El kirchnerismo lucha por sobrevivir fuera de la presidencia

Cristina Fernandez de Kirchner./
Cristina Fernandez de Kirchner.

Cristina Fernández y sus fieles se resisten a que un nuevo mandatario se desmarque de su línea política

MIGUEL SALVATIERRAMadrid

Además de perfilarse como unas de las elecciones más disputadas de la historia Argentina, el voto de este domingo tiene también el valor de poner fin, al menos de forma nominal, a doce años de poder kirchnerista. El omnipresente y camaleónico peronismo es una vez más el favorito para llevar a uno de sus representantes a la presidencia.

Esta vez el candidato oficial es Daniel Scioli, gobernador provincia de Buenos Aires, las más extensa y poblada del país, que como buen peronista ha jugado y juega con éxito a todas las bandas. Estuvo con Menem, con Duhalde y con los Kirchner. Ahora los kirchneristas no se fían demasiado de él. Sus coqueteos con el embajador de EE UU y con las políticas económicas liberales empiezan a mostrar una línea política que se desmarca del modelo presidencial. Esta tendencia a marcar su propio territorio ya le provocó un distanciamiento con Cristina Fernández, sobre todo tras la muerte de Néstor Kirchner.

El fracaso en su intento de reformar la norma constitucional que instaura el límite de dos mandatos presidenciales consecutivos desbarató los planes de Cristina Fernández y dejó sin hoja de ruta a los kirchneristas. Desconcertada y ante la evidencia de unas encuestas en las que Scioli mandaba con claridad, la presidenta pactó a regañadientes. Respaldó al gobernador de Buenos Aires, pero impuso como candidato a la vicepresidencia a Carlos Zannini, un fiel entre los fieles, exmaoísta y que durante estos doce años ha sido secretario legal y técnico de la Casa Rosada.

Las elecciones de este domingo serán también legislativas y la presidenta se ha movilizado para impulsar las candidaturas de políticos de plena confianza con su hijo Máximo a la cabeza. También están en primera línea de este grupo de choque el ministro de Economía, Áxel Kicillof y el de Planificación, Julio de Vido. Alicia Kirchner, la cuñadísima y ministra en todos los Gobiernos Kirchner aspira la gobernaduría de la provincia de Santa Cruz. Además, La Cámpora, la agrupación juvenil cristinista fundada por Máximo, podría colocar a unos 20 diputados propios en el Parlamento nacional, según prevén los sondeos

En estas elecciones, el peronismo estará presente también a través de la disidencia de Sergio Massa al frente la coalición Unidos por una Nueva Alternativa. Fue miembro clave de los primeros equipos ministeriales kirchneristas y exjefe de Gabinete de Cristina Fernández, pero hace tiempo que hace la guerra al Gobierno. Aunque se le daba por muerto y enterrado, Massa sigue en liza y aspira a dar los sorpresa. Los sondeos le sitúan tercero en intención de voto, con cerca del 20-23 % de apoyos, por detrás del otro líder opositor, el conservador Mauricio Macri (Cambiemos), que roza el 30 %.

Macri, actual jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, es el candidato 'rupturista', aunque consciente de sus limitaciones frente a un electorado inclinado mayoritariamente hacia el centro-izquierda, ha ido adoptando posturas templadas, alejándose de sus planteamientos más derechistas. Su objetivo es evitar que Scioli gane en la primera vuelta. Para ello, el candidato peronista necesita superar el 40% de los votos y contar con una diferencia de diez puntos sobre su inmediato seguidor, o directamente, el 45% de los votos.

Incluso si, como prevén las encuestas, gana Scioli, el llamado modelo nacional y popular kirchnerista estará amenazado. No existe ninguna duda de que Cristina Fernández presentará batalla y que su presencia se sentirá en la política argentina, esté o no en la cúpula del poder. Habrá que ver si es una guerra abierta o si las hostilidades podrán dejar margen a una fría coexistencia. Después, en 2019, quién sabe, pero en la mente de todos sus partidarios está claro el retorno a la presidencia de su conductora y la reanudación del cristinismo.