Los extremeños que heredan veraneos

Claire Álvarez con sus hijos Pedro y Chloé en la playa, en Conil de la Frontera, al atardecer./ARMERO
Claire Álvarez con sus hijos Pedro y Chloé en la playa, en Conil de la Frontera, al atardecer. / ARMERO

Los hijos de Claire Álvarez, cacereña, son la cuarta generación que elige Conil de la Frontera

Antonio J. Armero
ANTONIO J. ARMEROCONIL DE LA FRONTERA

Como tanta gente de aquí y de cualquier sitio, Claire le debe el nombre a su madre, francesa. Una mujer adelantada a su tiempo, que en los años sesenta viajó a Mérida con el Instituto Cervantes. Que en Extremadura se enamoró y se quedó. Que se casó y que en los años sesenta compró junto a su marido un piso en Conil de la Frontera. Medio siglo después, pasean por las mismas calles y se bañan en las mismas playas su nieta y sus bisnietos.

Conil (22.297 vecinos en el padrón municipal, según el Instituto Nacional de Estadística) es tan importante para Claire Álvarez (42 años) que fue el lugar elegido para esparcir las cenizas de su hijo Pablo, fallecido prematuramente. «Es mi paraíso, me encanta venir», resume con Pedro (12 años) y Chloé (9) a su vera. La niña se entretiene con una golosina que le deja la lengua de un azul marciano, y él no pierde hilo de «la entrevista para el periódico» que le están haciendo a su madre. El niño tiene tan claro que de mayor quiere ser piloto de Qatar Airways como que el lugar en el que veranean no es un sitio cualquiera.

«Es como si fuera mi pueblo», comenta Pedro, que tiene una jugosa lista de sugerencias gastronómicas en Conil. Del chiringuito El Puerto le gustan el gazpacho, el lenguado a la plancha y la corvina. Del chiringuito La Ola, el salmorejo, los calamares, el cazón en adobo y el arroz con bogavantes. También recomienda pasarse por 'El Nico', 'El Juaqui' -le gustan sus serranitos- y por 'Los hermanitos'.

Su hijo quiere ser piloto de Qatar Airways pero apunta a crítico gastronómico: da una decena de sugerencias en un par de minutos

En un día normal de su verano en la localidad gaditana, Claire, Pedro y Chloé bajan a la playa sobre la una de la tarde y se vuelven cuando el sol empieza a caer. Este año están alojados en casa de María, que también es extremeña. Una casualidad -«nos conocimos aquí, en unas vacaciones», apunta Claire- que aporta una pista sobre la cantidad de ciudadanos de la región que eligen esta localidad para sus veranos. En muchos casos, sus historias guardan paralelismos con la de esta familia cacereña de origen francés. O sea, hijos o nietos de extremeños que compraron un piso en Conil. O que si no lo hicieron, sí que tomaron la costumbre de elegir este municipio del litoral de Cádiz.

«Es mi paraíso, me encanta venir, y no conozco a nadie a quien no le guste», resume Claire

«A mí Conil me parece un sitio muy amable, no conozco a nadie a quien no le guste», dice Claire, que vivió en Cáceres hasta los 18 años. Con la mayoría de edad se fue a Madrid, a estudiar Diseño de Moda. Trabajó en Sevilla, también en Conil, y desde el cambio de siglo vive en Madrid. «Hubo unos años -explica- en los que explorábamos distintos destinos. Estuvimos en Marruecos, en Portugal, en el norte de España... Pero llevamos ya un tiempo viniendo aquí».

Recuerdos felices

Y cada vez más. «Me gusta mucho viajar -cuenta-, conocer sitios nuevos, pero siempre encuentro un hueco para pasar unos días en Conil, y en los últimos años hemos venido no solo en verano, sino también en alguna que otra escapada durante el año, normalmente de jueves a domingo».

De hecho, Claire hace memoria y cree estar segura de que desde la primera vez que pisó la localidad gaditana, no ha dejado de visitarla ni un solo año. Sus abuelos abrieron camino. Sus padres siguieron el ejemplo y también compraron un piso, y ella ha heredado esa querencia veraniega y algo más por Conil de la Frontera, visita obligada junto a sus hijos. Ellos, Pedro y Chloé, son la cuarta generación que para en el mismo destino para sus días de sol, playa, ocio, tranquilidad, comida rica y experiencias nuevas.

«Conil representa mi infancia y mi adolescencia, me lleva a una época en la que descubres muchas cosas», reflexiona Claire, que conoció a su marido en este municipio costero que cada verano se llena de extremeños como ella. Este guion va camino de repetirse con Pedro y Chloé, que quizás sigan yendo al sitio en el que veranearon sus abuelos y sus bisabuelos. Y puede que hagan como su madre, que se junta en la costa gaditana con los amigos. «Tenemos un grupo -cuenta Claire-, y todos dicen lo mismo: les encanta Conil».