El nuevo escenario italiano

Las elecciones no han dado estabilidad a una de las potencias del euro y la sombra de la ingobernabilidad vuelve a cernirse sobre el país

La sombra de la ingobernabilidad vuelve a amenazar Italia tras unas elecciones de las que salió un Parlamento dividido en mil pedazos y en el que constituir una mayoría estable será un ejercicio poco menos que heroico. La victoria del populista Movimiento 5 Estrellas de Pier Luigi di Maio es la otra cara de la moneda de una pujante Liga Norte que, con un discurso antieuropeo de preocupante radicalidad nacionalista, ha desbancado a la Forza Italia –el viejo invento de Silvio Berlusconi– como principal referencia del centro-derecha. Tanto la marca creada por el cómico Beppe Grillo como la Liga Norte de Matteo Salvini, dos fuerzas políticas cuando menos singulares, aspiran a encabezar un Ejecutivo de coalición cuya formación pondrá a prueba las dotes de estadista del presidente de la República, Sergio Mattarella, para conseguir lo que casi parece un imposible: aportar estabilidad a una potencia del euro que ha carecido de ella en las últimas décadas, pero que la pide a gritos para encarar las reformas que el país requiere. El espectacular revés en las urnas del principal candidato de la izquierda convencional, el ex primer ministro socialista Matteo Renzi, le empujó a una inmediata dimisión. El Partido Democrático, cuya candidatura encabezaba, será a lo sumo un peón más del Gobierno de concentración (o casi) que se cree para evitar una repetición de las elecciones que Italia no puede permitirse y que los votantes no desean. La Constitución provee el tiempo preciso para que el presidente de la República abra las clásicas consultas y, además, puede ser estirado hasta donde el interés nacional lo aconseje. La ciudadanía, habituada a estas zozobras superadas tantas veces en los últimos años, espera con atención sus movimientos. Lo más notable de estos comicios es que son los primeros que se han celebrado al calor de una nueva Italia. De una potencia del euro que ha dejado atrás el esquema derecha-izquierda que ha dominado su paisaje político-institucional (y el de gran parte de la Europa comunitaria) y en la que los observadores tienen ahora dificultades para distinguir entre progresistas clásicos, innovadores coloristas e inquietantes ultras de viejo cuño, tras ver la inimaginable consolidación del Movimiento 5 Estrellas. Un partido más en un tiempo nuevo que incluso en lo puramente decorativo se afirma hoy en una Italia que, en el peor de los casos, volverá a las urnas cuando la ley y el humor social lo aconsejen.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos