Vidas marcadas por el cáncer

Tres mujeres cuentan cómo se enfrentan a una enfermedad que en 2017 diagnosticaron a 620 personas en Extremadura | Los avances médicos han logrado una supervivencia del 90% en las personas que padecen cáncer de mama, cuando hace 40 años era del 75%

Beatriz Parra, Blanca Bejarano y María Victoria Martín/JORGE REY
Beatriz Parra, Blanca Bejarano y María Victoria Martín / JORGE REY
Álvaro Rubio
ÁLVARO RUBIOCáceres

No es la enfermedad innombrable. Hay que llamar a cada cosa por su nombre. Tampoco significa que vas a morir. Simplemente hay que afrontarlo». Así de contundente se muestra María Victoria Martín cuando echa la vista atrás y recuerda cómo fue el momento en el que le diagnosticaron cáncer de mama. Tenía 50 años y por aquel entonces trabajaba en el internado de las hermanas Carmelitas de Cáceres. «Fue duro. Tras una mamografía y una ecografía, vieron un bulto. El médico me dijo que no tenía buena pinta y me hicieron una biopsia. A los 18 días me lo dijeron. Es agresivo, es de los peores y corre muy rápido. En ese momento estaba sola. No quería que me acompañara nadie a la consulta. A partir de ahí, se mezcló el miedo y sobre todo las ganas de vivir. Me operaron y me quitaron la mama derecha y 17 ganglios».

Luego llegaron cinco meses de quimioterapia. «Eso es un veneno que te come por dentro», confiesa María Victoria, quien tras superar esa fase estuvo con un tratamiento durante diez años. «Tomaba una pastilla al día que me ha dejado los huesos muy mal», cuenta esta cacereña que hoy, con 67 años, puede decir que está curada.

Es una de esas supervivientes que sobreviven a una enfermedad que en 2017 se diagnosticó a 620 mujeres en Extremadura, según el Observatorio de la Asociación Española Contra el Cáncer. De ellas, 379 casos se dieron en la provincia de Badajoz y 241 en la de Cáceres.

Beatriz Parra, de 34 años, fue una de ellas. El 14 de julio de 2017 le dieron la noticia que nadie espera. «Mi abuela materna tuvo cáncer y yo me solía revisar cada mes. Un día me noté un bulto en la mama izquierda y decidí ir al médico. A partir de ahí todo fue muy rápido. Ecografía, mamografía, biopsia y a la semana me llamaron. El momento en el que me lo dijeron fue uno de los peores de mi vida», recuerda antes de detallar que le acompañaron a la consulta su pareja y su hermana.

El pasado 2 de junio terminó las sesiones de radioterapia. «Mi última revisión fue en julio y mi oncólogo me dio la enhorabuena porque consideró que estaba muy bien. Ahora me estoy adaptando a una nueva vida», reconoce esta joven que vive en Arroyo de la Luz.

«El cáncer hace que cambies tu forma de pensar. Es una bofetada. Ahora vives cada momento y disfrutas. Mis prioridades son otras diferentes a las de hace un año», confiesa Beatriz, quien asegura que lo importante es que se invierta en investigación.

Además, reivindica que las campañas de mamografías no sólo empiecen a partir de los 50 años. «Con 30 ya hay gente que padece esta enfermedad», lamenta.

En 2017, por cada 100.000 mujeres se detectaron un total de 114 casos nuevos en la región extremeña. La misma cifra se dio en La Rioja. Hubo más en comunidades autónomas como Galicia, Castilla y Léon, País Vasco, Aragón, Asturias y Cantabria.

En el año 2017, fallecieron 169 personas por este tipo de cáncer. Es un desenlace que se da en 28 de cada 100.000 mujeres en la región.

Sin embargo, fueron más las que pueden decir que son supervivientes. En Extremadura, 462 de cada 100.000 han sido diagnosticadas en los últimos cinco años y siguen vivas. 2.518 pasaron esa fase en 2017.

Blanca Bejarano, cacereña de 51 años, aún no ha llegado a ese punto. A los 49 se lo diagnosticaron y en marzo pasó por el quirófano por última vez. Antes ya lo había hecho en cuatro ocasiones. «Desde muy joven tenía varios quistes e iba a mis revisiones anuales. En noviembre de 2016 fui al médico porque uno de los bultos se había hinchado. Me hicieron pruebas y mandaron una biopsia de otro bulto que estaba al lado. A los 15 días me lo dijeron», recuerda Blanca, que se enfrentó a ese momento con la compañía de su hija.

«Me dijeron que era un tumor pequeño, pero que debido al gran número de quistes que había era mejor quitar la mama por completo. En ese momento no me importó. Sólo quería que acabaran con ese bicho», confiesa.

Cinco meses después entró en quirófano por primera vez. Luego hubo complicaciones y volvió a ser operada. Cuando ya había recibido el alta y estaba en casa empezó a notar que su mama derecha también le dolía. «Fui al médico y en una de las revisiones me dieron el resultado. Tenía otro tumor y me volvieron a operar. Más tarde tuve necrosis en la piel y otra operación más».

Tras eso recibió ochos sesiones de quimioterapia. «A los 20 días, cuando estaba caminando al santuario de la Virgen de la Montaña, me toqué el pelo y me quedé con un mechón en mi mano. De golpe y porrazo te ves sin nada», comenta antes de reconocer que se ha hecho muchas fotografías durante la enfermedad. «Mi marido me rapó y lo grabó. Luego le mandé el vídeo a mi familia para que no le impactara verme», relata.

Ahora acude a revisiones periódicas y se tiene que someter a diferentes pruebas médicas. «Mi vida es más limitada físicamente, pero es mucho más bonita porque la vivo de otra manera. Te das cuenta de cosas que antes no apreciabas, valoras a la gente, te fijas en cualquier detalle. Vives cada momento de manera intensa». En eso coinciden todas.

El tumor más frecuente entre las mujeres occidentales

El cáncer de mama es el tumor más frecuente en las mujeres occidentales. En España se diagnosticaron 26.370 casos en el año 2017. Supone el 29 por ciento de todos los nuevos cánceres diagnosticados entre la población femenina.

La edad de máxima incidencia está por encima de los 50 años, pero aproximadamente un 9% se diagnostica en mujeres que no han cumplido los 40.

El cáncer de mama también puede aparecer en hombres, aunque se da con mucha menos frecuencia. Por cada 100 casos femeninos se diagnostica uno masculino.

Hace 40 años, la supervivencia tras un cáncer de mama rondaba el 75%, mientras que actualmente las cifras son 15 puntos superiores. Así, pese a que la incidencia ha ido progresivamente en aumento en las últimas décadas, la cifra de mortalidad no ha dejado de descender.

También se muestran muy agradecidas a los profesionales que les han ayudado en este camino. «Los equipos de cirugía general, de cirugía plástica, de rehabilitación y de oncología del SES están llenos de humanidad», afirman justo antes de aludir a la importancia de sentir el apoyo de familiares y amigos. «La labor que realiza la Asociación Española Contra el Cáncer también es fundamental», añaden.

En las sedes que hay distribuidas por Extremadura varios profesionales atienden psicológicamente a pacientes y sus familias. «Llevamos a cabo la acogida de la persona diagnosticada, le ayudamos durante el tratamiento y al final de éste. También hacemos talleres terapéuticos sobre temas variados. Hay de maquillaje y de relajación, por ejemplo», explica Alicia Ramos, psicooncóloga de la Junta Provincial de Cáceres de la AECC, donde el año pasado atendieron psicológicamente a 1.179 pacientes.

«Les enseñamos a entender las emociones que pueden llegar a sentir durante toda la enfermedad. También actuamos cuando hay síntomas psicológicos que les incapacitan en su día a día. La mayoría no llega a ese límite», matiza Ramos.

Prevención

También desarrollan actividades de prevención, un aspecto que todos los profesionales califican como determinante. De hecho, el SES puso en marcha en el año 1998 el Programa de Detección Precoz del Cáncer de Mama. Para ello hay una unidad central de gestión en Mérida que organiza, planifica, controla, coordina y evalúa todo el sistema.

Además, hay 11 unidades fijas de realización de mamografías y dos móviles. Ocho están en los hospitales de área de Extremadura. Las restantes se ubican en Trujillo, Talarrubias y Almendralejo. A ellas se suman otras ocho de lectura, que estudian las pruebas por el método del doble consenso, es decir, dos radiólogos del SES se encargan de analizar cada mamografía.

El dato

30%
En España, en lo que va de 2018 se diagnosticaron un total de 32.825 nuevos casos de cáncer de mama, lo que supone un 30% más que hace cinco años. En 2012, hubo 25.215.

Con esa infraestructura, en 2017 participaron en el programa 51.015 mujeres, lo que supone una tasa de del 74% del total de las citadas, que fueron 68.900.

Su edad oscila entre los 50 y 69 años y no tienen ningún síntoma. También entran dentro de este programa aquellas de 40 a 49 años que tienen familiares de primer grado que han padecido cáncer de mama.

La participación de un año a otro ha aumentado levemente. Del 1 de enero al 30 de septiembre de 2017, un total de 37.240 mujeres participaron en el programa, y en 2018 lo hicieron 38.426, según detalla Rosa López García, responsable de la Unidad Central de Gestión del Programa de Cáncer de Mama.

En 2017 la tasa de detección registrada llegó a cuatro de cada mil. En concreto, detectaron patología mamaria a 233 mujeres.

Este mes de octubre, unas 8.600 extremeñas están citadas para someterse a mamografías. Aproximadamente unas 4.000 usuarias serán examinadas en las dos unidades móviles con las que cuenta este programa, que visitarán este mes a 19 poblaciones de la región. El resto, unas 4.600, están citadas para realizarse dicha prueba en los centros de atención especializada del SES.

López insiste en la importancia del diagnóstico precoz. «Disminuye la mortalidad si lo tratamos a tiempo», afirma antes de reconocer que en los últimos años ha aumentado el número de casos.

Los datos lo ponen de manifiesto. En España, en lo que va de 2018 se han diagnosticado 32.825 cánceres de mama, lo que supone un 30% más que hace cinco años. En 2012, hubo un total de 25.215 casos nuevos.

Entre ellas, hay miles de extremeñas que un día recibieron una de las peores llamadas de su vida. También miles de mujeres que se han enfrentado a esta enfermedad y que hoy pueden decir que son supervivientes. María Victoria, Beatriz y Blanca son sólo algunas de ellas. Las tres coinciden en un mensaje: «Se puede salir de esto. Hay luz al final del túnel, aunque algunas veces cuesta verla. El camino es negro, pero si se supera, la vida es rosa, muy rosa».

JORGE REY

Beatriz Parra | 34 años «Cuando me lo dijeron lo primero que pensé fue en mi hija»

Beatriz Parra nació en Portugalete (Vizcaya) pero se considera extremeña porque sus padres son de Arroyo de la Luz y ella ha vivido hasta los 25 años en la localidad cacereña. Con esa edad se desplazó a su ciudad natal por motivos de trabajo. Sin embargo, siempre quiso volver. Cuando se quedó embarazada regresó junto a su pareja a Extremadura, donde nació su primera hija.

Todo iba bien hasta que a los pocos meses de dar a luz a su pequeña, los médicos le diagnosticaron cáncer de mama. «Lo primero que pensé fue en mi hija, en que no iba a verla crecer, en que no iba a disfrutar de mi familia. Luego no sabes cómo se lo comunicarás a tus seres queridos. Lo más importante es ordenar tus pensamientos y entender tus emociones», se sincera esta joven. Lo cuenta tras llevar a la guardería a su hija, que ahora tiene 22 meses. Cuando le dieron la noticia sólo tenía siete.

«Te acercas a un abismo y sientes que te caes, notas que han acabado con tu mundo», comenta Beatriz, que actualmente está bajo un tratamiento hormonal después de someterse a dos operaciones, y haber recibido quimioterapia y radioterapia.

«Ahora es el momento de sacar fuerza. Lo hago por mi familia y sobre todo por mi hija», concluye esta joven que está empezando a recuperar su rutina. En poco tiempo empezará a trabajar.

JORGE REY

Blanca Bejarano | 51 años «El camino para superar el cáncer no es rosa, es muy oscuro»

Los ojos de Blanca Bejarano desprenden un brillo especial. Sólo con su mirada, esta cacereña transmite ganas de vivir. Tiene 51 años y le diagnosticaron cáncer de mama tras cumplir los 49.

Desde entonces ya se ha sometido a cinco operaciones. Ahora aprovecha cada minuto de su día a día. Lo hace por ella y por su familia. «Ellos están a mi lado apoyándome siempre. No me han faltado en ningún momento. Sin ellos no podría haberme enfrentado a esta enfermedad», confiesa. Lo dice agradecida y con una sonrisa. Explica que ahora se encuentra tranquila, entre revisiones oncológicas y pruebas médicas.

Cuando mira hacia atrás tiene algo muy claro. «El camino contra el cáncer no es rosa, es muy oscuro, pero ahora que parece que ya he pasado lo peor es mucho más rosa».

JORGE REY

María Victoria Martín | 67 años «Después de haber pasado por esto, no tengo miedo a nada»

María Victoria Martín trabajaba en el internado de las hermanas Carmelitas de Cáceres antes de que le diagnosticaran cáncer de mama, una enfermedad que ha marcado un antes y un después en su vida. Hoy lo cuenta sonriente. «Me considero una persona fuerte que aguanto el dolor», confiesa esta mujer de 67 años a la que solo se le empañan de lágrimas los ojos cuando habla de su familia. Le emociona lo mucho que le han ayudado su marido y sus hijos.

Con 50 años le dijeron que tenía un tumor maligno. Hoy, 17 años después, está totalmente curada. Su actitud, matiza, ha sido fundamental. «El médico me dijo que el 50% ya lo tenía ganado, que el otro 50% lo pondría él», comenta orgullosa María Victoria, quien también se derrumbó en los momentos más complicados. «Lo peor era cuando me lavaba la cabeza y se caían mechones. Luego, no me importaba que me vieran sin pelo. Me asomaba a mi terraza y me daba igual que me vieran mis vecinos. Es algo que hay que normalizar».

María Victoria asegura que después del cáncer ya no tiene miedo a nada. Actualmente colabora con la AECC acompañando a personas que están pasando por lo mismo a lo que ella se enfrentó. «Les hago ver que esto hay que afrontarlo. No hay que enmascarar la realidad, sólo coger el toro por los cuernos».