A vueltas con Guadalupe

El monasterio subsiste hoy gracias al trabajo y esfuerzo de la comunidad franciscana y, en buena parte, a los dineros oficiales que llegan del Estado o de la Junta de Extremadura. O sea, lo que puede aportar a este lugar el arzobispo de Toledo, lo puede aportar igual el arzobispo de Badajoz

TERESIANO RODRÍGUEZ NÚÑEZPERIODISTA

Vuelve este 'escribidor' adonde solía en este primer sábado de septiembre, día 8, festividad de la Virgen de Guadalupe por más señas. Y acabadas que han sido las vacaciones, dicho sea por un jubilado, retomo la costumbre de asomarme a las páginas de HOY aunque sea de tarde en tarde, sábados alternos por más señas. En el panorama informativo nacional, repasa uno mentalmente los temas que están sobre el tapete, tal que las correrías nacionales e internacionales de Pedro Sánchez, dispuesto a solucionar los problemas de España y del mundo; o las ensoñaciones independentistas de Torras, fiel discípulo de Puigdemont; o la situación económica y laboral del país, ninguna de las dos para tirar cohetes. Y así podría seguir. De modo que, visto el panorama y teniendo en cuenta la festividad del día, opto por refugiarme y buscar amparo en Guadalupe: se trata nada más y nada menos que de la Patrona de la Región y Día de Extremadura.

La historia de Guadalupe es muy larga, desde finales del s. XIII o comienzos del XIV, y no es cosa de contarla aquí. Pero sí merece la pena referirse a acontecimientos más recientes que han condicionado la situación actual. Situado Guadalupe en territorio del arzobispado de Toledo, que acabó acaparando media España interior, fue un acierto poner santuario y puebla en manos de la Comunidad Jerónima, porque gracias a ellos Guadalupe alcanzaba en los siglos siguientes la grandeza y esplendor que hicieron de él uno de los grandes centros de devoción y peregrinación de la cristiandad, en el que la economía, el arte y la ciencia fueron de la mano. Pero pasado el primer cuarto del siglo XIX, la furia desamortizadora llevó a destruir en poco más de medio siglo lo que había costado cuatro siglos construir: la exclaustración de los frailes jerónimos y la privatización de los bienes del Monasterio condujeron a la ruina de gran parte del mismo. La situación a la que llegó Guadalupe, iglesia y monasterio, fue penosa. Y fue un extremeño, Vicente Barrantes, quien a partir de 1878 levantó la voz ante el estado en que se hallaba sumido Guadalupe, tarea que tras su muerte continuó su hijo V. Barrantes Abascal.

Entrados en el siglo XX se producen una serie de acontecimientos que van a tener gran influencia en el futuro. El 12 de octubre de 1906 tiene lugar una gran peregrinación de extremeños a Guadalupe, en la que hacen la ofrenda de una lámpara votiva con la inscripción 'Extremadura a su Patrona'. Sólo unos meses después, en marzo de 1907, Pío X proclama a la Virgen de Guadalupe 'Patrona principal de la Región Extremeña'. El 7 de noviembre de 1908, la Comunidad Franciscana se hace cargo de la guardia y custodia de Guadalupe. Desde entonces, la dedicación y el trabajo de los 'hijos de San Francisco' para recuperar buena parte del esplendor perdido han sido ejemplares.

Llegados a este punto y cuando ya ha pasado más de un siglo, la historia discurre por otros derroteros. El Concilio Vaticano II quiso ser una puesta al día de no pocas estructuras eclesiales, aunque no todos aceptaron tal propósito con el mismo entusiasmo. De ahí partió, por ejemplo, la revisión de territorios diocesanos, tratando de que estos se ajustaran a las delimitaciones civiles; pero esto no ha alcanzado a Guadalupe, que sigue perteneciendo al Arzobispado de Toledo. Sí es un hecho que desde Extremadura se ha venido reclamando con insistencia, aunque sin ningún resultado hasta ahora, la incorporación de Guadalupe a alguna de las diócesis extremeñas. A estas alturas de la historia no tiene mucho sentido mantener una situación arrastrada de un pasado que apenas tiene que ver con el presente. Guadalupe ya no es aquella 'empresa' tan bien gestionada por los frailes jerónimos, que llevaron santuario y monasterio a su máximo esplendor, cuestión que tan bien ha estudiado el profesor Enrique Llopis, quien dirigiera un congreso sobre el tema en '2007, Año Jubilar', donde la Junta de Extremadura se volcó. Guadalupe subsiste hoy gracias al trabajo y esfuerzo de la comunidad Franciscana y en buena parte, a los dineros oficiales que llegan del Estado o de la Junta de Extremadura. O sea, que lo que pueda aportar a Guadalupe el arzobispo de Toledo lo puede aportar igual el arzobispo de Badajoz.

En esta situación resulta llamativo que el director de la revista 'Guadalupe', Fr. Antonio Arévalo, hasta hace muy poco Guardián del Monasterio, en el último número y en una página que lleva por título genérico 'La jiguera' publique un artículo con el título 'Toledo en Extremadura'. Y así inicia el tercer párrafo: «Que Guadalupe pertenezca a la diócesis Primada de España –aunque esté feo decirlo–le ha traido sus beneficios y, si me apuran, su oropel». Pues no digo que no; sólo que la 'primacía' toledana no pasa hoy de ser nominal e igual aquí nos podemos ir apañando con Don Celso, arzobispo de Badajoz; y que a estas alturas de la historia los oropeles ya ni visten. Creo que conviene no olvidar el pasado, pero sin dejar nunca de mirar hacia adelante.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos