Verdad, memoria, dignidad y justicia

Negrín encargó en secreto a un joven brillante de Llerena, Juan Simeón Vidarte, entrevistarse con el presidentede México para averiguar si estaría dispuesto aacoger a los exiliados republicanos en casode que se perdiera la Guerra Civil

FELIPE TRASEIRAProfesor de Historia

Los exaltados nacionalistas catalanes, como hemos visto durante el 'procés', han construido un relato mítico, resucitando la leyenda negra antiespañola, faltos de ideas realizables. Ausencia de programa razonable, pues, pero también podredumbre moral, como quedó de manifiesto con el enriquecimiento ilícito de la 'honorable' familia Pujol.

De Cataluña a Euskadi. Huyendo del trueno nos topamos con el relámpago, que diría el pícaro Lázaro. El colectivo SARE hizo recientemente, en el paseo Sarasate de Pamplona una 'performance' por los presos etarras: cada media hora una persona entraba en una 'celda' para empatizar con la realidad de los presos. La pantomima fue contestada por una manifestación organizada por la Asociación Navarra de Víctimas del Terrorismo, con el lema que titula este artículo. Aún se perciben, durante otra 'performance' vasca las burbujas chispeantes del brindis de la socialista vasca Idoia Mendia con el siniestro Otegi y el 'bon vivant' político Ortuzar. Ello con el visto bueno del inquilino de la Moncloa.

Pero la 'performance' por excelencia fue la del mayo del año pasado con motivo de la disolución de ETA. Contaron incluso con mediadores internacionales. Perseguían blanquear ETA, en cuyo desarrollo tuvieron responsabilidad muchos, como el PNV, necesitado también de aclarar algunas páginas negras de su historia. Intentaban hacer ver que ETA depuso las armas de buena voluntad, cuando en realidad fue vencida por la acción conjunta de la Policía, la democracia y la colaboración internacional. Lo que tenía que haber sido una aceptación humilde de su derrota, una petición sincera de perdón y una disposición a colaborar con la justicia devino en un acto falsario. Uno de estos rutilantes mediadores fue Cuauhtémoc Cárdenas, apellido que nos produce evocaciones históricas.

Flashback: España-México, 1937-1938. Encontrándose Juan Negrín, presidente del gobierno republicano español, en septiembre de 1937, en Ginebra para asistir a las reuniones de la Sociedad de Naciones, requirió a una persona de su confianza para que se reuniera urgentemente con él para encargarle una importante misión. Se trataba de entrevistarse con el presidente mexicano, Lázaro Cárdenas, y averiguar si estaría dispuesto a acoger a los republicanos españoles en el caso de que se perdiera la guerra. Este encargo, totalmente secreto, lo llevaría a cabo con éxito un joven y brillante político, Juan Simeón Vidarte, amigo de Negrín y subsecretario de Gobernación. De Llerena, Badajoz.

El matrimonio Vidarte compartió numerosas veladas y reuniones con el mandatario mexicano y su esposa en la residencia presidencial Los Pinos. Al final, Cárdenas aseguró a Vidarte que «puede usted decir a su gobierno que los republicanos españoles encontrarán en México una segunda patria. Les abriremos los brazos con la emoción y cariño que su noble lucha por la libertad y la independencia de su país merecen».

Esta decisión fue políticamente correcta y humanamente grandiosa, sobre todo teniendo en cuenta que se tomó en contra de un sector de la población mexicana, receloso de que los refugiados españoles fueran a quitar trabajo a los nativos, y pasando por alto la polarización de la sociedad mexicana en torno a la Guerra Civil española.

Ahora, Cuauhtémoc Cárdenas –que seguramente corretearía por Los Pinos cuando su padre y Vidarte negociaban– ha intervenido como mediador en esta 'performance' sobre la disolución de ETA. Sin embargo, su presencia en la localidad vascofrancesa de Kambo, leyendo la 'Declaración de Arnaga', equivalió, incluso a su pesar, a dar cobertura moral a la banda terrorista.

Sólo en Extremadura la guadaña de ETA segó la vida de 58 personas, truncando el futuro de sus familias. San Pedro de Mérida, Villamesías, Monterrubio de la Serena, Ceclavín, Castilblanco, Santa Amalia, Cáceres, Torrejoncillo, Jerte, Santibáñez el Alto, Llerena, Pinofranqueado, Hornachos, Valencia de las Torres, Alburquerque, Higuera de Vargas, Arroyomolinos de la Vera, Torremejía, Abadía, Casillas de Coria, Badajoz y Cilleros, o sea, Extremadura por todos sus costados, contribuyó con la pérdida de algunos de sus vecinos al sangriento historial etarra.

Lázaro Cárdenas recibió a demócratas perseguidos por un dictador dispuesto a exterminarlos, pero su hijo apoya pasivamente a unos nacionalistas radicales empeñados en conducir a la mayoría de sus compatriotas hacia una sociedad totalitaria. Cuauhtémoc debía saber 1) Que ETA no actuó contra ninguna tiranía, sino contra una democracia. Y 2) Que los etarras han pedido sólo un perdón selectivo, y no a todos los vascos y españoles, condición imprescindible para posibles medidas humanitarias y de reinserción.

Detrás de la banalidad de estas 'performances' se esconde el totalitarismo al que pueden conducirnos los nacionalismos, peligro del que ya nos alertaron pensadores como Raymond Aron o Hannah Arendt. Por más escenografías o montajes que hagan, nos vamos dando cuenta de que con los nacionalismos estamos ante una verdadera plaga y ante una peligrosa secta, como respectivamente los calificaron Vargas Llosa y la profesora Roca Barea.

 

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