«Viví seis años en un centro y por eso mi marido y yo hemos acogido a una niña»

Nuria Sánchez y su marido junto a su hijo biológico y su niña de acogida. :: BRÍGIDO/
Nuria Sánchez y su marido junto a su hijo biológico y su niña de acogida. :: BRÍGIDO

A. R. H.CÁCERES.

Nuria Sánchez, natural de Helechosa de los Montes, y su marido, Mariano Gallego, de Pasarón de la Vera, tienen un hijo biológico y hace un año y ocho meses acogieron a una niña. Desde entonces son cuatro en la familia.

La iniciativa partió por ella. «Yo he sido una niña que he vivido dentro del sistema de protección. Estuve desde los siete hasta los 13 años en el Hogar Santa Eulalia, que actualmente es el centro de menores Antonio Machado de Mérida. Mi padre falleció y mi madre no tenía recursos económicos suficientes para mantenernos a todos. Éramos muchos hermanos y ella una mujer viuda y joven. Así que pasábamos allí largas temporadas y en vacaciones estábamos con mi madre. Antes era distinto. De hecho, por la situación que yo tuve ahora nadie ingresa en un centro de menores», relata Nuria, que fue quien le propuso a su marido adentrarse en esta aventura. «Siempre he pensado lo distinto que hubiera sido todo si en vez de estar en un centro con 150 niñas hubiera la posibilidad de tener una familia mientras la mía se recuperaba. Viví seis años en un centro y por esos hemos acogido a una niña. Eso me hizo darme cuenta de lo importante que es estar en familia».

Ellos se ofrecieron para acoger a un menor de una edad próxima a la de su hijo biológico. «Así nos lo recomendaron todos los profesionales», comentan Nuria y Mariano, que antes de pensar en participar en este proceso ya habían descartado tener un bebé por la dificultad de compaginar la vida laboral y la familiar.

Se sometieron a la valoración de la Administración y fue bien. En su caso el acogimiento es hasta la mayoría de edad de la pequeña. «Ahora tenemos a una preciosa niña y mantiene sus vínculos con los familiares biológicos. Tiene cuatro hermanos y a ellos los ve periódicamente, al igual que a sus abuelos», matiza Nuria, que es consciente de que en este tiempo no parará de aprender. «Cuando llega un nuevo miembro a la familia todos tienen que adaptarse. La niña nos ha enriquecido a nosotros y a nuestro hijo. Ella también está aprendiendo a crecer en valores», cuentan Nuria y Mariano. «Nosotros colaboramos en la felicidad y el desarrollo de una persona y en el de su familia biológica. Le diríamos a la gente que no tenga miedo, que esto es maravilloso».