Las vacaciones de los niños de Chernóbil

Olga, Dimas y Valeria son tres de los cinco menores rusos que pasan el verano con familias extremeñas

Mª Luisa, Mª Eulalia y Juan Manuel con sus niños de acogida. / Brígido
Miriam F. Rua
MIRIAM F. RUA

'¿Sabes qué es Chernóbil?'. Asiente Olga, de 9 años. Intenta explicarlo con palabras, pero sabe poco de español y tira de mímica. Con las manos hace la forma de una explosión y a la vez dice: pum. Dimas tiene 10 años y hace un gesto muy parecido ante la misma pregunta, pero lo acompaña con una frase demoledora. «Muchos niños muertos».

Los dos viven en Novozybok, la llamada capital del Chernóbil ruso. Esta ciudad fue la más afectada de toda Rusia por el desastre nuclear dada su cercanía con la central ucraniana que hoy, 33 años después, sigue siendo una tierra contaminada por la radiación. Desde hace tres años, Olga y Dimas pasan el verano en Extremadura.

Llegaron el 21 de julio. En su primera revisión médica nada más aterrizar en España, el pediatra detectó radioactividad en el cuerpo de Dimas. Olga lleva cinco operaciones para eliminar quistes que también asocian a los efectos del accidente nuclear. Nacieron dos décadas después de que saltase por los aires el reactor cuatro, pero ellos son la prueba de que Chernóbil sigue dejando secuelas físicas.

Dimas, Valeria y Olga en un parque de Mérida.
Dimas, Valeria y Olga en un parque de Mérida. / Brígido

Los dos tienen por delante 70 días para respirar el aire de Extremadura, comer fruta sin miedo y llenarse de abrazos. A eso vienen, a recuperar la salud y llevarse de vuelta el cuerpo y el alma con las defensas altas.

«Los niños rusos afectados por Chernóbil viene fundamentalmente por salud. Se vuelven a Rusia muy revitalizados. Cuando vienen se les cae el pelo, pero se van con el cabello más fuerte y abundante y con cuatro o cinco kilos más. También les bajan los niveles de radioactividad, sobre todo por la alimentación porque allí siguen consumiendo productos que están cultivados en tierra contaminada», relata Juan Manuel Álvarez, padre de acogida.

Quizás por esto adoran la fruta. «Devoran la sandía, el melocotón, el melón y las cerezas», dice María Eulalia Carmona, madre de acogida. Aunque la comida favorita de Olga es la paella y la de Dimas las patatas fritas con 'nuggets'.

Los nombres de los platos los pronuncian en un perfecto español, aunque se les nota la procedencia por cómo remarcan las 'erres'. Cuando aterrizan en España vienen con tres mensajes aprendidos: 'Hola', 'quiero comer' y 'te quiero mucho'. El traductor de Google salva las primeras conversaciones y al final, se van hablando el idioma porque son esponjas.

Ellos son dos de los cinco niños rusos que están pasando las vacaciones estivales en Extremadura acogidos por familias de la región, de la mano de la asociación 'Todos somos niños', con presencia en nuestra comunidad autonóma, Madrid, Castilla-La Mancha y Castilla y León. Dos están en Mérida, otros dos en Trujillanos y una en Plasencia.

También de Siberia

Este colectivo nació en 1996, una década después de la tragedia nuclear, precisamente para ayudar a los niños de los países que viven en el radio de afectación de la central de Chernóbil.

Con el tiempo han ampliado el programa de acogimiento a niños de la región rusa de Siberia, donde estuvieron los gulags de Stalin. Desde allí viene Valeria, que acaba de celebrar su 11 cumpleaños en las que ya son sus quintas vacaciones en Extremadura.

Ella no procede de una tierra radioactiva, pero tiene que combatir la hostilidad de vivir gran parte del año con una climatología severa. «Menos cuarenta», dice cuando el termómetro en Mérida, donde vive con su familia, llega a la misma temperatura pero en positivo.

Ella viene en busca de la vitamina del sol y lo tiene fácil porque lo que más le gusta de pasar las vacaciones aquí es «comer, bañarme en la piscina y estar con mi mamá y mi papá». Así se refiere a Álvarez y María Eulalia su familia de acogida. Valeria es huérfana, está bajo la tutela del estado ruso y vive con una familia que la tiene en acogida a ella y a otros trece niños, a los que ella llama hermanos.

Le falta afecto, detecta su familia extremeña. «Allí es difícil que reciban un abrazo, una caricia o un beso, eso también se lo llevan de aquí», dice Álvarez.

Hasta el próximo 1 de septiembre chapotearán en la piscina, comerán sus platos favoritos, andarán en chanclas, viajarán a la playa y recibirán la energía y el amor que les hará más llevadera su vuelta a casa.

El tirón de la serie de HBO para animar a más familias

Chernóbil es hoy conversación de café gracias a la exitosa miniserie de televisión de HBO. La asociación 'Todos somos niños' cree que el tirón mediático puede ayudar a recuperar el interés de las familias por ayudar a los niños afectados por el accidente nuclear. «Necesitamos más familias porque hay muchos niños que necesitan venir aquí para recuperar salud», explica María Eulalia Carmona, que coordina en la provincia el programa de acogida de la asociación 'Todos somos niños'. Para ella, la experiencia es maravillosa. «Es muy satisfactorio porque ves cómo mejora su salud y además muy divertido porque te aportan mucha alegría y te imponen un poco de dinamismo».