Por una Europa fiel a la dignidad humana

Esta plataforma surge de la necesidad de empezar un debate en el que han estado ausentes demasiado tiempo instituciones y personas que defendemos los valores humanistas y cristianos

JAIME MAYOR OREJAPresidente de la Federación One Of Us

Este sábado 23 de febrero, la Federación 'One of Us', 'Uno de Nosotros', que agrupa a más de 45 organizaciones que defienden la vida en Europa, va a celebrar un acto en el Senado en París, con el objeto de lanzar una Plataforma Cultural que asocia pensadores e intelectuales europeos. El manifiesto de la iniciativa ha sido redactado por un excepcional profesor y filósofo francés, Remí Brague, profesor emérito de la Sorbona y de la Universidad de Múnich, bajo el título 'Por una Europa fiel a la dignidad humana'. Constituye una iniciativa inédita por dos razones: en primer lugar, porque nace de una realidad viva, de una Federación 'One of Us' y porque pretende agrupar inicialmente a más de doscientos pensadores en una plataforma con vocación de permanencia, convencidos de la necesidad del valor de la perseverancia.

En la crisis que estamos padeciendo en Europa y en las sociedades occidentales, estamos dando palos de cielo porque somos incapaces de ir a la raíz de la misma. La crisis no es estrictamente política, ni económica, ni financiera. Es de carácter cultural, de civilización, es la crisis de la verdad, de la conciencia, del alma, de actitudes personales ante la vida. Es la crisis de la persona, es de carácter moral, y ello es la causa de que su expansión no depende del tipo de gobierno que tenemos en cada país. Está tan presente en Gran Bretaña, con los conservadores británicos en el poder, como en Francia, con Macron y su «nuevo orden mundial», como en Italia, con el populismo de la izquierda y la derecha en el gobierno, y como en España, con un Frente Popular populista nacionalista de izquierda.

Esta plataforma que lanzamos es de naturaleza cultural, es europea, no es de carácter político, ni por ello debe ser valorada y enjuiciada como tal. Surge desde la necesidad de empezar en buena medida desde cero un debate, una batalla cultural, en la que, por desgracia, han estado ausentes, por demasiado tiempo, instituciones y personas que defendemos los valores humanistas y cristianos como elementos decisivos de nuestra civilización. De esta manera, una moda dominante, con una obsesión enfermiza de reemplazar y sustituir nuestros valores, preside nuestro ámbito público.

Lo que sucede es que fruto de esa moda, hoy el desorden que vivimos es total y obvio, porque se debe a una perdida exagerada de referentes permanentes, que es propio y característico de un «nuevo orden mundial», que, como acabo de decir, es una moda dominante. Ahí radica la causa más profunda de nuestra crisis.

Quienes impulsamos esta iniciativa no queremos imponer nuestros valores y convicciones, queremos existir como corriente de opinión compartida por millones de europeos. Estas convicciones están presentes, son una realidad en muchos europeos, en muchas familias europeas, pero da la impresión de que no existen en el ámbito público, y de ahí que exista un cierto sentimiento de orfandad de muchos. Este sentimiento de orfandad es malo y perverso no solo para quienes compartimos estas convicciones, sino para el conjunto de la Unión Europea. Y en consecuencia, la falta de cohesión, la falta de un proyecto político compartido en valores, es la razón de una incapacidad política del conjunto de la Unión para afrontar los problemas de hoy.

Los partidos políticos –con todo el respeto que nos deben siempre merecer–, que fueron los instrumentos exclusivos para defender estos valores, propugnados por los padres fundadores de Europa, tienen la lógica obsesión de ganar elección tras elección, y por ello de seguir la estela de las encuestas de opinión. En definitiva, cuanto menos no son instrumentos suficientes para la defensa de estos principios y convicciones.

Hay que incorporar a esta tarea moral, urgente, a un conjunto de pensadores, de intelectuales, que tienen que ser capaces de mantener vivo este espíritu, esta comunidad de valores, tratando de evitar que el desorden sea la antesala de la violencia. Reitero que tenemos que tener la capacidad de saber empezar desde cero, tenemos que ser capaces de alumbrar nuevos instrumentos, plataformas, para una renovación y regeneración de Europa. No lo podemos hacer desde la nostalgia a un pasado, porque tenemos «la suerte de haber nacido en un mundo como el de hoy», tal y como nos lo recuerda con el título de uno de sus libros Fabrice Hadjadj. Pero si nos tenemos que alejar de nostalgias del pasado, también tenemos que sabernos alejar de la resignación, de la desesperanza, de la cobardía, de la aceptación de que todo lo que se considera expresión de unos nuevos tiempos, sea necesariamente algo positivo y plausible.

Tenemos por el contrario la obligación de discernir lo que son tiempos nuevos, que sin duda confirman que abrimos una nueva etapa en nuestra historia, de lo que constituyen expresiones de crisis, decadencia y degeneración, desde una distorsión de la auténtica naturaleza humana y por ello, un desprecio a su dignidad.

Si la crisis está en la persona, la solución también está en la persona y se precisan millones de cambios de actitudes personales. El cambio empieza por uno mismo y cada uno de nosotros tiene que preguntarse el cómo y el qué de nuestro cambio de actitud personal. El acto de París del 23 de febrero debe ser un punto de arranque. Ojalá marque un antes y un después en este debate cultural.