Tailandia vota con tantas ganas como dudas

Preparativos para las elecciones en Tailandia. /Efe
Preparativos para las elecciones en Tailandia. / Efe

Las primeras elecciones en ocho años pretenden devolver la democracia a un país en el que los golpistas buscan el refrendo de las urnas

ZIGOR ALDAMAShanghái

Las urnas han estado dando esquinazo a Tailandia durante el último lustro. Desde el más reciente golpe de Estado de los militares el 22 de mayo de 2014. Afirmaron entonces que se hacían con el poder de forma temporal y para poner fin al caos político que ha caracterizado al reino en las décadas pasadas y que llegó a dejar casi un centenar de muertos en los choques que protagonizaron 'camisas amarillas' y 'camisas rojas' en la capital, Bangkok. Pero en cinco ocasiones anunciaron elecciones democráticas que no cuajaron.

Este domingo, finalmente, los tailandeses votarán a sus diputados con la esperanza de que la democracia vuelva al país. Los golpistas, sin embargo, han cambiado uniformes por chaquetas americanas y su líder, el general Prayut Chan-ocha, confía en salir elegido para seguir en el poder.

«Han pasado ocho años desde que se convocaron elecciones y hay muchas ganas de votar para tratar de recuperar la normalidad democrática. Pero también tememos que las elecciones terminen siendo una farsa, porque algunos partidos no son más que una fachada para los militares, y que los resultados puedan provocar inestabilidad e incluso violencia», explica a este periódico la activista social Aye Naraporn, una mujer residente en la ciudad norteña de Chiang Rai. Este es territorio de los Shinawatra, el clan político que ha dado dos primeros ministros -Thaksin y su hermana Yingluck- que ahora ejercen su influencia desde el exilio a través del partido Pheu Thai, líder en las encuestas.

Otra formación política afín a los Shinawatra, el Thai Raksa Chart, fue disuelta tras protagonizar la anécdota más sonada de la campaña electoral: presentó como candidata a la princesa Ubolratana Mahidol y el propio rey, Maha Vajiralongkorn, tuvo que prohibir su designación. La Casa Real esgrimió que, aunque Ubolratana perdió sus privilegios reales tras contraer matrimonio con un extranjero en 1972, los miembros de la familia real no pueden inmiscuirse en política. Ese veto desembocó en la inhabilitación de todos los aspirantes del partido, prueba de que las elecciones no estarán exentas de baches.

Aunque los comicios son este domingo, muchos tailandeses ya han votado. Podían hacerlo desde el pasado día 17 quienes, por diferentes razones, se habían registrado para acudir a las urnas anticipadamente. Y la participación ha sido imponente: casi del 80%. Se espera que entre el resto de los 50 millones de personas llamadas a las urnas el porcentaje de quienes deciden depositar su papeleta sea similar. Elegirán a los 500 diputados de la Cámara Baja, pero el primer ministro será designado con los votos de los 250 senadores de la Cámara Alta que, según la Constitución promulgada en 2017 por la Junta Militar, están elegidos por el rey a recomendación de los militares.

Así, es evidente que Prayut juega con ventaja. Con los senadores de su parte, solo necesita el voto de 126 diputados para seguir de primer ministro, algo que la mayoría da por hecho. No obstante, las elecciones servirán para tomarle la temperatura al sentir político de los tailandeses, y, aunque una sorpresa es poco probable, tampoco es descartable: los Shinawatra podrían volver a salir victoriosos si arrasan en las urnas -han ganado todas los comicios desde 2001-, logran al menos 376 escaños, y no se hacen trampas en un recuento cuyo resultado oficial no se conocerá hasta el 9 de mayo. Además, el artículo 44 de la Constitución otorga a la Junta poder absoluto para hacer y deshacer. Eso incluye declarar nula la cita con las urnas, una medida extrema que muy pocos consideran posible.

Atraer a los jóvenes

Los comicios han servido también para involucrar a los jóvenes, que suman siete millones de nuevos votantes. Y nadie ha tenido más éxito que el nuevo Future Forward Party (Partido Nuevo Futuro). Porque esta formación que nació hace un año para canalizar la indignación por el sistema ha sabido ganarse su favor. Liderado por el joven empresario multimillonario Thanathorn Juangroongruangkit, el partido se opone a la Junta y apuesta por una renovación que comience con la redacción de una Constitución que tenga el apoyo de la ciudadanía, la adopción de mecanismos de transparencia que pongan coto a la corrupción, el fin de los monopolios empresariales, y medidas sociales como el servicio militar optativo.

En el extremo opuesto, Prayut agita la bandera de la estabilidad para ganarse el voto de las clases más acomodadas y la población de más edad. También ha prometido mejorar la economía, que no ha vivido su mejor momento desde que él mismo lideró el golpe de 2014. Es más, Tailandia se ha convertido en el país con la mayor desigualdad del mundo, algo que no va a ser fácil limar.

La última incógnita de estos comicios es la que presenta el nuevo rey, cuya ceremonia de coronación será entre el 4 y el 6 de mayo, en vísperas de la publicación de los resultados oficiales. Es evidente que el monarca parece favorable a que Prayut continúe al frente del país, pero también salta a la vista que no goza del amor incondicional que los tailandeses profesaban por su padre. De hecho, la alianza tácita entre Prayut y el monarca es suficiente razón para votar a cualquier otro partido.