Tres décadas de encontronazos entre políticos catalanes y extremeños

El político catalán Lluís Suñé instó a apadrinar a niños de Extremadura en 2008. / HOY
El político catalán Lluís Suñé instó a apadrinar a niños de Extremadura en 2008. / HOY

Extremadura ha sido objeto en varias ocasiones de los excesos verbales procedentes de Cataluña, replicados desde la región

Álvaro Rubio
ÁLVARO RUBIOCáceres

Cataluña y Extremadura han protagonizado numerosos desencuentros. La historia institucional está llena de roces entre políticos de ambas comunidades autónomas, episodios en los que habitualmente desde la región se reacciona a las pullas que lanzan hacia el territorio extremeño los políticos catalanes de distinto signo. El más reciente sucedió hace unos días cuando la expresidenta del Parlament Núria de Gispert afirmó que Extremadura no quería asumir las competencias en Sanidad y en Educación porque suponía «mucho trabajo». Dijo que finalmente le tuvieron que obligar en 2004, mientras la región catalana ya lo hacía desde 1981. «Otra gran diferencia de quien se cree una nación y quien se cree una provincia», añadió.

Ante esas palabras el jefe del Ejecutivo extremeño, Guillermo Fernández Vara, la llamó «necia» y en la red social Twitter escribió: «Es patético escuchar y leer tantas tonterías juntas, tantas mentiras y tanta estupidez acumulada».

No ha sido la primera vez, por cierto, que De Gispert genera polémica con sus opiniones. Entre ellas, la más sonada es cuando instó a la líder de Ciudadanos en Cataluña, Inés Arrimadas, a que regresara a su tierra natal, Andalucía.

En ocasiones anteriores, los catalanes ya sacaron a relucir tópicos que tildan a los extremeños de vagos y pobres, aunque los primeros roces, que se alargaron durante años, tuvieron como protagonista la cuestión económica. En mayo de 1991, por ejemplo, el entonces presidente de la Junta, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, calificó a su homólogo catalán Jordi Pujol de «impertinente» por pedir un trato diferenciado para Cataluña. Según dijo, esta región era más rica que Extremadura, «pero no porque le haya tocado la lotería, sino porque ha estado robando políticamente al resto durante el anterior régimen». De las peleas económicas entre los dos territorios a cuenta de la cesión del IRPF o la negociación de la financiación autonómica queda como resumen la frase de Ibarra: «Tener dos lenguas no significa tener dos bocas».

Apadrina a un extremeño

2008 estuvo cargado de enfrentamientos. Algunos de ellos incluso acabaron en los juzgados. Es el caso del que comenzó en julio de ese año. El número uno de Iniciativa per Catalunya por la provincia de Tarragona en las elecciones generales, Lluís Suñé, instó a apadrinar a niños de Extremadura. Así lo manifestó en un apunte recogido en su blog en el que se podía ver un cartel cuyo lema era: «SOS. Extremadura needs you». Aparecían dos pequeños desnudos con la cara y el pelo sucio. En la parte inferior destacaba esta frase: «Un 8,7% del PIB catalán no es suficiente. Apadrina un niño extremeño por 1.000 euros al mes». El cartel iba acompañado de los logotipos del Gobierno de España y de Unicef. Ante esto, la Junta de Extremadura calificó al político independentista catalán de «analfabeto». Apuntó que este tipo de hechos son fruto de la ignorancia y de los «enormes tópicos» que acompañan históricamente a esta región y a sus gentes.

El Ejecutivo extremeño puso los hechos en manos de la justicia y solicitó en un principio un año de cárcel. Luego, 3.265 euros de multa. En febrero de 2015, el juzgado Penal número 3 de Tarragona absolvió a Suñé del delito de ultraje a la nación. El juez consideró que la petición de apadrinar a un niño extremeño puede ser objeto de reproche social y que judicialmente la acusación podía haber pedido por otra vía el resarcimiento del presunto daño causado, pero en la penal no se acreditaba el delito. Finalmente, Suñé eliminó la polémica entrada y acabó pidiendo disculpas.

Ese mismo verano el exdiputado de ERC en el Congreso, Joan Puig, tildó de «malnacidos» a los extremeños por no reconocer la solidaridad catalana y salió en defensa de Lluís Suñé. Instó al exalcalde de Mérida, Ángel Calle, a disculparse por haber insultado al cabeza de lista de ICV en Tarragona, al que llamó hijo de puta. «Les guste o no, nuestra solidaridad les ha permitido superarnos (a los catalanes) en calidad de vida, y es de malnacidos no reconocerlo», dijo Puig, quien añadió que «el expolio fiscal que sufre Cataluña es tan excesivo que permite que ciudadanos de La Rioja o Extremadura reciban más euros en inversión sanitaria que los catalanes».

Confrontación por el AVE

En mayo de 2011, el que fue hasta 2014 secretario general de CIU, Josep Antoni Duran i Lleida, criticó la inversión que suponía el AVE extremeño y Fernández Vara le respondió así: «Si piensa que Extremadura no debe tener alta velocidad, que lo diga, pero que dé al menos una razón, ya que de lo contrario pensaré que quiere una España de primera y otra de segunda». El presidente del PP en Extremadura, José Antonio Monago, se mostró tajante en relación a las palabras de Duran i Lleida. «Que se dedique a su comunidad autónoma y que deje converger a los que tenemos que converger».

Un año después subió el tono. En esta ocasión contra el exalcalde de Barcelona, Xavier Trías, a quien exigió que se disculpara con los extremeños por haber opinado que hacer un AVE a esta comunidad es una catástrofe dada la escasez de dinero público. «Si no viene él aquí, estoy dispuesto a ir yo allí», dijo Monago. Calificó a Trías de dirigente «antiguo y trasnochado» y soltó la famosa frase: «Si tiene collons de repetirlo a la cara voy adonde él diga».

De esas palabras ya han pasado seis años y lo que está claro es que hay dos aspectos que no han cambiado: Extremadura sigue sin tren de alta velocidad y, segundo, los excesos verbales de dirigentes catalanes que toman a la comunidad extremeña como destino de sus dardos políticos continúan produciéndose.