El equilibrio imposible de Theresa May

Las opciones de la primera ministra británicaestán limitadas por la Unión Europea, la ausenciade apoyo dentro de su partido, la falta de mayoríaen Westminster y su propia personalidad

DAVID F. MATHIESONPeriodista y exasesor del gobierno británico

En el clímax de la película 'Un trabajo en Italia', de culto en Reino Unido, un grupo de ladrones británicos se hace con cuatro millones de dólares en oro tras el robo en un banco. En su huida para alejarse de Turín, a través de una peligrosa carretera alpina, el peso de los lingotes, el desplazamiento de la carga, provoca que el conductor del autobús se encuentre en algún que otro apuro. Hasta el punto de que el vehículo se queda de forma muy precaria en el borde de un precipicio. Cualquier intento por parte de la cuadrilla de recuperar el oro del extremo del autobús al que se ha desplazado desequilibrará el peso y les llevará al desastre. Charlie Crocker (Michael Caine), el protagonista principal de la historia, dice a sus colegas, cuando la catástrofe es ya inminente, «no os preocupéis, yo tengo un plan». Es la acción final de la película, por lo que nunca llegaremos a conocer cuál era ese plan, si es que existía;ni tampoco, en caso de existir, si habría tenido o no éxito.

En estos momentos, la primera ministra Theresa May es la Charlie Crocker de la política británica. El viaje de salida del Reino Unido de la Unión Europea ha fracasado estrepitosamente con un choque humillante contra las fuerzas combinadas de diputados de todos los grupos en la Cámara de los Comunes. Ahora la primera ministra se encuentra en una posición muy precaria y cualquier movimiento que haga para rescatar a su país del 'brexit' podría llevarla a ella y a su partido al olvido. May insiste en que tiene un plan, pero ni siquiera sus colaboradores más cercanos saben en qué consiste. Sus opciones están limitadas por la Unión Europea, la falta de apoyo dentro de su propio partido, la falta de mayoría en Westminster y, como si todo esto fuera poco, su propia personalidad.

La próxima semana, la primera ministra británica debe volver a la Cámara de los Comunes con un plan B para conseguir que el 'brexit' salga adelante en los acuerdos negociados. May le está suplicando a Michel Barnier, y al equipo negociador de la Unión Europea, que concedan más ventajas al Reino Unido para que tenga algo que ofrecer, para poder salir adelante porque, sin cambios significativos, la mayoría en contra de May en Westminster la semana que viene será igual de aplastante que la de este martes. Pero la primera ministra no tendrá éxito. Lo han dejado muy claro los portavoces en Bruselas: la Unión Europea no tiene ninguna intención de hacer cambios al equilibrio del acuerdo actual, cerrado después de más de dos años de negociaciones muy duras.

Como es de esperar, el líder del partido laborista y el principal partido de la oposición, Jeremy Corbyn, quiere derrocar a Theresa May. Corbyn ha presentado una moción de censura en la Cámara de Comunes y quiere convocar elecciones generales cuanto antes para desbloquear el parlamento. Es poco probable que se salga con la suya en ninguna de estas exigencias. Es más que evidente que a los tories no les gusta el acuerdo de May sobre el 'brexit', pero tampoco lo es menos que no quieren que se vaya por una sencilla razón: no pueden ponerse de acuerdo sobre su sucesor. Así que no quieren alterar el equilibrio y convocar elecciones generales porque muchos diputados tory temen perder sus escaños.

Otro problema añadido en volver a las urnas es que el reloj corre. Se prevé que el Reino Unido abandone la Unión Europea a finales de marzo. De acuerdo con la ley electoral, hay que dejar 25 días hábiles para que los candidatos hagan campaña. En otras palabras, en las semanas previas a que el Reino Unido abandone la Unión Europea, y justo en el momento en que el país más necesita un gobierno firme y un plan coherente para el 'brexit', los líderes políticos de los partidos se verían inmersos en una campaña electoral.

Es posible que el gobierno británico pueda ganar más tiempo si está dispuesto a revocar el famoso artículo 50 que ha puesto en marcha el 'brexit'. Pero los otros países de la Unión Europea tienen muy claro que solo aceptarán un retraso si Londres tiene otro plan para poner sobre la mesa. Para satisfacer a Europa, cualquier nueva propuesta tendría que acercar aún más al Reino Unido a la Unión Europea en una relación como la de Noruega o Suiza. Pero tal acercamiento y cambio del equilibrio del acuerdo actual sería inaceptable para muchos en el partido conservador y Theresa May perdería aún más apoyos, tanto dentro su grupo parlamentario como de algunos ministros de su administración.

 

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