EUROPA NO APRENDE

Pasan los años, los acontecimientos, las malas noticias, la violencia, pero Europa sigue incapaz de tomar una posición conjunta a nivel internacional

MERCÈ RIVAS TORRES

El asesinato del periodista Kashogui en la embajada de su país en Turquía, mientras su novia lo esperaba impacientemente en la puerta a que volviese con los papeles que les iban a permitir casarse, es algo muy alarmante, grave e incluso difícil de creer. Pero a este periodista crítico con el régimen de Arabia Saudí que tanto escribió sobre la dureza del régimen autoritario de su país, no se le debió pasar por la cabeza que recoger unos papeles de matrimonio significaba que lo iban a descuartizar. Pero el régimen saudí se cree, y de hecho lo es, poderoso.

Ante un hecho tan escandaloso, la reacción de los países del mundo ha sido fría y descoordinada. De nuevo Angela Merkel, la dura mujer de la derecha europea ha sido la única que se puso frente a un micrófono delante de la prensa para decir que ya no iba a vender más armas a Arabia Saudí. Ya veremos, quizás con el tiempo cambie de opinión, pero de momento es la única que ha protestado públicamente.

A todos los ciudadanos europeos que se consideran demócratas y defensores de los derechos humanos, sean de donde sean, se nos cae la cara de vergüenza no haber visto a un representante de la comisión europea tomando una posición contundente ante el poderoso del dinero y el petróleo.

De la misma forma que tampoco lo hemos visto con otro caso reciente todavía peor: la guerra de Yemen. En la embajada fue asesinado un personaje conocido, en Yemen mueren a diario cientos de personas anónimas masacradas por el poderoso país con armas de todas las partes del mundo. Yemen no existe para el mundo, apenas pueden entrar periodistas y ni siquiera las ONG que elaboran un trabajo humanitario pueden moverse con facilidad y obtener buena información.

Víctimas que no son ricas ni poderosas por eso tienen que vivir en un país pobre, olvidado, sin derechos humanos y sin el suficiente dinero como Kashogui como para huir y pedir asilo en otro país. Los yemeníes están condenados a la hambruna, a la guerra y al desastre pero como el que lleva la voz cantante es un país poderoso, nadie abre la boca.

«Las agencias de las Naciones Unidas y las ONG no pueden implementar las encuestas de nutrición a gran escala que proporcionarían la información necesaria, porque muchas áreas del país son inaccesibles debido a los ataques aéreos y los combates, pero también por razones administrativas y políticas, ya que el acceso a estas regiones depende de la buena voluntad de las autoridades locales», denuncia la organización Médicos sin Fronteras. Dicha organización señala por lo tanto que no hay datos de calidad disponibles para declarar que la hambruna es inminente, al igual que tampoco se conoce el número real de víctimas mortales, que desde agosto de 2016 se ha mantenido sin cambios en 10.000, un número que se repite sin cesar. Así de sencillo y así de triste.

Y mientras tanto, los europeos o por lo menos nuestros representantes, callan. No es la primera vez que ocurre y ya deberíamos estar acostumbrados, pero afortunadamente no es así. Y si no recordemos como hace dos y tres años vimos desfilar por Europa a más de un millón de sirios que huían de una guerra protagonizada por el tirano Bassar el Assad, Putin y Erdogan.

Europa como tal se quedó dividida y paralizada. No sabían qué hacer con las personas que huían de una guerra. Unos países como Hungría levantaban alambradas, otros optaban por encarcelarlos o por dejarlos bloqueados en medio del campo en pleno invierno y aún a día de hoy siguen habiendo refugiados a la intemperie en Grecia, con un frío húmedo insoportable.

En el campo de Moria de Lesbos viven como animales y los suicidios aumentan día a día. Y a pesar de esta situación Alemania, Francia junto a Turquía ya han comenzado a tener reuniones para que los refugiados retornen. Quizás es que no conocen las normas de Naciones Unidas que dice que no se puede devolver a los países que huyeron a los que están reconocidos como 'refugiados' porque su vida corre peligro.

Hace ya unos años, allá por 1991 los europeos vimos cómo se mataban entre sí los antiguos miembros de la antigua Yugoslavia, en pleno corazón de Europa. Presenciamos masacres, limpieza étnica, violaciones a mujeres que fueron utilizadas como arma de guerra y Europa tampoco supo estar unida. Fue una guerra retransmitida por televisiones y corresponsales pero aun así Europa no reaccionó en bloque. ¿Qué tiene que pasar para dejar de lado los intereses de cada país para pensar en el bien común?

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