'Venezolarizando' España

'Venezolarizando' España
Antonio Chacón
ANTONIO CHACÓNBadajoz

Lo de que un 'relator' coordine el diálogo entre los partidos para buscar un solución para Cataluña no fue una buena idea de Pedro Sánchez. Era su enésimo guiño a los independentistas catalanes para ganarse su apoyo a los Presupuestos para 2019. Sin embargo, no ha satisfecho ni a los insaciables secesionistas, quienes exigen un mediador internacional y que la mesa de partidos tenga como objeto expreso la negociación de un referéndum de autodeterminación.

La ocurrencia tampoco gustó a los barones socialistas, que temen que las cesiones a los 'indepes' les pasen factura en las urnas, como le ocurrió a Susana Díaz. Pero lo peor es que ha sido la gasolina que necesitaban las derechas para incendiar las calles. PP, Ciudadanos y Vox han visto la gran oportunidad de elevar la presión sobre el Gobierno y acelerar su caída. Con este fin han convocado hoy a la España de los balcones a manifestarse para defender la unidad del país, aunque al alto precio de ahondar la división entre los españoles.

Esta estrategia de la crispación no es nueva. Es la misma que los populares practicaron contra Zapatero cuando pasaron a la oposición y la misma que, reconquistada La Moncloa, afeaban a Podemos y los separatistas. Lo que busca Pablo Casado de la mano de su gemelo político, Albert Rivera, y su poli malo, Santiago Abascal, es 'venezolarizar' España, equiparar a Sánchez con Maduro y agitar la calle contra el que considera un presidente ilegítimo y felón que ha cometido alta traición a nuestra nación al ceder al chantaje de los que quieren romperla.

Envuelto en la bandera, Casado quiere recuperar el protagonismo frente a Cs y, sobre todo, Vox, con el espurio propósito de taponar la sangría de votos hacia sus a un tiempo rivales y aliados. El líder popular quiere demostrar que a patriota no le gana nadie y lo que no puede conseguir en el Congreso, porque no le dan los números para ganar una moción de censura contra Sánchez, lo intenta lograr en las plazas. Ya solo le falta autoproclamarse «presidente encargado».

No obstante, tanto busca parecerse al relator de hazañas bélicas y cuentos de la criada que pronto serán indistinguibles. De hecho, el belga Mischaël Modrikamen, la cabeza visible de El Movimiento en Europa, esa suerte de internacional de la derecha nacionalpopulista promovida por Steve Bannon, el estratega de la campaña que llevó a Trump a la Casa Blanca, le ha tendido la mano. «Desde el punto de vista de la ideología, Vox parece ser el candidato idóneo, pero cuando escucho las propuestas del señor Casado para solucionar los principales problemas actuales, no creo que esté muy lejos de nosotros. Estaría encantado de tener contacto con el señor Casado y poder integrarle en El Movimiento», ha dicho Modrikamen, quien, además, cree que Aznar «sería idóneo como uno de los miembros de honor». Por su parte, si sigue pensando que La Moncloa bien vale una misa, Cs corre un grave riesgo de acabar devorado por la mantis religiosa voxista.

Kant decía que «la paciencia es la fortaleza del débil y la impaciencia, la debilidad del fuerte». Y Sánchez es un presidente débil pero paciente; no en vano se titula 'Manual de resistencia' el libro que acaba de publicar. En cambio, Casado y Rivera comparten el pecado de la impaciencia. Y ya advertía Kafka: «Todos los errores humanos son fruto de la impaciencia, interrupción prematura de un proceso ordenado, obstáculo artificial levantado al derredor de una realidad artificial».