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tribuna

¿Qué es Europa?

LA reunión de los jefes de Estado y de gobierno europeos para celebrar el 60º aniversario de la firma del Tratado de Roma, ha sido una gran ocasión para esbozar la Europa que queremos y señalar el punto de partida de una nueva etapa en la andadura común.

Dada la importancia de un paso de esta naturaleza en el actual contexto internacional, como cuestión previa, tal vez no sería baladí hacer un pequeño recordatorio de lo que realmente es Europa, pues no son pocas las ocasiones en las que, el lenguaje está confundiendo su naturaleza (1). Esta circunstancia podría incidir en las expectativas que suscita y, cuando estas se frustran, convertirse en un factor estimulador del euroescepticismo.

Es bastante común expresarse sobre la Unión Europea como si fuese un Estado soberano que tiene la plenitud de poderes generales, cuando realmente no es así. La UE no dispone de territorio, uno de los tres elementos esenciales que requiere un Estado para su creación y permanencia, junto con la población y una organización política soberana. La UE como toda organización intergubernamental, no es un sujeto de base territorial sino que tiene una base meramente funcional e, igualmente, como todas ellas, posee un ámbito espacial de aplicación de sus normas. Por consiguiente, no existe un territorio de la UE, sino un ámbito espacial de aplicación de los tratados y normas derivadas.

En base a ello, se podría definir a la UE como un compromiso político interestatal, articulado mediante tratados y normas derivadas, delimitado espacialmente por su ámbito de aplicación, que tiene como destino común la creación de un espacio de paz, estabilidad y prosperidad en Europa, con vocación de proyección en el mundo de los principios, valores e intereses que le son propios.

Al no estar descrito en los tratados de la UE el territorio de cada Estado miembro sino que es determinado por normas internas y por tratados con sus vecinos, cuando un Estado ingresa o sale de la UE, lo hace con todo el territorio que tenga reconocido internacionalmente en el momento de la adhesión o desconexión. El territorio estatal es un hecho externo a la UE aunque de ello se derivan consecuencias para la organización, al ser los territorios estatales de los Estados miembros, los que determinan el ámbito espacial en el que son de aplicación los tratados y el derecho derivado europeo. No obstante, la posición de la UE y sus Estados miembros a favor de la unidad nacional e integridad territorial es un factor político considerable y de especial interés para España que tiene planteada, por activa y por pasiva, reivindicaciones territoriales. En el primer caso respecto a Gibraltar que está bajo la soberanía del Reino Unido y, en el segundo debido a las reivindicaciones de Marruecos respecto a unos territorios que son españoles por Derecho, Ceuta, Melilla, islas Chafarinas, y los peñones de Vélez de la Gomera y Alhucemas.

El nuevo entorno internacional reclama una presencia y protagonismo crecientes de la UE que es percibida desde fuera como un actor global necesario y decisivo para la prevención de los conflictos, el mantenimiento de la paz, la gestión de crisis, la reconstrucción de países, la protección de los derechos humanos o la promoción de la democracia.

El proyecto europeo siempre ha avanzado a impulsos que han ido inaugurando ciclos sucesivos de mayor integración. Desde dentro y desde fuera de la UE se demandaba más Europa.

En el 60º aniversario de la firma del Tratado de Roma que ha creado una Unión promotora de la cooperación pacífica, el respeto de la dignidad humana, la libertad, la democracia, la igualdad y la solidaridad entre naciones y pueblos europeos, el balance de los últimos meses es negativo: cadáveres en el Mediterráneo, Francia en estado de emergencia terrorista desde julio, resultado del referéndum británico a favor del 'brexit', derrota del referéndum constitucional italiano, nuevo atentado en Londres. Todo ello sobre un modelo de Estado del bienestar resentido por la política de austeridad practicada por la Troika (Banco Central, FMI y Comisión) y recortes en derechos sociales.

Hoy no solo se pide una integración europea cohesionada, articulada y armonizada, a velocidad de crucero, sino 'mejor Europa', que reactive el proceso político, democrático y transparente, consolide el funcionamiento de sus instituciones, aplique verdaderas políticas europeas y recupere el dinamismo de unas economías debilitadas, mediante la combinación del crecimiento sostenible con el desarrollo social. El Libro Blanco parece ser poco ilusionante y carente de una visión global. Europa necesita de éxitos contundentes como en su momento fue la creación del euro, las becas Erasmus o Schengen.

Desde luego la UE no es un Estado, una nación o un país, ni una federación, y no parece que vaya a serlo, al menos de momento. Pero Europa sí que es un actor mundial de referencia, dotado de un modelo singular, basado en un pacto voluntario entre Estados soberanos con vocación decidida de perpetuarse en el tiempo, en la que, los federalistas y europeístas más convencidos, se declaran a favor de una efectiva unión política y económica, que daría vigor al proyecto más ambicioso, racional e inteligente que jamás haya conocido Europa, con los ciudadanos en el centro de la actividad de las instituciones.

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(1) 'Territorio, integridad territorial y fronteras del Estado en la Unión Europea', Conferencia de Araceli Mangas Martín, pronunciada el 22 de enero de 2016 en la Universidad de León.