El Papa acepta la renuncia de un cardenal de Estados Unidos acusado de encubrir abusos

Donald Wuerl, en una imagen de archivo./REUTERS
Donald Wuerl, en una imagen de archivo. / REUTERS

Según una investigación del fiscal de Pensilvania, el arzobispo de Washington tapó a 300 curas que abusaron de más de 1.000 niños

DARÍO MENORCorresponsal. Roma

La crisis de los abusos sexuales a menores cometidos por eclesiásticos se cobra una nueva víctima en Estados Unidos. En esta ocasión se trata del cardenal Donald Wuerl, al que el Papa Francisco le aceptó este viernes su renuncia como arzobispo de Washington. La figura de este purpurado muy cercano a Jorge Mario Bergoglio estaba en entredicho desde que se publicó el pasado mes de agosto el demoledor informe sobre la pederastia eclesial en seis diócesis de Pensilvania. El documento sacó a la luz la existencia de un sistema de abusos y encubrimiento que funcionó durante décadas y con más de 1.000 víctimas de 300 sacerdotes y religiosos pederastas, buena parte de ellos ya fallecidos. Wuerl salió muy mal parado de aquella investigación por haber encubierto casos de pedofilia cuando era obispo de Pittsburgh y tenía desde entonces a parte del clero de Washington en manifiesta oposición.

Ante esta situación, el purpurado renovó el mes pasado su renuncia al Pontífice, que ya había presentado hace tres años al acercarse a los 75, la edad de jubilación para los prelados. Consciente de la insostenible situación de Wuerl y de la necesidad de poner en marcha una renovación en la archidiócesis de Washington, Francisco no ha tardado en aceptarle la renuncia, aunque pierde así a uno de sus principales aliados en Estados Unidos. Tendrá que elegir con cuidado a su sucesor, porque tiene a una parte del episcopado estadounidense en manifiesta oposición. Quedó demostrado con los apoyos recibidos por el antiguo nuncio apostólico (embajador) en Washington, Carlo Maria Viganò, cuando publicó el pasado agosto su demoledora carta en la que exigía la dimisión del Papa al acusarle de proteger al arzobispo abusador y pederasta Theodore McCarrick. Fue precisamente Bergoglio quien expulsó en julio a McCarrick del Colegio Cardenalicio, una medida sin precedentes en casi un siglo, cuando se confirmó que no sólo acosaba y violaba a jóvenes sacerdotes y seminaristas mayores de edad, sino que también había abusado de un menor.

Al explicar su renuncia, Wuerl pidió perdón por sus errores del pasado y deseó que sirva para que la archidiócesis de Washington pueda «avanzar» y centrarse en «la sanación y el futuro». El Papa, por su parte, tuvo palabras de agradecimiento para el cardenal, que pasa a ser administrador apostólico de este territorio eclesiástico hasta el nombramiento de su sucesor. Francisco agradeció la «nobleza» de Wuerl por echarse a un lado y permitir así una renovación en la Iglesia local. «Usted tiene elementos suficientes para justificar sus acciones y distinguir entre lo que significa encubrir crímenes o no ocuparse de problemas y cometer algunos errores», le dice el Pontífice a Wuerl a modo de defensa.

Alberto Melloni, profesor de Historia del cristianismo en la Universidad de Módena y Reggio Emilia, describió con estas duras palabras la forma de actuar durante décadas del episcopado estadounidense: «Los obispos eligieron que sus hijos eran sólo los sacerdotes violadores, mientras que trataban como carne a los niños violados».

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