El tren no pasa por Eljas

Manifestantes por un tren digno con pancartas de los pueblos de origen. :: Lorenzo Cordero/
Manifestantes por un tren digno con pancartas de los pueblos de origen. :: Lorenzo Cordero

Miles de extremeños piden un tren digno que no llegará a sus pueblos

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Cuando a las 11.35 de la mañana llegué a la gasolinera de la rotonda de RENFE y conté en la cola de los lavabos a 98 señoras esperando para hacer pis, supe que la manifestación por un tren digno iba a ser un éxito. Hay índices populares, nada científicos, que miden el estado de las cosas. El índice Mary Quant, que medía la longitud de las faldas, servía para calcular la gravedad de las crisis económicas (cuanto más cortas, más serias). Como ese índice ha dejado de ser políticamente correcto, ahora tenemos el índice gusanitos, la chuchería más barata, que dice que cuantos más gusanitos se venden, más crisis padecemos. Y para las manifestaciones, tenemos este índice pis, que calcula el éxito de estas convocatorias midiendo la longitud de las colas ante los baños.

La realidad, en efecto, corroboraba el índice popular: faltaba media hora para que arrancara la manifestación y entre Pizza Móvil y la rotonda de la estación, la multitud se agolpaba estrujada y espesa, o sea, más de 10.000 personas según los cánones modernos de manifestante por metro cuadrado. Si a esa cantidad le sumamos quienes esperaban en Cánovas, quienes llenaban los bares del recorrido y quienes seguían llegando al kilómetro cero de la reivindicación, la cifra de asistentes desbordaba con creces las previsiones más optimistas.

Esto del tren se ha convertido en una bandera que hace región más que ninguna otra. La reivindicación de la Virgen de Guadalupe parece demasiado espiritual como referencia revolucionaria, además, hay comarcas que prefieren seguir en Toledo y el señor arzobispo primado no está por la labor. Así que con la Iglesia hemos topado, amigo Vara, y mejor un tren digno que una Virgen escamoteada como idea a fuerza de la queja colectiva.

Y la bandera ferroviaria funciona, ¡vaya si funciona! Al grito de «Tren digno ya» o al canto infantil de: «Un, dos, tres, queremos un buen tren», extremeños de Monterrubio y de Eljas, de Cachorrilla y de Higuera de la Serena madrugaron para venir a Cáceres con su paraguas y su bandera e inundaron una ciudad que se manifiesta con cuentagotas, pero que esta vez, si atendemos al olfato de los cacereños de toda la vida (catovi), respondió bien: se veían entre la masa muchos 'catovi' a los que cuesta sacar de casa para exigir.

Así que 10.000 paraguas permitían elaborar titulares del tipo «un mar de paraguas», «reivindicando bajo la lluvia», «gota a gota, grito a grito»... No hacía frío, pero sí mucha humedad y, a pesar de la mañana desapacible, predominaban la sonrisas y reinaba esa satisfacción colectiva de reivindicar y sentirse apoyado.

Estas manifestaciones extremeñas multitudinarias tienen poco de grito herido y mucho de petición educada, como si tras tantos años rogando sin respuesta nos hubieran curado de espanto y escepticismo. No hay consignas, no hay voces que hieran, las pancartas no proclaman desgarros, sino ironía descreída y solo hubo dos momentos de intensidad emocionante: cuando una señora de Eljas entonó un canto popular, el público se fue encendiendo y acabó estallando en un clamor tremendo y cuando se cantó el himno de Extremadura, que puso un nudo en muchas gargantas y le dio al acontecimiento un barniz histórico: lo de Cáceres, ayer, fue uno de esos hitos en el camino hacia un sentimiento regional hondo y enraizado.

Cuando me iba a acercando a la cabecera de la manifestación, media hora antes de que arrancara, una pancarta ocupaba el horizonte. En ella se podía leer: Castuera. Ese topónimo bastaba para certificar lo consabido: a Extremadura la salvarán los pueblos y sin ellos, no hay salvación. ¿Qué les viene ni les va a los vecinos de Monterrubio de la Serena o de Eljas en esto del tren? Por sus pueblos no pasa ni va a pasar nunca, pero a ellos les da lo mismo porque han asumido hace años que ellos son Extremadura y viajan a Cáceres o a Madrid cada vez que la región los necesita. Gracias a ellos, tendremos un tren digno.