El tren turístico a Castelo Branco

Embarcadero en el río Tajo, situado a un paso de la estación de Vila Velha de Rodão . :: E. R./
Embarcadero en el río Tajo, situado a un paso de la estación de Vila Velha de Rodão . :: E. R.

Este proyecto de la Diputación de Cáceres circularía por la ruta ferroviaria del Tajo

J. R. ALONSO DE LA TORRE CÁCERES.

La Diputación de Cáceres está estudiando la posibilidad de ofrecer un tren turístico entre Navalmoral y Castelo Branco. Es un proyecto precioso, aunque complicado por la parte portuguesa, ya que hay tramos en los que serían necesarias obras de mantenimiento en las vías. El viaje hasta Valencia de Alcántara no presenta mayores problemas que la lentitud. Las vistas desde el tren son variadas y componen bellas postales. En el tramo hasta Plasencia, se puede admirar la sierra de Gredos, imponente y poderosa, con los pueblos de La Vera salpicados en las laderas de la montaña. A ambos lados de la vía, las tierras de regadío regalan un paisaje verde y geométrico muy peculiar.

Después de Plasencia, la vía se mete por los vericuetos de Monfragüe y lo que el tren pierde en lentitud, lo gana en espectacularidad. Da vueltas la vía para descender hasta el Tajo y ascender hasta la llanura cacereña, el tren se acerca al agua del pantano de Alcántara y las dificultades orográficas del paso del Tajo y del Almonte son perlas paisajísticas para el viajero.

Los Llanos de Cáceres son monótonos, pero el tren, por ahí, incluso ahora, va deprisa y en un instante se llega a la capital. Dejamos a un lado las posibles paradas para admirar Plasencia, El Palancar o las queserías de Casar, situadas cerca de la vía. Y seguimos viaje hacia la frontera por las estribaciones de la sierra de San Pedro. De nuevo, Extremadura en vena: aves, montes, soledad, belleza y el tren surcando latifundios y dehesas, siempre alejado de los pueblos, dejando atrás estaciones abandonadas, que pueden interesar a los viajeros románticos capaces de disfrutar de las ruinas de la estación de Herreruela. Valencia de Alcántara da mucho juego turístico: la villa y la estación, donde el rey Juan Carlos bajó a hacer pis y así pisó por primera vez tierra española.

Al entrar en Portugal, el tren turístico debería circular por las vías en peor estado. La llamada Linha de Cáceres lleva unos años en desuso y las malas hierbas crecen entre los raíles. El año pasado, un convoy circulaba una vez al mes, muy lentamente, realizando labores muy básicas de mantenimiento. Como en el tramo Valencia de Alcántara-Torre das Vargens de la Linha de Cáceres el tráfico ferroviario ha desaparecido, algunas estaciones han salido a concurso para darles otro uso y las de Marvão-Beira y Castelo de Vide son ahora un hotel, en el primer caso, y una deliciosa pensión llamada Destino en el segundo.

Si la vía se habilitara para la circulación del tren turístico en estudio, en Torre das Vargens se entroncaría con el tramo de la Linha de Cáceres en buen uso para, en Abrantes, cambiar el sentido de la marcha y circular, por la orilla del Tajo, hacia Castelo Branco.

En este punto, Abrantes, comenzaría una de las rutas turísticas en tren más bellas de Europa, también más desconocidas y nada promocionadas. Se trata de la Ruta Ferroviaria del Tajo: la vía, que viene prácticamente desde Entroncamento paralela al curso fluvial, sigue desde Abrantes hasta Vila Velha de Rodão por la orilla derecha del río, pegada al agua, cruzando junto al castillo de Belver o las famosas Portas de Rodão (equivalente a los extremeños Canchos de Ramiro, en el Alagón, o al Salto del Gitano, en el Tajo).

En Portugal, los viajeros podrían bajar a visitar Marvão y Castelo de Vide. También hay estación en Belver para hacer parada y dar un paseo hasta el castillo, mirador fortificado sobre el río. Desde aquí hasta Castelo Branco, la etapa más interesante es Vila Velha de Rodão, que tiene el problema de los apestosos olores de sus tres fábricas de papel, pero puede ser una opción para navegar por el río desde el embarcaero situado no lejos de la estación.

Después, unos pocos kilómetros, 28 minutos de tren y fin de trayecto en Castelo Branco. La estación, en un entorno funcional, queda cerca de la parte más atractiva de la ciudad: la plaza principal, el museo de arte moderno (CCCCB: Centro de Cultura Contemporánea de Castelo Branco) y el museo Cargaleiro, además de su parte vieja y la catedral. Todo esto podrán ver los viajeros de ese soñado tren turístico que, por ahora, solo es un proyecto.