El tren de la Raya o del horror

Pasajeros de un tren extremeño, campo a través. :: HOY/
Pasajeros de un tren extremeño, campo a través. :: HOY

Los convoyes del Alentejo también sufren averías a diario

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Primera semana de agosto. Más de 40 grados a la sombra. Siete de la tarde. Los pasajeros esperan la llegada del convoy ferroviario que los lleva a la capital de la provincia. La sala de espera está cerrada y han de aguardar a la intemperie, aprovechando las sombras del edificio de la estación. El tren llega con 80 minutos de retraso. Los pasajeros montan aliviados, pero se encuentran de pronto en el infierno: el aire acondicionado está estropeado y las ventanas de los vagones no se pueden abrir.

Arranca el automotor, los pasajeros viajan asfixiados, aunque no saben que circulan camino del horror. Todo lo malo puede empeorar. Y empeora. A los 20 minutos de viaje, la máquina se avería. Los vagones se detienen en medio de la nada, en una zona de acceso difícil. Algunos viajeros deciden salir del tren con sus maletas y recorrer cuatro kilómetros, caminando por la vía, hasta la estación más próxima, a la que llegan a las once de la noche.

Los niños y los ancianos, que se habían quedado en los vagones sin agua ni comida, son atendidos por un equipo de guardias y bomberos, que se desplazan hasta el lugar de la avería. Un tren llegará a recogerlos a las 12.30 de la noche y arribarán a sus casas, al fin, ya de madrugada.

¿Les suena la historia, verdad? Es muy extremeña. Pero no, no sucedió en Extremadura, aunque hayamos sufrido por aquí otras de parecido argumento. Lo que les cuento pasó al otro lado de la frontera, en el Alentejo, el pasado 3 de agosto, en la estación de Casa Branca, donde se bifurca la vía que viene de Lisboa en dos direcciones: hacia Évora y hacia Beja. Quienes sufrieron estas desventuras fueron los viajeros que iban a Beja y la estación más próxima a la avería era la de Vila Nova de Barónia.

Leí esta información en un Talgo camino de Madrid el pasado 20 de agosto. Todas las personas a las que había comentado que me iba en tren a Madrid me habían hecho la misma broma: «A ver si llegas». Es una broma muy extremeña. Pero también muy alentejana. La Raya unida por el tercermundismo ferroviario.

El reportaje sobre los trenes del Alentejo lo leí en la edición digital del diario portugués Público, cómodamente sentado, y mi expedición llegó puntual a Atocha. El viaje fue placentero y a un precio muy competitivo: en Extremadura, para el Talgo, solo para el Talgo, se consiguen buenas ofertas comprando con antelación.

El caso es que viajé sin incidentes. Leí en el HOY de ese día que en Granada estaban aterrorizados porque les habían mandado trenes extremeños. En Público, contaban también que en la línea del Duero, los turistas viajan apiñados en un automotor alquilado a España, pero ya no les pueden alquilar más unidades. A ese tren, lo llamábamos aquí camello. No sé si circulará aún alguno por Extremadura. A los 598, que tanto se averían, se les dice por aquí cafeteras. A los convoyes del Alentejo los llaman carrancudas. Mal van las cosas cuando los trenes tienen motes.

En el Alentejo, les han prometido, tras la odisea que les he contado, que van a electrificar la línea con los próximos fondos de la Unión Europea. Allí, este verano, les han quitado los dos buenos 'intercidades' entre Lisboa y Évora para llevarlos al Algarve, donde con tanto turista son más necesarios. Les han puesto más carrancudas, que circulan a la misma velocidad que hace 50 años. ¿Les suena?

Una curiosidad: las carrancudas están llenas de grafitis. Los artistas son jóvenes grafiteros extremeños que viajan de madrugada hasta las estaciones de Beja y Évora, sin vigilancia nocturna, y decoran los vagones. Y una coincidencia: en ambas regiones, la ciudadanía y los políticos han reaccionado frente al desprecio ferroviario y la prensa, que, hace un par de años, ni tan siquiera recogía las huelgas ferroviarias por no interesar a una ciudadanía de espaldas al tren, publica continuamente reportajes sobre el ferrocarril. El tren se ha convertido en el gran tema social de la Raya.