El Papa estaría dispuesto a mediar en Venezuela si se lo pide Guaidó

Juan Guaidó saluda a varios simpatizantes./EFE
Juan Guaidó saluda a varios simpatizantes. / EFE

Francisco responde a la carta de Maduro para que el Vaticano ejerza de intermediario con la oposición y lamenta que en las anteriores negociaciones «solo salió un ratoncito»

DARÍO MENORCorresponsal. Roma

El presidente venezolano, Nicolás Maduro, cree que el Papa Francisco puede ser una de sus últimas esperanzas para intentar mantenerse en el poder. Asfixiado por el masivo reconocimiento internacional a su rival, el opositor Juan Guaidó, el líder bolivariano trató de ganar tiempo enviando una carta a Roma en la que pide al Vaticano que vuelva a ejercer como mediador en un proceso de diálogo. «Yo estoy al servicio de la causa de Cristo», le aseguró al Pontífice Maduro, cuyo ruego al Papa contrasta con el enfrentamiento abierto que mantiene con los obispos venezolanos. Al sucesor de Hugo Chávez le respondió este martes Jorge Mario Bergoglio durante el vuelo de vuelta a Roma tras su viaje a Emiratos Árabes Unidos. Reconoció con honestidad que aún no ha leído su misiva y dejó claro que para que pueda ser posible una mediación, es necesario que la oposición esté también de acuerdo en abrir una mesa de diálogo.

«Las condiciones iniciales son claras: que las partes lo pidan. Estamos siempre dispuestos. Es como cuando la gente va al cura porque tiene un problema entre el marido y la mujer y sólo va uno. '¿Y la otra parte viene o no? ¿Quiere o no quiere?'», dijo el líder católico durante la rueda de prensa con los periodistas que le acompañaron en el avión papal. «Hacen falta las dos partes. Esta es una condición en la que los países deben pensar antes de pedir una facilitación o la presencia de un observador o una mediación. Siempre las dos partes». La pelota queda para el Papa ahora en el tejado de Guaidó, que deberá decidir si se fía del Gobierno de Maduro para entablar una negociación.

LAS CLAVES

«Nuestra voz es su voz».
Las posturas de Roma y de los obispos venezolanos sobre Maduro forman un discurso complementario.

Las iniciativas de este tipo emprendidas en el pasado, en las que participó la Santa Sede y tuvo un papel protagónico el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero, no portaron los frutos esperados debido al enrocamiento del régimen chavista. «Salió solo un ratoncito, nada, humo», reconoció el Papa, que no descartó ninguna posibilidad a partir de ahora. Parece en cualquier caso complicado que el Vaticano vaya a prestarse de nuevo a este juego si no hay garantías de que Maduro realmente está dispuesto a propiciar una transición política. «Veremos qué se puede hacer», insistió el Pontífice, asegurando que «la diplomacia» está dando «pequeños pasos» y pasándole luego la pelota a la Secretaría de Estado, «que podrá explicar bien los pasos que se pueden dar».

Es precisamente el Secretario de Estado, el cardenal Pietro Parolin, el hombre clave en el papel que el Vaticano pueda jugar en Venezuela, país que conoce bien pues fue nuncio apostólico (embajador) en Caracas antes de que Bergoglio lo reclamara a Roma para convertirlo en su 'mano derecha'. No es el único experto en la situación del país caribeño de la Curia romana, ya que el Sustituto de la Secretaría de Estado es el venezolano Edgar Peña Parra. Con éste último y con Parolin mantienen un diálogo continuo los obispos locales, como explicó en este diario el cardenal Baltazar Porras, arzobispo de Mérida y administrador apostólico de Caracas.

Hombre de la máxima confianza de Bergoglio, Porras aclaró que las posturas de la Santa Sede y del episcopado venezolano sobre Maduro, aunque puedan parecer disonantes, responden a un discurso complementario. Roma usa la diplomacia para pedir «una solución justa y pacífica», mientras los obispos se sirven de un tono mucho más duro al denunciar que el régimen «no da más de sí» y que «su único Dios es el poder». Por si a alguien le pueda parecer que la Iglesia local no sigue la línea marcada por Francisco, Porras remarcó que en la visita 'ad limina' a Roma del pasado septiembre, «el Papa nos insistió en que estaba con nosotros y de acuerdo con lo que hacíamos. Nuestra voz es su voz».

 

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