Vidas extremeñas bajo el 'Brexit'

953 ciudadanos de la región viven en Reino Unido, entre la incertidumbre de cómo les afectará la salida de la UE y la evidencia de que ahora sus libras valen menos

Vidas extremeñas bajo el 'Brexit'
ANTONIO J. ARMEROCáceres

Hace un año y ocho días, los telediarios de medio mundo abrieron con la misma noticia: una mayoría de británicos -el 51,9 por ciento- vota a favor de abandonar la Unión Europea. El famoso ‘Brexit’. Un terremoto político y económico que dejó a buena parte de los gerifaltes del continente con las cejas levantadas durante un rato. A escala más doméstica fue el tema del día, de la semana y del mes al pie de las máquinas de café de las oficinas, en los ascensores de los bloques de pisos y en los bares de un país de países en el que viven 953 extremeños.

«El día después del referéndum hubo personas de mi entorno que me pidieron perdón», recuerda Mercedes Rodríguez, ingeniera industrial de Badajoz que aterrizó en Inglaterra a principios del año 2013 y ha sido madre allí. «Decían -continúa- que sentían vergüenza de su país, aunque también hubo otros que me dijeron que habían votado ‘Leave’ (salir) no por mí o por los españoles, sino por los polacos o los rumanos, un comentario que me entristeció porque me pareció muy racista».

Mercedes Rodríguez.
Mercedes Rodríguez.

En Manchester, donde ella vive con su marido y su hija, la opción más votada fue la perdedora, o sea, seguir junto a sus 27 socios comunitarios. Ocurrió lo mismo en las ciudades más pobladas, la primera de ellas Londres, que es donde más extremeños hay. Un año después de aquel sorpresivo puñetazo en la boca del estómago del europeísmo, ellos describen cuánto de alargada es la sombra del ‘Brexit’ en dos dimensiones: su día a día y sus planes de futuro.

A José Pizarro, seguramente el cocinero español más famoso del Reino Unido de Gran Bretaña (Inglaterra, Escocia y Gales) e Irlanda del Norte, el resultado del referéndum le impulsó a meter en un cajón el proyecto que tenía entre manos. «Iba a crear una empresa de importación, pero decidí cancelarlo todo hasta que pase la incertidumbre y se aclare el panorama». Su explicación incluye una palabra que aparece también en los relatos de otros extremeños: incertidumbre.

«El referéndum no me ha hecho cambiar de planes porque no sabemos qué va a pasar», anticipa Juan de Dios Parra, pacense que trabaja como consultor en la empresa Dale Carnegie London. Aunque a día de hoy no se plantea dejar Londres, tiene claro que no se va a quedar «en un lugar -razona- en el que no nos quieran o en el que nos lo pongan difícil; en ese caso buscaríamos un sitio en el que se valorara el sacrificio que supone estar lejos de nuestras familias y amigos para cumplir nuestros sueños».

Él coincide con los demás al dejar algo claro: nunca se ha sentido discriminado por su condición de extranjero y no conoce a nadie que lo haya sufrido. A ello ayuda el hecho de que vive en Londres, una ciudad donde ser extranjero está al cabo de la calle. «Vas en el metro y en ese vagón pueden ir personas de diez países diferentes», ilustra Guadalupe Rodríguez, la hermana de Mercedes. Es de Badajoz, aparejadora, y trabaja como supervisora de cuentas en el sector de la construcción. «En Londres yo me siento una más, nadie me ha hecho sentir mal por ser española, todo lo contrario». «Pensaba que el ‘Brexit’ me afectaría, pero no, aquí todo sigue igual -desgrana-. Estaba un poco angustiada porque pensé que sería difícil cambiarme de trabajo, y mi sorpresa fue que en el momento en que volví a activar mi currículum, no paró de sonar el teléfono. Y para remate, en la empresa británica en la que he empezado a trabajar me han escogido en parte por ser española, pues me dijeron que estaban muy contentos con los ingenieros, arquitectos y aparejadores españoles que trabajan para ellos».

Guadalupe Rodríguez.
Guadalupe Rodríguez.

«Vine -resume Guadalupe Rodríguez- con el objetivo de aprender inglés y crecer laboralmente, y el ‘Brexit’ no va a quitarme esa ilusión». «Habrá que esperar a las condiciones de la salida para ver cómo nos afecta el cambio -amplía-, pero por ahora, seguimos».

A la luz de las cifras, su planteamiento es el más extendido entre los pacenses y cacereños que viven en el Reino Unido. A fecha 1 de enero de este año eran 953. Doce meses antes, 861. Y otro año atrás, 759, según el INE (Instituto Nacional de Estadística). O sea: la colonia extremeña en las islas británicas no ha dejado de crecer en los últimos años. Y tampoco el interés de los universitarios en pasar allí durante un año. En el curso 2016/17, el departamento de Relaciones Internacionales de la Universidad de Extremadura gestionó 31 solicitudes de estudiantes que quería disfrutar de una beca Erasmus Plus en el Reino Unido. Y para el próximo curso ha tramitado 36.

Dos indicadores (el padrón de extremeños en el extranjero y los Erasmus) apuntan hacia un efecto nulo de lo que votaron los británicos. Pero un tercero aporta la pista contraria. En el año 2015, el Colegio de Enfemería de Badajoz -el de Cáceres no tiene datos -emitió treinta certificados para colegiados que se fueron a trabajar al Reino Unido. En 2016, uno. Y en lo que va de este año, ninguno.

Ni los que lleguen en los próximos meses ni los que están allí desde hace mucho o poco tiempo saben las condiciones exactas de la salida del Reino Unido de la UE y sus consecuencias. Ni siquiera los actores principales lo conocen. «Hasta ahora, siendo europeo puedes circular, trabajar o alquilar piso, porque por ahora no han movido ficha», explica David Gómez, ingeniero industrial de Villafranco del Guadiana que vive en Chessington (al sur de la capital inglesa), adonde llegó tras pasar por Escocia y Noruega. Ahora trabaja en una fábrica de procesamiento de pescado (salmón y atún, entre otros), rodeado de emigrantes. «En mi departamento somos doce y solo dos son ingleses, aparte del supervisor y el manager general», detalla Gómez, único español de un equipo en el que hay gente de Portugal, Grecia, Irán, Irak, Filipinas, Malasia... En la parte de producción hay unos doscientos trabajadores, la mayoría procedentes de Europa del Este.

David Gómez, ingeniero industrial de Villafranco del Guadiana.
David Gómez, ingeniero industrial de Villafranco del Guadiana.

«No preocuparse»

«La gente no se debe preocupar -tranquiliza el ingeniero pacense- , no van a echar a nadie; de otro modo este país no funcionaría». «Lo que sí van a regular y controlar más -continúa- va a ser el tema de la religión musulmana y las personas que procedan de según qué países». «Cocineros, limpiadores, taxistas, conductores de autobús, médicos, empleados de seguridad en el metro, dentistas... Aquí ves a toda clase de trabajadores de cualquier nacionalidad, lo que te hace preguntarte dónde trabajan los ingleses».

En su caso, la situación generada tras la histórica votación no le ha hecho cambiar de planes. Su deseo es regresar a España, pero cree que tiene más posibilidades de trabajar en otros lugares, porque «cualquier país de la zona norte de Europa, llámese Holanda, Reino Unido, Noruega, Alemania o Dinamarca, siempre va a funcionar mejor que nuestro corrupto país». «Se te quitan las ganas de volver cuando ves que tus dirigentes no se cansan de ser unos estafadores que siguen engordando sus bolsillos, y encima el pueblo les sigue votando», reflexiona David Gómez, que no comprende cómo es posible llegar a ser presidente del Gobierno de España y no saber inglés, una habilidad que se exige a cualquier emigrante que aspire a tener un buen trabajo. «Mis amigos en el extranjero realmente no se creen que Rajoy no sepa hablar inglés, y cuando les pongo vídeos en los que sale intentándolo, sus caras no son de risa sino de perplejidad», ilustra el joven ingeniero, que dejó su país natal harto de la voracidad de su mercado laboral. Se cansó de ver a compañeros enganchando contratos de prácticas de a seiscientos euros mensuales, hasta que cumplido el año, los echaban para que la rueda de los bajos salarios siguiera girando. «Todo muy vergonzoso, y algo que en un país como Inglaterra no es que sea ilegal o no, es que sería una práctica vergonzante para la propia empresa».

El chef José Pizarro, natural de Talaván, lleva 18 años en Londres.
El chef José Pizarro, natural de Talaván, lleva 18 años en Londres.

Con este planteamiento como punto de partida, parece más factible que David Gómez haga carrera fuera de España, como ha hecho José Pizarro, que llegó a Londres en el año 1999 «con cincuenta mil pesetas y sin saber hablar inglés», recuerda. Ahora tiene tres restaurantes, da empleo a 98 personas -solo tres de ellas británica- y es una referencia para la prensa británica. «El único problema de adaptación que yo he tenido aquí ha sido con el idioma cuando no lo sabía, pero por lo demás, siempre me he sentido muy bien acogido», resume el chef nacido en Talaván.

18 años viviendo en Londres, y su experiencia como empleado primero y empresario después, le dan para tener una idea de cómo es la sociedad y la economía del país en el que vive. «El ‘Brexit’ puro y duro, el abandono total de la UE, no se lo pueden permitir ni el Reino Unido ni la Unión Europea», opina. «Me preparo para lo que pueda venir pero intento no darle mayor importancia, y sobre todo procuro no trasladar la incertidumbre a mis trabajadores», plantea Pizarro, que hace bandera de su tierra cada vez que puede.

Francisco Javier Salguero, veterinario de Badajoz:: HOY
Francisco Javier Salguero, veterinario de Badajoz:: HOY

En esto se parece a Francisco Javier Salguero, veterinario de Badajoz que emigró con la idea de estar en el extranjero un par de años o tres y va por diez. En España trabajó en el INIA (Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria) y en el Reino Unido, para su Ministerio de Agricultura. Desde hace cuatro años ejerce como académico senior en la Universidad de Surrey. «Todo esto del ‘Brexit’ -reflexiona- es consecuencia de una manipulación por parte de políticos mediocres y un sector de la prensa, más preocupados en buscar un chivo expiatorio, en este caso los extranjeros comunitarios, que en dar soluciones a los problemas profundos que tiene la sociedad aquí, a pesar de ser la quinta economía mundial». «Nada nuevo bajo el sol», resume Salguero, que entiende que la situación es el resultado «de una mala planificación general». «Cuando la primera ministra dice que nadie se preocupe, que se buscará el talento allí donde haga falta, no se da cuenta de que normalmente, el talento escoge dónde quiere ir», añade el veterinario de Badajoz, que recuerda «haber estado en reuniones en el Ministerio en las que no había ni un solo británico».

A su modo de ver, la sociedad de las islas es hoy «más o menos la misma» que antes del referéndum. «El sentimiento eurófobo sí que se ha sentido hacia los europeos del Este, que suelen realizar trabajos que no precisan de cualificación, aquellos que los británicos no quieren hacer». Además, cree que «ha aflorado más una de las características de la sociedad británica, que es el sentimiento de clase».

Y un cambio más: la depreciación de la moneda. Un trece por ciento respecto al euro en el último año. «En nuestra vida diaria prácticamente no ha cambiado nada todavía, lo que sí es una queja común entre la comunidad de españoles es el cambio de libras a euros, porque la devaluación de la libra ha hecho que nuestros ahorros disminuyan considerablemente», explica Mercedes Rodríguez. «Muchos -añade- pensamos en cambiar euros antes del referéndum, pero es que para nosotros era impensable que los británicos votasen ‘Leave’».

La ingeniera pacense tiene claro que la situación de los trabajadores extranjeros cambiará, «y de hecho ya ha habido charlas informativas sobre el impacto del ‘Brexit’, organizadas a través del Consulado, pero aún no hay nada claro». «Mis principales preocupaciones son el acceso a la Sanidad, la equiparación de las contribuciones a la Seguridad Social española y los permisos de residencia, además de derechos sociales como la maternidad».

Juan de Dios Parra.
Juan de Dios Parra.

Ella, que siempre se ha sentido muy bien acogida, «no pensaba que hubiera personas de mi entorno -admite- que no estaban tan contentas con que hubiese tantos inmigrantes europeos». Aunque deja claro que siempre se ha sentido parte de la sociedad en la que vive en igualdad de condiciones que los nacidos allí, Mercedes Rodríguez también reconoce que el ‘Brexit’, añadido a su maternidad, han hecho que ella y su marido se planteen volver a España o emigrar a otro país. «Veo -concluye- que mis derechos pueden ser recortados y pasar a ser una ciudadana de segunda».

Juan de Dios Parra, por el contrario, no contempla dejar Londres, ciudad a la que llegó hace un año y medio con un nivel de inglés «casi de cero». Empezó limpiando platos en un bar. Después fue camarero. Y ahora, en su trabajo como consultor, da charlas en las que habla sobre comunicación, liderazgo o motivación. Ha vivido en cinco casas en dos años, pero ha acabado encontrando su sitio. Cada mañana coge su bici y pedalea durante cuarenta o cincuenta minutos hasta llegar a ‘la City’ (el distrito financiero de la capital inglesa).

«Ante la incertidumbre, reflexiona el consultor de Badajoz, mi padre nos enseñó a mi hermano y a mí que hay que seguir trabajando y mirar hacia adelante, y cuando llegue el problema ya veremos qué hacemos».

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