Vergonzoso adoctrinamiento

Ni el PP ni el PSOE han tenido redaños para acabar con la siembra de odio a jóvenes catalanes, vascos, navarros, baleares, etc. Sería el colmo que en Extremadura hiciéramos algo parecido

LUCIANO PÉREZ DE ACEVEDO Y AMOAbogado

Según parece, la Junta de Extremadura está dispuesta a adoctrinar paladinamente a nuestros retoños incluyendo en los libros de texto, por cuenta de la Memoria Histórica, una definición tan sectaria de la Transición como «un pacto de silencio» acordado para evitar la condena del franquismo, gruesa mentira que deja muy claro que el Sr. Fernández Vara no estuvo, no participó en la Transición, donde sí estuvo el Sr. Rodríguez Ibarra, a quien puede preguntar para evitar estos errores mayúsculos, aunque una cosa es lo que sabe el expresidente, y otra muy distinta lo que ahora quiera decir.

La Transición a la democracia la hicieron, a partes iguales, el franquismo tardío reformista, la oposición democrática (liberales, democristianos y socialdemócratas), el PSOE, el Partido Comunista de España –PCE –y otros grupos análogos. Hemos clasificado al PSOE al margen de los socialdemócratas, porque en aquellas fechas era un partido marxista-leninista en pos de la dictadura del proletariado. Nunca existió un pacto de silencio entre las fuerzas políticas que trajeron la democracia con la intención de evitar la condena del franquismo, ocultando una realidad de 40 años de régimen dictatorial o autoritario, sino que el objetivo de la Transición fue reformar el Régimen de Franco y sustituirlo por una democracia como las que funcionaban en Europa y EEUU.

El PSOE de aquellas fechas quiso plantear una ruptura abierta del régimen franquista pues dudaba que los reformistas del régimen, la oposición democrática y el Partido Comunista condujeran a España a una situación auténticamente democrática; pero no tardó el Partido Socialista en darse cuenta de que el Rey, Adolfo Suárez y Torcuato Fernández Miranda querían implantar un sistema auténticamente democrático, incluso más allá de lo que en principio se esperaba de los directores del proyecto. En este sentido valga el ejemplo del Título VIII de la Constitución, que reguló el llamado Estado de las Autonomías y que llevó a cabo una descentralización política, administrativa y económica a todas luces excesiva con un desarrollo claramente perjudicial para España, hasta el punto de que hoy en día no hay un solo partidario de las autonomías fuera parte de aquellos que tienen el pesebre en sus instituciones. A los que piensan esta estupidez de que la Transición fue un pacto de silencio acordado para evitar la condena del franquismo, hay que recordarles:

1.- Los informes Foessa de 1970 y 1975 (dirigidos por Amando de Miguel) concluyeron que en las últimas dos décadas las clases medias en España se habían duplicado y las clases bajas se habían reducido al menos en una tercera parte; y en 1973 la renta per cápita superó la barrera de los 2.000 dólares (condición muy necesaria para tener democracia) mientras que Grecia y Portugal estaban en 1.589 y 1.158 respectivamente. Se había conseguido, por tanto, un objetivo de igualdad social muy significativo, pues se pasó de una acentuada proletarización a una extensiva y amplia clase media de la sociedad, pasando España a constituirse en un país moderno, industrializado ( 9ª potencia mundial y 4ª en la construcción de buques) y próspero.

2.- Tras la muerte de Franco los líderes políticos de los diferentes partidos descubrieron que la sociedad y la cultura sobre la que el Franquismo había basado su poder prácticamente ya no existía, por lo que era imposible que el régimen se reprodujera a sí mismo.

3.- La reconciliación y concordia entre los españoles fue sellada por el Indulto General de 25-11-1976 con motivo de la proclamación de Don Juan Carlos, como Rey de España; el Real Decreto Ley 10/1976, de 30 de Julio, sobre amnistía, y la Ley de Amnistía nº 46/1977 de 15 de Octubre, sobre actos de intencionalidad política o delitos políticos, aprobada por una amplia mayoría de UCD, PSOE, PCE y nacionalistas vascos y catalanes.

Por tanto, es evidente que no hubo en aquellos años una condena generalizada del Franquismo ni la misma hubiera podido existir en la situación de mejora social y económica en que se encontraba España a la muerte de Franco.

Desaparecido el Caudillo, no existía ya la sociedad originada en la postguerra, la sociedad que Franco fue moldeando durante cerca de 40 años, la sociedad franquista propiamente dicha, ni el Franquismo residual tenía ya fuerza suficiente para evitar la implantación de un sistema democrático, que era el objetivo verdadero de la Transición, junto con la reconciliación y concordia de los españoles, el llamado abrazo entre hermanos, meollo del espíritu de aquel período que cerró la Constitución de 1978. No existió, pues, ni hubiera podido existir una condena radical y generalizada del Franquismo en el lecho de muerte. Una buena muestra fue la enorme manifestación en su funeral.

Lo que andando el tiempo ha salido a la calle ha sido un antifranquismo retroactivo y un tardofranquismo nostálgico, como dice Ignacio Camacho, que ha encontrado en la sesgada Memoria Histórica el pretexto para salir del armario.

Comenzó Felipe González y continuaron la faena Rubalcaba, Zapatero y Pedro Sánchez con la malhadada intención de identificar el centroderecha con el Franquismo valiéndose de una vergonzosa y maliciosa manipulación de la realidad histórica de España adoctrinando a los jóvenes y ciudadanos con una TV nacional al servicio de sus intereses partidistas, sacando ahora a Franco de su tumba y arrojando sus restos fuera del Valle de los Caídos, símbolo de la reconciliación entre los españoles, y un largo etc. de fechorías electoralistas, en un intento de permanecer en el poder evitando lo que es la esencia de la democracia.

Ni PP ni PSOE han tenido redaños para acabar con el adoctrinamiento y la siembra de odio a jóvenes catalanes, vascos, navarros, valencianos, baleares, etc. Sería el colmo que en Extremadura hiciéramos algo parecido.