«La muerte es muy difícil defenderla»

Popular. «La fama nos perjudicó, si fuéramos anónimos ni nos habríamos divorciado». :: r. doblado/
Popular. «La fama nos perjudicó, si fuéramos anónimos ni nos habríamos divorciado». :: r. doblado

«A mis hijos les digo que el triunfo dura poquísimo, que la vida es lo que queda luego»

ARANTZA FURUNDARENA

Ahora que los animales son reconocidos como seres vivos sensibles, Espartaco revela: «Ojalá pudiera poner de pie a todos los toros que he matado». Pero sigue defendiendo la muerte del toro bravo en la plaza. A sus 55, dos años después de cortarse la coleta, el que fuera primera figura intenta explicar su amor por el toro... Y explicarse la peor cornada de su vida: su divorcio.

-¿Cómo mata el tiempo un matador retirado?

-Echando muchas horas en el campo. Antes uno era artista y torero y ahora es un trabajador. Estoy en la lucha continua. Hay días que se me olvida hasta comer.

-¿Más 'cornás' da la ganadería?

-Más que el toreo. La mayor parte es de carne, pero tengo una punta de ganadería brava con la que pierdo dinero. Como les digo a mis hijos, no le pidamos al toro ganancias que bastante nos ha dado.

-Los veganos le caerán fatal.

-Me caen bien. La gente tiene que ser como es, tener esa pureza interior.

-¿Se siente parte de un mundo que se desmorona?

-El mundo del toro hoy es totalmente desconocido. A la gente que solo ve sangre en las corridas cuesta explicarle lo que pasa en un ruedo, porque la muerte es muy difícil defenderla.

-Y usted la defiende.

-Si va a morir en el matadero, defiendo que el toro bravo muera en la plaza. Pero el amor y el respeto que le tenemos los toreros al toro es increíble. Yo ahora más que torero me siento protector del toro bravo.

-Curiosa historia de amor la suya.

-Sí, cuesta entender que tengas que matar a ese amigo que te ha dado tanto. Pero matarlos bien, sin que sufran, me ha costado muchas cornadas (tengo 23) y muchas horas de quirófano.

-Sé que es un 'crack' contando anécdotas.

-Prefiero contar anécdotas a dar consejos. Enseñan más.

-Y que tiene una relación freudiana con su padre...

-Es que mi padre es muy grande. Ese sí que está 'majarón' perdido por el toro. Tiene 76 años y camina 25 kilómetros diarios. Piensa que mañana puede debutar en Las Ventas.

-Pero el que debutó fue usted.

-Mire, yo esto lo empecé a hacer por mi padre, porque a mí no me gustaba al principio. Y lo más bonito es que he visto triunfar a mi padre en mí.

-¿Habría sido motorista si a su padre le apasionaran las motos?

-No. Es distinto. Yo salía del colegio con mis amigos y veían ahí a un señor en un prado toreando al viento... Y me decían: «Oye, tu padre está loco». La mía fue una sensación de tristeza. Escogí ser torero como revancha, para dejar a mi padre en buen lugar, para justificar su locura.

-Y luego viajó con él por el mundo.

-La primera vez que fui a Madrid para viajar a América yo tenía 13 años. Y mi padre me dijo: «Para que no te dé miedo el avión vamos a montar en lo más parecido». Y me llevó al teleférico de la Casa de Campo, ja, ja, ja...

-¿Es cierto que en un ruedo se disfrazó de lobo feroz?

-Sí, en América, en un show tipo el bombero torero... Gente extraordinaria. Eso en la vida es lo que queda. Yo se lo digo a mis hijos. El triunfo dura poquísimo. La vida es lo que queda luego. Quiero que ellos me admiren por la cantidad de amigos que tengo.

-¿El divorcio ha sido la peor cornada de su vida?

-Mi mayor fracaso, porque soy muy familiar, quiero muchísimo a mi exmujer, hablo con ella a menudo. La fama nos perjudicó. Si llegamos a ser gente anónima ni estaríamos divorciados. Se dicen muchas cosas en caliente y luego eso se paga.

-¿Si volviera atrás no se divorciaría?

-Puede ser. Pero no tengo remordimientos, porque intento entenderlo. Hay que tratar de ser feliz y darse cuenta de que la felicidad tú la buscas, pero es ella la que te encuentra.

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