Guaidó, urgente

El desmoronamiento de Maduro puede dar lugar al vacío antes de que el presidente de la Asamblea se haga cargo de la situación

La negativa de Nicolás Maduro a modificar un ápice su posición sobre el futuro inmediato de Venezuela y la democratización de sus instituciones no deja a los países libres otra salida que la del reconocimiento de Juan Guaidó como responsable de ordenar unas próximas elecciones con garantías, en su calidad de presidente de la Asamblea Nacional. El gobierno de Pedro Sánchez y otros de la Unión Europea –empezando por Francia, Alemania y Reino Unido– procederán a partir de hoy a reconocer a Guaidó y su institucionalidad. Una medida que no está exenta de incógnitas en cuanto a su operatividad real y plena, puesto que mientras Maduro siga ocupando el palacio de Miraflores y los responsables gubernamentales del chavismo continúen detentando resortes de poder, el paulatino reconocimiento internacional de Guaidó tardará en cuajar en el interior de Venezuela. Aunque por de pronto el régimen chavista no podrá seguir personado ante los gobiernos que, reconociendo a Guaidó, retiren credenciales diplomáticas a los representantes anteriores, a no ser que estos pasen a formar parte de la nueva administración venezolana. Pero el desenlace más inquietante de esta imposible cohabitación entre dos poderes que reivindican su respectiva legitimidad en Venezuela no está tanto en su ineludible colisión como en la forma en que acabe desmoronándose el régimen chavista. Puesto que si ya los liderazgos y los espacios de influencia reflejaban la existencia de un poder cuarteado entre intereses y lealtades muy diversas, es lógico pensar que cada día que pasa será más difícil contar con un chavismo jerarquizado que eventualmente pudiera estar en condiciones de admitir unánimemente el final de su dominio. La irresponsabilidad de años de la que han dado muestra los cargos al mando de Maduro permite más bien pronosticar una situación de vacío en la administración de los asuntos públicos, que algunos grupos de poder podrían tratar de aprovechar para el vaciamiento de un país ya esquilmado. Es por ello determinante la postura que en los próximos días adopten las Fuerzas Armadas; no ya de cara a la retirada de Maduro, sino para impedir que una crisis tan al límite conduzca a mayor violencia. Frente a la advertencia del todavía inquilino de Miraflores de que «el pueblo se está armando», resulta urgente atajar tal eventualidad y promover el desarme voluntario de la sociedad civil. Cuestión que el Grupo de Contacto europeo no debería desatender.