A Jamie Oliver se le indigestan los negocios

El cocinero británico muestra una ensalada en uno de sus programas televisivos. :: r. c./
El cocinero británico muestra una ensalada en uno de sus programas televisivos. :: r. c.

El chef británico declara en quiebra su cadena de restaurantes. Él culpa a la crisis, los impuestos y el 'brexit'; otros señalan a su cuñado

P. PEREA

Al mediático cocinero británico Jamie Oliver se le desinfla el suflé. 17 años después de abrir en Londres Fiveteen, su primer local de comidas, acaba de declarar insolvente su cadena de restaurantes, poniendo en peligro 1.300 puestos de trabajo. Un administrador concursal analizará la situación financiera de la empresa y arbitrará la negociación entre Oliver y sus acreedores sobre el pago de la deuda contraída. El chef se mostró ayer «entristecido y devastado» por la situación, que afecta a 25 establecimientos: los 23 de la cadena Jamie's Italian -doce de los cuales ya habían sido cerrados hace unos meses-, el pionero Fiveteen, el selecto asador Berbecoa, también en el centro de la metrópoli, y el Jamie's Diner en el aeropuerto de Gatwick.

La noticia no ha supuesto ninguna sorpresa. Ya en diciembre de 2017, el cocinero tuvo que poner trece millones de libras de su propio bolsillo para intentar salvar su imperio. Oliver, «consciente de cuán difícil es esto para todas las personas afectadas», asegura ser víctima de «la tormenta perfecta: los altos impuestos, el declive de las zonas de lujo, el creciente coste de los alimentos, la subida del salario mínimo, los efectos del 'brexit'...». Por no hablar de las 30.000 servilletas que les roban sus clientes cada mes.

«Cuando aparecí en la tele, las mujeres dijeron a sus maridos: si él puede cocinar, tú también»

Otros, sin embargo, atribuyen gran parte de la culpa a su cuñado, Paul Hunt, al que Oliver encargó hace cinco años la gestión de la cadena y a quien un antiguo empleado calificaba recientemente como «un matón incompetente con problemas con las mujeres». «Todos en el negocio adoran a Jamie y tienen la moral por los suelos, pero es cierto que muchas empleadas estupendas habían sido despedidas», confirman sus excompañeros. Cuentan que una secretaria se enteró de que la echaban al ver su nombre entre los destinatarios de las cartas de despido que tenía que escribir. Uno asegura que Hunt «tenía siempre ideas equivocadas, lo que nunca le restó confianza en sus propias opiniones». Afortunadamente, apostilla, tampoco se prodigaba mucho: «Cuando no había salido estaba de vacaciones». Todos coinciden en que Jamie «es un tipo adorable, un cocinero asombroso y un hombre fantástico, pero que odia la confrontación. Si eres de esa clase de personas, te puedes imaginar lo que te costará librarte de un miembro de tu propia familia».

Un encanto irresistible

El regusto amargo del fracaso golpea ahora a un hombre que, a sus 43 años, ha paladeado las mieles del éxito, la riqueza, el reconocimiento social y la fama. En los años noventa, en una trayectoria paralela a la que en España llevó a Karlos Arguiñano a adueñarse de la audiencia con sus recetas «ricas, ricas... y con fundamento» y sus chistes picantes, apareció en las pantallas de Inglaterra un joven cocinero risueño y despeinado que desplegaba un encanto irresistible mientras arrancaba a puñados hierbas aromáticas del huerto y las echaba a la cazuela sin ninguna ceremonia. Con esas maneras sencillas, en las antípodas del remilgo sibarítico de los chefs franceses, en muy poco tiempo adquirió una popularidad inusitada. Su primera serie, 'The Naked Chef' (el chef desnudo), puso patas arriba un país que hasta entonces tenía a gala desdeñar cualquier forma de cocina que no fuera pura supervivencia. «Las mujeres jóvenes cocinaban y sus parejas llegaban a casa y preguntaban: '¿Qué hay para cenar?'. Entonces aparecí yo en la tele y las mujeres, que trabajaban en masa y eran ya gerentes, les decían: 'Mira, parece un niño de tres años. Si él puede cocinar, tú también'», recordaba.

Veinte años después y con el mismo aspecto jovial aunque mejor peinado, padre de cinco hijos con su novia de siempre, Oliver ha canalizado su enorme popularidad en un emporio gastronómico que integra sus cadenas de restaurantes -donde emplea a jóvenes delincuentes para ayudarles a rehabilitarse-, libros, programas de televisión... Su peso mediático le ha permitido encabezar campañas para mejorar la nutrición en los comedores escolares del Reino Unido -la obesidad infantil es una epidemia nacional- y asesorar a los primeros ministros Tony Blair y David Cameron en la elaboración de normativas para mejorar la dieta de los británicos y luchar contra la comida basura y el exceso de sal y azúcar en los alimentos. Ahora le toca tragarse un sapo.