La universidad de todos

No hay que ser derrotistas con la UEx, pero sí hay que ser exigentes porque se sigue confiando en ella como pilar y motor de la región, como se saludó su llegada hace 50 años

Los tres candidatos a rector, Antonio Hidalgo, Marisa González y Manuel González Lena :: / PAKOPÍ
Pablo Calvo
PABLO CALVOCáceres

Este mes de noviembre se cumplen 50 años de la primera vez que se pudieron cursar estudios universitarios sin necesidad de abandonar Extremadura. Se puso en marcha la Facultad de Ciencias, en Badajoz, dependiente de la Universidad de Sevilla, y la crónica de la época del diario HOY lo saludó como un «día trascendente» por ser la Universidad «un instrumento redentor de la región y palanca que impulsa su promoción material y cultural».

Medio siglo después quedan pocas dudas de que la Universidad de Extremadura (UEx), que se crearía como institución autónoma poco después, en 1973, ha sido y es un elemento que permite generar riqueza y mejorar la calidad de vida de la región. Principalmente porque ha facilitado el acceso a la educación superior a miles de personas que en otras circunstancias tal vez no hubieran podido permitírselo. Ha contribuido a crear una sociedad mejor formada y por tanto menos manipulable, más rica material y humanamente.

Coincidiendo con este aniversario, la UEx celebrará el próximo día 27 las elecciones al Rectorado, a la que optan tres catedráticos y los tres de la Facultad de Ciencias: Manuel González Lena, Antonio Hidalgo García y Marisa González Martín, primera mujer que aspira a ser rectora, lo que da idea de que las transformaciones a las que se enfrenta cada sociedad ni son tan rápidas ni tan fáciles.

En el caso de González Lena se da la circunstancia de que sería el primer rector que previamente ha sido alumno de la UEx. Antonio Hidalgo, murciano de nacimiento y formación, forma parte de aquello que la Universidad ha llevado consigo durante todas estas décadas: la captación de recursos humanos significativos que se han puesto al servicio del desarrollo de la sociedad extremeña.

El pasado martes, los candidatos tuvieron la oportunidad de confrontar su visión de la UEx en un debate organizado por este diario. Los tres aspirantes coincidieron en gran parte en el diagnóstico de los obstáculos y problemas a los que se enfrenta la institución. Por ejemplo, el rejuvenecimiento de la plantilla ante el alto número de jubilaciones inminentes; la necesidad de mejorar la financiación, afectada por los años de crisis; un plan de dedicación académica; o la preocupación por el descenso de alumnos, por causas demográficas y de otra índole.

No hay que ser derrotistas con la UEx, pero sí hay que ser exigentes. Los males que la aquejan son compartidos en muchos casos con el conjunto de la Universidad española, que aparte de ser cuestionada en los últimos tiempos por los mediáticos casos de favoritismos de los másteres, es decir, por la falta de control en su funcionamiento, es puesta en entredicho a menudo por las precarias condiciones laborales que soportan parte de los docentes e investigadores, lo que inevitablemente perjudica su calidad.

Pero el que algunos males sean compartidos (la UEx se ha mantenido ajena a los 'regalos' de títulos), no significa que la sociedad extremeña no espere de su comunidad universitaria y de la Administración competente el mayor de los esfuerzos y dedicación para alcanzar si es posible la excelencia, y en cualquier caso unos niveles de funcionamiento comparables con cualquier otra institución de educación superior.

La UEx nos incumbe a todos. Y no solo por el hecho evidente de que se nutre de fondos públicos de los que debe hacer buen uso y dar cuenta. Hace medio siglo se pusieron en ella las esperanzas de desarrollo de una sociedad atrasada, que ha evolucionado en sus niveles educativos de forma exponencial y que por tanto hoy está mejor preparada que hace 50 años gracias en gran medida a la propia Universidad. Pero hoy se sigue confiando en ella para que actúe como pilar y motor de Extremadura, para lo cual debe huir del encastillamiento y ensimismamiento que en ocasiones la ha alejado del conjunto de la sociedad, e incluso de la evolución del mercado laboral y de los nuevos intereses y demandas de los ciudadanos.

Quien ocupe el Rectorado tendrá el reto de servir a ese propósito mientras afronta los problemas cotidianos de gestionar una 'empresa' que implica a 25.000 personas entre alumnos y trabajadores con recursos siempre limitados. Suerte a los tres.