El picapedrero con glamour

Su ropa mezcla el estilo «chulo» de los 70 y la calle de los 90. /
Su ropa mezcla el estilo «chulo» de los 70 y la calle de los 90.

Justin O'Shea se ganaba la vida en la mina hasta que revolucionó el comercio digital de lujo. Tiene ahora una firma de sastrería. Ya no trabaja para nadie. Decide él

LUIS GÓMEZ

No hay nada que frene a Justin O'Shea. Poco queda de aquel joven australiano de rudas maneras que se ganaba la vida picando piedra en una mina y conduciendo camiones con toneladas de carbón. Antes de pisar las alfombras rojas y convertirse en uno de los rostros más famosos del 'street style' internacional, fue quemando etapas. Aterrizó con solo 25 años en Londres como lo que era: un chaval con pintas de pueblo que ocultaba su timidez exhibiendo una cabeza rapada y los brazos, repletos de tatuajes. Probablemente sin saberlo, fue cimentando una carrera en la que ni él mismo confiaba. Sin padrinos pero con mucho descaro, revolucionó el comercio digital con la gestión de la tienda MyTheresa, especializada en ropa de ultralujo femenina. Aquel pelotazo le catapultó a la fama y le condujo directamente a Brioni, estandarte de la alta sastrería masculina. Un caso insólito. Sin experiencia previa ni formación como diseñador, asaltó una casa legendaria. Ver y no creer.

Pero, por esas sorpresas que a veces depara la vida, la jugada resultó un fiasco. Solo ejerció seis meses de director creativo. Fue su primer y hasta la fecha único traspié desde que impone tendencias, aunque las aborrezca. «Mi sugerencia personal es ser fiel a uno mismo y no hacer caso de lo que te digan que tienes que ponerte. No hay nada que siente mejor que la confianza en uno mismo». Filosofías personales al margen, Justin dejó a la industria en estado de 'shock'. Pero O'Shea es mucho O'Shea desde que se convirtió en un imprescindible. En vez de venirse abajo, se levantó de nuevo, dijo 'aquí estoy yo' y, rebosante de arrogancia, montó su propia marca de moda masculina. Igual de altiva que él. Triunfa con SSS World Corp, una firma de alta sastrería que moderniza la vestimenta más formal y mezcla «el estilo chulo de los años setenta y la calle de los noventa». Lo que a él le gusta: provocar con las maneras propias de un señor de siglos pasados y embutido en trajes de dos piezas y chaleco interior: «Tiene el don de hacerte parecer más presentable, porque mantiene la camisa en su sitio, la corbata derecha y perfila la silueta estilizándola. Me encanta la formalidad», resume.

Su regreso a los altares de la moda se ha producido a lo grande: alejado de todo tipo de convencionalismos y con un desfile en la famosa Place Vendôme de París sin asientos, luces y una furgoneta 'Chevy' de los sesenta. Ambientó el 'show' con música de Rage Against the Machine, el rapero Snoop Dogg y Melvins, una banda estadounidense de grunge y sludge metal. A todo volumen. Puso a desfilar a modelos por la calle, estirados y delgados como él. Su colección hace un guiño al rock y recrea el «lado oscuro del verano; lo que se encuentra debajo del agua o sale a altas horas de la noche en una jungla tropical. No las típicas flores y el sol», argumenta. Sus diseños constituyen un cóctel que combina los ambientes más cosmopolitas y peligrosos. Lo mismo ensalza el estilo veraniego de Saint-Tropez que el de las calles más desaconsejables de Harlem, con criminales y mafiosos apuntando con ceñidos trajes de cortes impecables. Nada que no se haya visto ya, pero con su toque personal. «No necesitas seguir las reglas de la moda, hacer lo mismo que todos los demás. Que les den. Ese tiempo se ha acabado. Lo importante es saber quién eres en cada momento», remarca.

El australiano ha convertido su barba pelirroja en símbolo de distinción y estatus

Veronika y O`shea, la pareja más 'cool' de la moda.
Veronika y O`shea, la pareja más 'cool' de la moda.

Junto a la 'it girl' Veronika

El hombre de la barba (pelirroja) más famosa del mundo lo sabe. La ha convertido en símbolo de distinción y estatus. «Mi barba es más famosa que yo; quizá debería empezar a confeccionarle trajes personalizados e incluso abrirle una cuenta en Instagram. Posiblemente sería más popular que yo», ironiza sin atisbo de humildad un Justin que se siente influyente. Mucho más desde que emparejó con la 'it girl' Veronika Heilbrunner, a la que conoció en MyTheresa, y con la que ha formado el tándem más 'chic' del universo fashion. La pareja más fotografiada en la primera fila de los desfiles disparó su fama tras ser padres a principios del pasado mes de un niño al que han llamado Walter Jones, en homenaje a un famoso actor estadounidense de Detroit y un exjugador de fútbol americano. Pagan como nadie el tributo a la fama y se entregan a ella. Por eso, conscientes de la influencia de las redes sociales, no tardaron en subir fotos del bebé a Instragram. Primero lo hizo Veronika con el hashtag 'Despertar así'. Después fue O'Shea quien rentabilizó la idílica imagen familiar exhibiéndose junto a su pequeño con el torso desnudo y un rostro sonriente que contrasta con el aspecto aparentemente enfadado que transmite a menudo.

Como acostumbra a no dar puntadas sin hilo, acompañó la imagen de un texto que reflejó la ambición de los negocios y el placer. «Tengo que decir que este pequeño tipo es mi gran inspiración, cuando no trata de mearme encima. Compra una camisa azul en @mrporterlive para ayudar a recaudar fondos en la investigación sobre el cáncer», escribió. Ningún detalle escapa al control de este empresario y creador que muestra ahora un perfil comercial más accesible. Será cuestión de que se juega los cuartos. Si en Brioni diseñaba camisas de seda y calaveras de 700 euros y trajes que no bajaban de los 5.000, hoy en día ofrece una exclusividad más comedida. «El lujo no tiene nada que ver con el precio. La gente no quiere comprar una marca, quiere comprar una idea», se justifica con una colección en la que abundan los trajes de terciopelo y las prendas salpicadas con ilustraciones de zombies, tiburones y las inevitables flores. Propias de un verano al que aquel chico procedente de «un pueblo masculino» aspira a dar continuidad todo el año, porque ha llegado para quedarse. «Trabajar en esto viniendo de la mina es una historia que solo tendría sentido en la peli de 'Zoolander', pero la moda es una industria en la que continuaré siendo feliz, trabajando y disfrutando de todas las copas de champán que pueda tomar», promete.

 

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