Las verdaderas consecuencias de la política de la apariencia

La ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera/HOY
La ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera / HOY
JOSÉ MARCELO MURIEL FERNÁNDEZIngeniero Industrial Vicepresidente del Club Senior de Extremadura

En los últimos tiempos se han venido produciendo una sucesión de manifestaciones públicas, realizadas por miembros del gobierno, que lejos de demostrar ideas claramente elaboradas después de un análisis serio de una estrategia, se basan en posicionamientos simplistas para quedar bien y dar una imagen de 'progresía'.

Uno de los casos de mayor trascendencia ha sido las desafortunadas manifestaciones de la Ministra de Transición Ecológica, anunciando el final del vehículo diésel, y el anuncio de un incremento del impuesto sobre el gasóleo, que por cierto no ha podido todavía ser aplicado. Las graves repercusiones de dichas declaraciones han conseguido un efecto totalmente contrario a los objetivos anunciados; no se ha incrementado la recaudación del Estado, se ha provocado una ralentización en la compra de vehículos nuevos por los particulares, se ha incrementado la compra de vehículos usados con motores antiguos más contaminantes, paralizándose así la única medida que disminuye a corto plazo las emisiones de gases contaminantes, como es la de sustituir los vehículos de más de 10 años por modelos con motores menos contaminantes, medida esta más necesaria aún dada la existencia en España de un parque de vehículos mucho más antiguo que en el resto de Europa y por tanto mucho más contaminantes.

Los efectos negativos de esta ocurrencia afecta a un sector, que supone un 9% del PIB y generaba hasta 2018 unos 235.000 empleos, Los efectos ya se han comenzado a sentir; las más de 1000 empresas del sector han comenzado a ajustar sus plantillas, solamente en el primer trimestre se han destruido más de 5.000 puestos de trabajo y la cifra podría incrementarse porque en junio ya se apunta una caída de las ventas de un 11%, SEAT anuncia la supresión a partir de Julio de un turno de producción del Audi A 1, Ford anuncia un recorte en Europa de 12.000 empleos,…

Mientras tanto se sigue repitiendo el «cuento de la lechera», de que en 2030 podemos tener un 20% del parque de vehículos eléctricos, lo que supondría vender solo en Extremadura 120.000 vehículos eléctricos en diez años, cuando el pasado año solamente se vendieron 242 unidades. Teniendo en cuenta de que el precio medio actual de un vehículo eléctrico supera los 20.000€, cerca del doble de uno convencional, la Administración extremeña debería preparar fondos para, subvencionando sólo un 25% del costo, destinar (5.000x120.000=600.000.000€) ¡600 millones de euros! a esta operación.

Que el vehículo eléctrico es una parte importante del proceso de transición energética nadie lo pone en duda, el propio presidente de A.N.F.A.C., Mario Armero, acaba de manifestar; «En cuanto a la movilidad del futuro, la patronal opina que esta transición debe ser ordenada, sin prohibiciones y que garantice la neutralidad tecnológica, con una legislación homogénea y estable, que dé certidumbre a los ciudadanos.». Una rápida implantación tiene mucho más que ver con las investigaciones para reducir el precio e incrementar la autonomía de las baterías, las cuales suponen un 50% del precio del vehículo y su talón de Aquiles.

En lugar de aprovechar la oportunidad que brinda este cambio de paradigma e invertir en la investigación y desarrollo de nuevas baterías, como están haciendo en otros países; Francia y Alemania han firmado un acuerdo al que han destinado ya 1.700 millones de euros para crear un consorcio franco-alemán de celdas de baterias, solicitando ayudas europeas que pueden llegar a los 6.000 millones de euros. Ahí es donde debería estar España, como segundo fabricante europeo de turismos que es, si no quiere ver como desaparece paulatinamente un sector que emplea a más de 230.000 personas. Nuestro vecino Portugal, en declaraciones de su ministro de economía, acaba de anunciar que lanzan una estrategia para la búsqueda y prospección de reservas de litio. Mientras tanto, los españoles nos dedicamos a alarmar a los consumidores y a bloquear la explotación de los recursos necesarios para esta nueva era industrial de la energía renovable, como es el caso de los yacimientos de Litio presentes en la provincia de Cáceres. ¡Así nos irá!.