Una examante amarga la campaña de Evo Morales para perpetuarse en el poder

Gabriela Zapata./
Gabriela Zapata.

Los bolivianos se pronunciarán este domingo sobre la reforma de la Constitución que permitiría al presidente perpetuarse hasta 2025

MIGUEL SALVATIERRAMadrid

Desde que llegó al poder en enero de 2006, el presidente boliviano Evo Morales se ha impuesto por más del 50% de los votos en todas las contiendas electorales a las que se ha presentado. Una década en la que ha vencido en tres elecciones presidenciales y un referéndum en el que estaba en juego su continuidad en el cargo.

Este domingo, los bolivianos deben pronunciarse sobre la reforma de la Constitución, que permitiría a Evo volver a presentarse en 2020 y, en caso de victoria, mantenerse en el poder hasta el 2025. Con una oposición pulverizada, todo parecía apuntar a un nuevo triunfo. Quizá así sea, pero una bomba mediática en forma de culebrón estalló a menos de un mes de la cita con las urnas y en el luminoso horizonte han aparecido algunos nubarrones.

Un presentador y director de un programa de televisión, Carlos Valverde, mostró ante las cámaras un certificado de nacimiento de un hijo del presidente boliviano con Gabriela Zapata en 2007. La noticia toma forma de culebrón cuando se conocer que la madre del niño es gerente comercial de la empresa china CAMC Ingineerig, la principal socia exterior del Estado, con contratos en torno a los 500 millones de dólares. Carlos Valverde echó más leña al fuego al revelar que Zapata obtuvo su título de bachiller apenas hace un mes, a pesar de que en algunas carta firmó como licenciada en Derecho.

Nada más saltar el escándalo, el propio Evo Morales convocó una rueda de prensa en la que reconoció haber conocido a esta señora en 2005 y que dos años después tuvieron un niño que, según él murió. El mandatario negó que hubiera habido tráfico de influencias a favor de CAMC y aseguró que rompió con Zapata poco después de la muerte de su hijo. La causa, según dijo, fue que por cariño a Bolivia no hice familia.

Las redes sociales se encargaron de desmentir al presidente algunas de sus aseveraciones al publicar varias fotos de Morales en actitud cariñosa con Zapata, fechadas después de 2007 y de 2013 que probarían que su relación se mantuvo después de la muerte de su hijo y de la contratación de la madre como gerente de la CAMC.

La cuestión es que, a raíz del estallido del escándalo, el último sondeo ante el referéndum de la reforma de la Constitución ofrece un empate del sí y del no con una horquilla de indecisos del 10% al 15%. Pese a este empate, todas las encuestas reflejan que la figura del presidente cuenta con una aprobación cercana al 70%.

A diferencia de Venezuela, el innegable nacionalismo revolucionario e indigenista de Evo Morales se ha visto positivamente atemperado por un pragmatismo que le ha llevado a evitar los estallidos de violencia y a impulsar el desarrollo del país. La pobreza ha retrocedido de forma sustancial y los indígenas han dejado de ser ciudadanos de segunda categoría en un país en el que son mayoría. Al presidente se le echa en cara su estilo populista que ha arrasado con la oposición, incorporando a muchos de sus miembros a sus filas, y su apuesta por el crecimiento basado en la extracción del gas y las obras de infraestructuras. Un modelo chavista reformado del que se ha resentido el Estado de derecho.

Un panorama de luces y sombras en el que predominan las primeras. Puede ser suficiente para que este domingo los bolivianos le extiendan un arriesgado cheque en blanco para que Evo Morales permanezca en el poder casi otra década más.