Hasta que nos ubericen a todos

Parada de taxis en el hospital Universitario de Badajoz. :: HOY/
Parada de taxis en el hospital Universitario de Badajoz. :: HOY

Comprar por Internet en Amazon o en AliExpress es como montar en un Uber o en un Cabify

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

La mejor manera de entender lo que está sucediendo con el taxi en España es comparar con lo que está sucediendo con Amazon o con AliExpress. En el caso de las grandes corporaciones globales de venta por Internet, todos sabemos que si compramos ahí, nos resulta más cómodo, nos permite escoger tranquilamente desde casa, el producto nos llega a domicilio en poco tiempo, encontramos de todo, los precios son competitivos y si no nos gusta o no nos convence, lo devolvemos.

Cada vez que compramos por Amazon, sabemos que le estamos dando nuestro dinero a un señor llamado Jeff Bezos que vive en Estados Unidos, que sus trabajadores protestan frecuentemente por sentirse explotados y que estamos arruinando el pequeño comercio local y cargándonos a base de clics la tienda de nuestro vecino. Pero nos da lo mismo porque Amazon satisface nuestros deseos al instante. Algunos sentimos remordimientos cada vez que hacemos un pedido a esta o a otra macroempresa de venta a distancia, pero otros ni eso, e incluso tienen la cara de ir a la tienda local, probarse o fotografiar el producto, marear al comerciante local, hacerle perder el tiempo y pedirlo luego a China.

El caso de los taxis es parecido. Hace un par de meses, estuve en Madrid y probé a ver qué era eso de Uber. Bajé la aplicación, la sincronicé con mi PayPal, operé como mandaban las instrucciones y me encantó. Estaba en la plaza de España y debía ir a la calle Hontanares. Pedí el coche, en el móvil me dijeron que me costaría 11,58 euros y que tardaría un minuto en llegar a un número de Gran Vía, justo donde yo estaba. Me coloqué en la acera, llegó el coche, amplio, negro, elegante, con los cristales tintados, con agua mineral, silencioso, climatizado, conductor venezolano muy educado, me llevó a mi destino, no tuve que pagar porque ya me cobraban en PayPal y la factura me llegó al móvil al instante. A la vuelta, más de lo mismo, precio tasado (10,77) y todo cómodo y perfecto.

Llegó el Uber y era un coche amplio, negro, elegante, con los cristales tintados, agua mineral, climatizado, silencioso y a precio tasado

Si hubiera ido en taxi, me hubiera costado unos cinco euros más y no habría sido tan rápido ni cómodo pues las aplicaciones no funcionan igual de bien. Además, el precio hubiera dependido del taxímetro, nada de una cantidad fija e independiente de atascos sorpresa o de mala suerte con los semáforos.

Hasta ahí, todo correcto. Si es más cómodo, sencillo y barato el Uber, siempre lo preferiré al taxi. Es decir, igual que Amazon: si los auriculares me cuestan un euro menos y me los traen a casa, para qué salir a comprárselo a la tendera de electrodomésticos de Moctezuma, mi barrio, aunque sea amiga y un encanto. La pela es la pela y la comodidad es la comodidad...

Vale, pero ahora vamos a ver qué sucede cada vez que usamos Uber en vez de usar un taxi en Madrid. Redondeando, en la capital hay 16.000 titulares de licencias de taxi. De ellos, 13.000 tienen un vehículo y solo 126 tienen más de cuatro taxis. Vayamos ahora con los Uber y los Cabify: en Madrid hay 13.000 licencias, pero 10.000 coches son de media docena de empresarios (inversores de Tuenti, Idealista o Pepephone, fondo King Street, etcétera). Es decir, 13.000 taxistas tienen 13.000 taxis y seis empresarios y fondos tienen 10.000 Uber y Cabify. Un taxista y un conductor de Uber trabajan de media 12 horas al día, pero el taxista gana al mes 2.500 euros como media (de ahí debe pagar la mensualidad de la licencia si no la ha acabado de pagar, una licencia cuesta de media 135.000 euros) y el conductor de Uber gana 1.100 euros. Estos datos pueden variar arriba y abajo y están extraídos del INE, de un estudio de Vectio para el Ayuntamiento de Madrid y de diferentes páginas web. Pero lo importante es saber que comprar 'online' a una gran corporación y montar en un VTC significa contribuir a eso que llaman la uberización de la economía: taxistas al paro, tiendas cerradas y todos felices hasta que nos ubericen a nosotros.