¿Universidad gratis?

Hay quien opina que, en tanto los recursos que se destinen a la gratuidad de la educación, para el hijo de Amancio Ortega incluido, sean extraídos del presupuesto, la medida es regresiva

¿Universidad gratis?
FELIPE SÁNCHEZ GAHETE

Vergeles recientemente declaró: «Mi vocación siempre había sido la de médico… yo siempre le estaré eternamente agradecido a los gobiernos socialistas de Felipe González… En otras circunstancias de la vida, el hijo de un mecánico con unos ingresos modestos no hubiera permitido que mi hermana y yo pudiésemos estudiar los dos fuera».

Se ve que Vergeles no conoció al PIO. El PIO es de julio de 1960. Los seminarios y los codos habían sido hasta entonces las únicas opciones de los carentes de recursos. El Patronato de Igualdad de Oportunidades llevó con sus becas a la Universidad a miles de hijos de familias humildes. Había, eso sí, que valer y que estudiar de firme.

Antes del PIO, con un esfuerzo titánico y una cabeza privilegiada –binomio hoy tan denostado–, la gente –como en mi pueblo los hermanos Martínez, hijos de alcalde socialista fusilado– también llegaban a lo más alto, pero eran los menos.

La Junta planteaba en junio que la educación sería gratuita en la Universidad de Extremadura, y hace unos días extendían a la UNED la exención de tasas para los que aprueben en primera convocatoria, para que «en ningún caso la situación económica sea motivo de no cursar formación universitaria».

Antiguo becario, me parece muy bien, pero, sin añorar nada, reflexiono: El pago de las tasas se realiza en función del número de créditos en que el alumno se matricula, y los títulos de Grado tienen 240 créditos ECTS, 60 créditos por curso académico. Parece ser que valoran las horas que se dedican al estudio, entre 25 y 30 horas por crédito, incluyendo horas lectivas, de estudio, tutorías, seminarios, trabajos, prácticas o proyectos…

Esta bienintencionada cosa pretende facilitar la movilidad de los estudiantes y la convalidación de sus estudios, pero no olvidemos que el infierno está empedrado de buenas intenciones. Los precios públicos para, por ejemplo, Químicas en la UNED son de 20,48 euros el crédito, sea el que se matricula hijo de Amancio Ortega o del más pobre de España.

En la UNAV, la universidad privada de Navarra, el precio está en 178,7, euros, 150 más. 1.228 € los 60 créditos en la Uned, 10.722 € en la UNAV. Es evidente la diferencia brutal de precios entre las públicas y las privadas. Por eso me pregunto: Si sostenemos con nuestros impuestos las universidades públicas, ¿no deberían los costos aproximarse al valor real, y las becas ser de la cuantía necesaria para cubrirlos? Hay quien opina que en tanto los recursos que se destinen a financiar la gratuidad de la educación, para el hijo de Amancio incluido, sean extraídos del presupuesto, la medida es regresiva, pues se desplazarían inversiones que benefician directa o indirectamente a los más pobres, como son el gasto en salud, vivienda, obras públicas y otras.