El único baño

ALEJANDRO PACHÓN

Vuelven bronceados tras las vacaciones. Te paran y te dicen «te veo estupendo», esperando que les devuelvas el cumplido, pero como no lo considero un cumplido no lo hago. La frase puede traducirse también como : «Te digo esto para animarte porque estás de pena y blanquecino», «Qué raro te veo» y «estupendo» puede ser un eufemismo de gordo.

Vuelven al trabajo y preguntan que dónde he pasado el verano, aun sabiendo que no voy a ningún lado, pero que no voy a ser yo quien se pierda las luces del otoño y la posibilidad de viajar sin agobios y calor.

Cuando era niño mis padres nunca nos llevaron de vacaciones. Sueldo de ferroviario y familia numerosa. La primera vez que vi el mar fue en el campamento de la OJE en Chipiona, pero aquello no eran vacaciones sino una versión reducida de la 'mili' que nos esperaba más adelante. Ya de adultos hacíamos algún viaje o escapada, pero veraneo, lo que se dice veraneo, nada. No me gustan las playas ni las piscinas aunque tampoco es una experiencia muy agradable pasar en Badajoz el puente de agosto, con todo cerrado y las calles peatonales deambuladas por forasteros con raíces locales, cuyos especímenes mayores -también en chanclas y pantalones cortos- van comentando que ahí estaba tal comercio y que ahora todo está cerrado y qué pena de Casco Antiguo. Eso es lo que es mi barrio visto desde fuera: una destartalada reserva natural tirando a gueto. Creo que van a prohibir que nos echen comida a los indígenas.

Algún día he cogido el coche y me he ido al Carrascalejo via Mirandilla a por las peras de mi árbol, en plan 'Il sorpasso' y esperando encontrar a un Jean-Louis Trintignant o a una Monica Vitti con quien conducir por los secarrales.

Aun así me he dado un gran baño esta temporada. Una larga inmersión en una piscina de bolas de colores. Un líquido y fresco viaje en el tiempo gracias a la obra maestra de Tarantino titulada 'Érase una vez en Hollywood'. Me ha hecho sentir un orgulloso miembro de aquella juventud que disfrutó los finales de los sesenta, más aún siendo músico y coleccionista de carteles de cine. Los temas de Vanilla Fudge, Los Bravos o José Feliciano. Los afiches, algunos inventados por Tarantino, otros reales. El éxtasis infantil de Margot Robbie/Sharon Tate viendo en una sala de barrio 'La mansión de los siete placeres', la pelea entre Brad Pitt y Bruce Lee, Di Caprio rodando un western crepuscular y un enciclopédico bagaje de referencias y hallazgos narrativos con envoltorio de nostalgia. Tantas cosas que haría falta una página completa de este periódico para enumerarlas.

Los que «me ven estupendo» igual me lo dijeron en plan bien y habían detectado que la película me había devuelto a un pasado pop que me había hecho rejuvenecer y sentirme mejor con mi biografía. Ahora ellos también tienen la oportunidad de darse ese glorioso y último baño viendo la película.