Vivir pendiente de la glucosa

La diabetes alcanza ya a más de 60.000 extremeños según la federación regional

Antonio Lavado muestra el medidor. :: /DAVID PALMA
Antonio Lavado muestra el medidor. :: / DAVID PALMA
Ana B. Hernández
ANA B. HERNÁNDEZ

Le diagnosticaron diabetes cuando tenía 21 años por un problema estomacal. Entonces llevaba una vida saludable marcada, sobre todo, por un ejercicio físico diario. Una parada cardiorrespiratoria a los 48 años, seguida de complicaciones, terminó en una operación de triple bypass en el Infanta Cristina. «Todo por mi diabetes», asegura Antonio Lavado.

A sus 59 es el presidente de la Federación de asociaciones de personas con diabetes en Extremadura (Fadex) y, por eso, la voz de los más de 1.300 diabéticos que conforman la organización. Muchos menos de los que hay en la región. Según sus datos, unos 100.000, «aunque una gran parte de ellos no lo saben», matiza Antonio. De ahí que la cifra que da el SES, y asume Fadex, alcance los 60.000 afectados en la comunidad autónoma.

Antonio tiene una diabetes del tipo 2 y es insulinodependiente. Es similar a la del tipo 1 y supone vivir pendiente de la glucosa y tener que ponerse insulina para controlarla.

En líneas generales, la glucosa es la energía que necesitan las células, «pero para que llegue a ellas se necesita una llave que se llama insulina», explica el presidente de Fadex. De tal modo que si no hay insulina, la glucosa se queda en el riego sanguíneo, el azúcar se almacena en la sangre, y va estropeando arterias y órganos, con múltiples consecuencias en la salud de quien la padece. Solo un ejemplo: «El pasado año en la región se realizaron más de 300 amputaciones de pie como consecuencia de los problema en el riego sanguíneo que conlleva la diabetes», desvela el presidente de Fadex.

Para controlar el nivel de glucosa y administrar la insulina precisa para que el azúcar no se almacene en la sangre, «hay que medirla con frecuencia». Para ello «hay un glucómetro que, previo pinchazo, indica qué glucosa tienes, y en función de ello, el ejercicio físico que vas a hacer y la comida que vas a ingerir, calculas qué cantidad de insulina necesitas».

De forma general, los insulinodependientes con diabetes del tipo 1 y 2 se tienen que pinchar entre 6 y 10 veces al día. «Unas 3.500 veces al año si va todo bien», añade Antonio Lavado. Pinchazos a los que hay sumar los otros tantos que se requieren para introducir la insulina en el cuerpo. «Vivimos enganchados al aparato, con unos quince pinchazos de media cada día». Un calvario para los adultos, deja claro el presidente de Fadex, pero sobre todo para los niños y sus familias. «Las madres dejan de vivir literalmente para pasar a vivir la diabetes de sus hijos en cuanto son diagnosticados».

«Un sinvivir»

Un niño de cuatro años puede estar bien a la diez de la noche, cuando se va a la cama, «y dos horas después, sin motivo alguno aparente, entrar en hipoglucemia, que puede causar la muerte». Cuando esos niños «están en el colegio las madres les ponen alarmas en los móviles para que no se olviden de medir la glucosa... porque hay que estar pendiente de forma continua, es un sinvivir absoluto», que puede empeorar con la adolescencia. «Porque muchos adolescentes no aceptan su enfermedad, porque no quieren vivir así, y se niegan a suministrarse insulina y entonces los problemas se agravan».

Para mejorar la vida de los diabéticos existen unos aparatos llamados medidores continuos, «que nos permiten reducir de forma notable los pinchazos diarios y que, además, avisan en caso de híper o hipoglucemia».

Fadex reclama al SES los nuevos medidores que permitirán a niños y mayores «tener un día a día más despreocupado»

Estos aparatos cuestan unos 350 euros en el mercado y consisten «en un sensor-emisor, que se coloca en cualquier parte del cuerpo, y un receptor, un aparato similar al móvil o el móvil mismo, en el que te va indicando cuál es tu nivel de glucosa de forma continua».

Es lo que Fadex reclama al SES, que financie estos medidores continuos para los diabéticos extremeños, coincidiendo mañana, 14 de noviembre, con la celebración del Día Mundial de la Diabetes. Porque el sistema flash que ha puesto en marcha, y que está financiando para algunos colectivos, «no supone vivir despreocupados, porque hay que estar todo el día pendiente igualmente de la glucosa». Aunque es cierto que reduce los pinchazos, «requiere que la persona acerque el receptor al sensor para saber el nivel de glucosa y no da avisos, por lo que las madres tienen que continuar programando las alarmas en los móviles de sus hijos, para que no se les olviden las mediciones, aunque ya no se tengan que pinchar».

Antonio Lavado señala que «reconocemos que el sistema flash es más económico, estamos hablando de un coste aproximado de 120 euros, pero necesitamos los medidores continuos para contribuir a que los diabéticos puedan tener una vida más fácil, especialmente los niños y sus familias», zanja el presidente de la federación.

Temas

Ses
 

Fotos

Vídeos