'Influencer' por accidente

Señas de identidad. A Lyn es habitual verla con gafas negras y futuristas, grandes pendientes y, sobre todo, camisas blancas. /
Señas de identidad. A Lyn es habitual verla con gafas negras y futuristas, grandes pendientes y, sobre todo, camisas blancas.

A sus 65 años, Lyn Slater es el nuevo icono 'fashion' desde que fotógrafos callejeros la confundieron con «alguien importante» de la moda.«Cualquier edad es emocionante»

LUIS GÓMEZ

Los aficionados a la moda tienen una opinión estereotipada de las 'influencers'. Las consideran prescriptoras de tendencias, jóvenes y guapas, 'fashion victims' y a muchas de ellas sin una formación demasiado solvente. El público las ve también bastante entregadas al poder de las marcas. Creen que rara vez se atreven a cuestionar a las firmas que las visten y con las que muchas de ellas mantienen unas relaciones económicas muy lucrativas.

Todos estos prejuicios se vienen abajo con Lyn Slater, una exprofesora neoyorquina de Derecho reconvertida, con todas las de la ley, en una 'fashion influencer'. Ella lo es por casualidad, lo que no le resta ningún mérito. Al contrario, llegó a la cúspide cuando la mayoría de profesionales comienza a estar de retirada y aspira a ver pasar la vida sin hacer ruido. Pese a tener siempre muy presente la idea de escribir un blog, no entraba en sus planes que sus criterios estilísticos influyesen en millones de mujeres y, mucho menos, entre jóvenes de medio mundo. La mayoría de sus seguidores -fundamentalmente mujeres- tienen entre 18 y 25 años.

Discreción

«Vaya donde vaya siempre me reconocen. Me pasa en China, en Inglaterra, en Portugal...», detalla. Su irrupción fue inesperada. La universidad en la que trabajaba cae a escasos metros del Lincoln Center, donde se celebran la mayoría de desfiles durante la Semana de la Moda de Nueva York. Hace cosa de cuatro años, camino del campus de Fordham, un enjambre de fotógrafos de 'street style' (estilo callejero) la asaltó para su sorpresa.

Sorprendía a las monjas del colegio con cinturones de los que colgaban rosarios

¿Por qué se arremolinaron en torno a una mujer que rechaza hablar de su edad por considerarlo «irrelevante»? ¿Les fascinó el vestido vintage de Yohji Yamamoto que desempolvó aquel día del armario o había algún motivo más? Los cámaras podrían haberla retratado con un modelo de Issey Miyake o de Rei Kawakybo, dada su afición a los creadores japoneses. Ella llamó a aquel encuentro fortuito 'el accidente'. Había quedado a comer con una amiga y, mientras la esperaba, sucedió algo que cambió su vida. «Cuando mi amiga llegó casi se muere de un ataque de risa. Me dijo: 'Querida, eres un icono accidental'». Slater sostiene que la confundieron con «algún personaje importante del mundo de la moda».

Entonces ella no lo era. Hoy, a sus 65 años, sí, pero no ha cambiado lo más mínimo. En 2014 abrió una cuenta de Instagram que tiene más de medio millón de seguidores. A diferencia de miles de blogueras, emplea las redes para algo más que posar. «Al saber escribir» y tener la «suerte» de que su pareja es fotógrafo, se dirige a gente que de verdad «ama la moda» y pretende hablarla de su cultura y sus cimientos. «La moda no se trata solo de llevarla puesta». Crítica con los códigos de este negocio, esgrime que las revistas del sector se están distanciando de la moda como industria al centrarse cada vez más en la figura de las celebrities.

Apasionada de la ropa desde adolescente, Slater jugaba a subvertir el estricto código de vestimenta impuesto en la escuela católica donde estudiaba. Si hoy su figura está asociada a gafas de sol negras y futuristas y pendientes de tamaño XXL -preferentemente aretes de geometrías imposibles-, en el colegio sólo podía lucir de accesorios medallas religiosas y rosarios. Pero Lyn lo hacía a su manera: colgaba los rosarios de sus cinturones. «Desde muy pequeña entendí que la ropa es una manera de experimentar con diferentes personalidades y diferentes 'yos'. Me gusta ser única. Me encanta ir a algún lugar de Nueva York y que nadie más en la sala tenga lo que yo llevo o que lo que lleve no tenga un logotipo», reflexiona. Las monjas aceptaron los looks de la chavala. Interpretaron que Lyn admiraba y respetaba la iconografía religiosa, pero la dirección del centro la cortó las alas y le prohibió entrar a las aulas con aquellos cinturones.

Abuela inspiradora

«Siempre he tenido una relación con prendas que formaban parte de la construcción de la identidad. Si no eres auténtica, no eres nada», proclama. Los pantalones negros «bellamente construidos», pero, sobre todo, las camisas blancas gigantes y de mangas infinitas son sus principales señas de identidad. «Es el lienzo perfecto para crear el resto del 'outfit'», argumenta. Lyn se ha inspirado siempre en su abuela, una artista que tocaba el chelo y decidió vender la casa familiar y viajar por todo el mundo tras enviudar muy joven. «Cuando volvía a América me traía ropa de todas partes. Era increíble», alaba.

Está fuera de toda duda que Slater se ha convertido en un 'producto' muy rentable. Ha participado en campañas de Valentino Eyewear, Uniqlo y Mango y ha conseguido algo insólito: formar parte de la prestigiosa agencia de modelos Elite London, la misma que conduce las carreras de las tops Kendall Jenner y Adriana Lima. Pese a jubilarse como profesora universitaria, nunca ha tenido la agenda tan cargada como ahora. Le encantaría colaborar en la realización de colecciones cápsula junto a diseñadores consagrados y hasta sopesa la posibilidad de lanzar una línea propia de prendas sostenibles.

Tres editoriales le han tentado también para que relate «el proceso de cambio» en el que está inmersa la moda. Se lo está planteando, mientras pasa de puntillas sobre el tiempo que ha tardado en alcanzar el estrellato. ««La gente no entiende que la edad es simplemente algo físico. Yo podría levantarme mañana y ser mi 'yo' con 18 años. Y si me vistiera así, no me vería para nada estúpida ni ridícula. Soy esa parte realmente de mí. Hay que vestirse según tu interior, no tus años», esgrime. «Ahora acepto todos mis defectos. Me siento absolutamente cómoda en mi piel. Mi vida ha sido un viaje para darme cuenta de cuáles son mis puntos fuertes y mis limitaciones. Cualquier edad es emocionante», ensalza este icono tardío y atemporal.

Ese año, camino de la universidad, fue acorralada por numerosos fotógrafos. Desde entonces es un icono. Alaba los diseños de creadores japoneses, pero siempre intenta vestirse «con algún modisto del país que visito. Necesito imbuirme de la cultura del lugar para comprender mejor el sitio en el que estoy».

Pese a desear pasar desapercibida, son muchas las personas que se le acercan para «decirme que me siguen en Instagram».

 

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