio Gemio tanto en lo profesional como en lo personal. Un día en el que, por la mañana, evitó que una joven se arrojase al Guadiana desde el Puente Fernández Casado de Mérida. Y por la noche, como broche de oro, acudió de urgencia a Badajoz para que a su hijo de 5 años lo operaran de apendicitis. La descarga de adrenalina que sufrió por la mañana le ayudó a aguantar estoicamente una difícil noche. Lo mejor es que las dos cosas han tenido un buen final.

Con casi 40 años y natural de Badajoz, José Antonio está actualmente destinado como cabo primero de la Guardia Civil en la localidad pacense de Villafranca de los Barros, aunque vive en Almendralejo. Lleva 15 años en el cuerpo.

Ese lunes, José Antonio estaba citado en el juzgado en Mérida. Cuando entraba con el coche en la ciudad por el Puente Fernández Casado, dirección Madrid, casi al principio del mismo, observó que en una de las barandillas del lado contrario del que él se encontraba había una joven. Estaba con los pies recolgando, con clara intención de arrojarse.

La colaboración de la Policía Nacional fue indispensable para evitar un fatal desenlace

«Paré el coche, lo dejé estacionado y me dirigí hacia la chica, momento en el que casi me atropella otro vehículo. A esa hora, sobre las 13.15 horas, el tráfico en el puente era muy intenso. Al mismo tiempo, llamé a mi central para comunicar la situación y para pedir apoyo, ya que ese lugar es demarcación de la Policía Nacional», explica.

Dice que al irse aproximando poco a poco a ella, lo primero que le dijo la joven era que si se acercaba más se tiraba. Se quedó un poco retirado pero siguió hablando con ella, preguntándole por cosas personales. «Me dijo que tiene dos niños pequeños». Y es con ese dato con el que José Antonio alarga la conversación, intentando convencer a la joven que tiene que vivir, al menos, por sus hijos. La conversación se fue extendiendo hasta que llegaron los agentes de la Policía Nacional. «Tenía que ayudarla porque estaba rota de desesperación y dolor».

Ayuda de la Policía Nacional

«Yo solo no podía haberlo hecho. Fue indispensable la actuación de los agentes nacionales. Mientras uno de ellos y yo le seguíamos dando conversación, el otro fue el que se encargó de cogerla de la cintura, la sacó de la barandilla y con nuestra ayuda la echó a la acera. Ella de todas formas hizo un último intento de tirarse pero ya la teníamos bien cogida. Mientras que la tranquilizábamos llegó un servicio sanitario que la trasladó al hospital», relata.

Tras acercarse al juzgado, que era realmente para lo que se había ido a Mérida, se dirigió a las dependencias de la Policía Nacional para instruir las diligencias correspondientes a este tipo de actuaciones.

«Para salir airoso de situaciones como esta hay que tirar de la experiencia profesional. Y por supuesto, tener un poco de empatía y mantener la tranquilidad y no poner más nerviosa a la otra persona».

Sobre las cuatro de la tarde llegó a su casa y le contó a su mujer todo lo que había pasado. Pero en esos momentos no había tiempo de celebraciones. Su niño mayor estaba malo desde hacía días. Así que lo llevaron al pediatra, donde lo derivaron a Clideba. A las 11 de la noche ya lo estaban operando. «Terminé el día como pude», confiesa.

Dice que la madre de la joven se ha puesto en contacto con él para agradecerle lo que ha hecho por su hija. «Esa llamada me quedará para siempre. Tuvimos suerte y la providencia nos ayudó para tener este final bonito. Hay que disfrutarlo, porque días como estos hay pocos».

 

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