Turismo de altos vuelos

Una avioneta en el aeródromo de Mérida. :: J. M. ROMERO/
Una avioneta en el aeródromo de Mérida. :: J. M. ROMERO

La concesión de nuevos permisos para la explotación de aeródromos impulsa a un sector en alza

Juan Soriano
JUAN SORIANO

El turismo de altos vuelos está en auge en Extremadura. La autorización de nuevos aeródromos en los últimos años ha impulsado las visitas de un tipo de viajero que suele tener un poder adquisitivo por encima de la media y que además gusta de repetir destino.

El Ministerio para la Transición Ecológica ha concedido recientemente el visto bueno ambiental al aeródromo El Membrillar, situado en la finca del mismo nombre en el término municipal de Helechosa de los Montes, al noreste de la provincia de Badajoz. La promotora es una empresa propiedad de Guillermo Fierro, miembro de una adinerada familia asociada a la banca y al monopolio del fósforo en el siglo pasado.

Este proyecto consiste en la construcción de un aeródromo de uso restringido que tendrá una media menor de un vuelo diario. Según la resolución publicada en el Boletín Oficial del Estado, se empleará para dar apoyo al turismo rural y cinegético en la Comarca de la Jara y la Siberia. Será de uso privado, sin ningún tipo de carácter público, pero se podrá emplear para servicios de protección civil y como base operativa para la prevención y lucha contra incendios forestales.

Pago de las Encomiendas ha impulsado su oferta enoturística gracias a su propio aeródromo

No es el único proyecto en marcha en la región. En la actualidad hay otros tres pendientes de recibir el visto bueno ambiental. Entre ellos se encuentra el hidroaeródromo de Alange, un proyecto único en España para convertir este pantano, situado a 20 kilómetros de Mérida, en una referencia para los aficionados a la aviación.

Este proyecto ya fue sometido a evaluación de impacto por el procedimiento simplificado, pero el Ministerio de Agricultura y Medio Ambiente estableció que debía realizarse un estudio más en profundidad, por lo que ha debido tramitar una evaluación ordinaria, más costosa y más exigente. El aeródromo de El Membrillar tuvo que pasar por el mismo proceso y finalmente ha conseguido el visto bueno. Para otro proyecto de una finca privada en Valencia de las Torres también se exigió una tramitación ordinaria, pero no ha llegado a presentar la solicitud correspondiente.

También está pendiente de los permisos de Medio Ambiente el aeródromo de Cáceres, promovido por la Junta de Extremadura para tomar el relevo a las antiguas instalaciones de La Cervera. Se destinará a operaciones relacionadas con la aviación deportiva y privada, estando fuera de su alcance las actividades comerciales con pasajeros. Servirá para aeroclub, aficionados a la construcción de naves y escuela de pilotos; pero también para labores de fumigación, emergencias sanitarias y extinción de incendios.

Por último, se ha pedido permiso para un nuevo aeródromo en Don Benito, un proyecto que permitirá abandonar las instalaciones actuales y contar con un espacio más adecuado. El Consistorio ha cedido unos terrenos al Aeroclub Vegas Altas para actividades recreativas, de formación y mantenimiento de aeronaves, pero también servirá principalmente para labores agrícolas, así como para emergencias sanitarias y servicios de apoyo contra incendios.

El presidente del aeroclub dombenitense, Raúl Blesa, espera que después del verano se puedan recibir los permisos pertinentes. Destaca la afición que existe en la zona, ya que se trata del segundo aeródromo más antiguo de la región después de La Cervera en Cáceres. Como indica, aunque no está ligado directamente al turismo, las concentraciones de los aficionados a este deporte ayudan a generar actividad en la zona.

Todas estas instalaciones esperan repetir el éxito del aeródromo de Royanejos, en la capital autonómica. El presidente del Aeroclub de Mérida, Luis Lechón, señala que cada fin de semana aterrizan cuatro o cinco naves de aficionados que vienen a la región a pasar un día o dos y después regresan a su lugar de origen. Como explica, se trata de personas con un cierto nivel adquisitivo, que han invertido una importante cantidad en comprar una aeronave, y que hacen de volar su modo de vida. Como el que tiene una moto y hace rutas de fin de semana. «Hay quien viene de Madrid a bañarse en Proserpina», asegura, o quien acude en verano para asistir a una obra del Festival de Teatro.

Del tirón turístico de los aeródromos saben mucho en el hotel-bodega El Moral, en Ribera del Fresno. Pago de las Encomiendas abrió estas instalaciones en 2015 con el objetivo de fomentar el enoturismo. Desde hace un año, opera en el recinto un aeródromo que ha venido a impulsar aún más estas actividades.

Diego Reyes Carrillo, responsable de Pago de las Encomiendas, señala que el enoturismo «va cada vez a más», a lo que ha contribuido la apertura del aeródromo. «Viene gente de Barcelona, Cantabria, Bilbao, Sevilla... Todos los fines de semana». Y en primavera, otoño e invierno un 60% son extranjeros. El Moral ofrece hangar gratuito y pone un coche a disposición de los clientes que quieran desplazarse para conocer Tierra de Barros o cualquier punto de la región. Los aficionados a volar tienen la ventaja de contar con un hotel en el mismo recinto y con el atractivo añadido de visitas a unas bodegas que producen 600.000 litros al año.

Hidropuertos sin despegar

Luis Lechón también está vinculado al proyecto del hidroaeródromo de Alange. En la actualidad funciona con un permiso eventual, por lo que es el primero de su tipo en España, pero espera contar con el visto bueno ambiental definitivo.

Lechón destaca el tirón turístico de este espacio, pero señala que hay serios inconvenientes que impiden su desarrollo. El principal es que en España no se conceden licencias de hidroaviones. Por ese motivo, solo pueden operar en Alange equipos con matrícula extranjera. Y eso obliga a los aficionados españoles a comprar las naves fuera del país, obtener nuevos permisos para volar, etc. Eso explica por qué el hidroaeródromo es utilizado principalmente por portugueses y franceses.

En su opinión, si se facilitara la hidroaviación Extremadura podría obtener grandes beneficios. No solo por contar con el hidroaeródromo de Alange, sino por lo que podría suponer para Orellana, Cijara, García Sola... Y pone como ejemplo el lago de Alqueva, donde se permite la llegada de naves, pero solo en aguas portuguesas.

Para el presidente del aeroclub emeritense el desarrollo de los aeródromos supondría un empuje para el turismo en Extremadura, pero se necesita una larga tramitación ambiental, mientras que los permisos de la Agencia de Seguridad Aérea no son tan complicados. Como destaca, los aficionados a volar buscan lugares para sus escapadas en fin de semana. Y la región tiene la ventaja del buen tiempo, lo que permite que tanto en verano como en invierno pueda acoger aviones llegados de todo el país y distintos puntos de Europa.