El tren extremeño: no hay derecho

La desertización ferroviaria de Extremadura comienzaa mediados de los años 60, durante la época de Franco,donde se queda abandonada una infraestructura ferroviariaentre Logrosán y Villanueva de la Serena, hoy vía verdeen parte de su trazado, y que quedó abandonadacon la totalidad de las vías y estaciones construidas

FERNANDO LÓPEZ RODRÍGUEZDr. Ingeniero Industrial. Catedrático de la Universidad de Extremadura

La situación del ferrocarril en Extremadura es la que ha sido siempre, y no le debemos echar la culpa a la tradicional desidia de los extremeños, o a la falta de acuerdo entre partidos políticos, o a que no nos podemos de acuerdo entre unos y otros, lo que sirve a Madrid como excusa para dilatar tiempos e inversiones.

Esta situación del ferrocarril es histórica y tiene sus inicios en épocas muy antiguas. El incidente del tren en las proximidades de Navalmoral de la Mata a primeros de año, con viajeros que nunca acababan de cruzar la noche en medio del frío, la oscuridad y sin servicios, es algo que muchos hemos conocido como normal en Extremadura.

No perdamos de vista que la desertización ferroviaria de Extremadura comienza a mediados de los años 60, durante la época de Franco, donde se queda abandonada una infraestructura ferroviaria entre Logrosán y Villanueva de la Serena, hoy vía verde en parte de su trazado, que quedó abandonada con la totalidad de las vías y estaciones construidas (todavía hoy puede verse perfectamente).

Posteriormente se clausuran 900 kilómetros de línea férrea en España, culminando con el cierre de la Ruta de la Plata que deja a Extremadura incomunicada con el norte de España. En años posteriores, se debilitan y cierran comunicaciones con Portugal y Madrid, tanto por Badajoz como por Valencia de Alcántara.

La construcción de la línea de AVE entre Sevilla y Madrid en 1992 también produjo daños colaterales, ya que el cierre de la conexión Madrid-Ciudad Real, por trazado convencional, originó que los trenes de Extremadura con destino a Madrid, debieran dar un rodeo por Alcázar de San Juan.

En el año 2013 700 circulaciones en todo el Estado son eliminadas, y en algunas, que era deficitarias como en Extremadura, se obligó a que el Gobierno Extremeño asumiera el déficit de explotación, el mismo que actualmente nos negamos a pagar, y llegamos al momento actual, en donde a pesar de que parece que todo el mundo compadece el déficit ferroviario extremeño, hay muchas situaciones que no hay derecho que sigamos soportando.

No hay derecho a que lo más rentable sea protestar y ser desleal con España y así se consiguen gigantescas inversiones, mientras que los demás tengamos que seguir emigrando y perpetuando la segregación de los más pobres, de los que son leales, de los resignados, siempre condenados a la marginación y al desprecio.

No hay derecho a que el presidente de Renfe, frente a esos raíles y traviesas viejas y achacosas, y limitaciones de velocidad a 30 kilómetros por hora, en lugar de cambiarlas, salga diciendo que van a poner un mecánico en cada tren para que haga turismo y resuelva todos los problemas.

A mediados del siglo pasado había tres tipos de clases de asientos y vagones: de tercera para familias modestas, de segunda, para comerciantes y clase media; y de primera para clases adineradas.

Desapareció la tercera clase y los viajeros se dividieron en clase preferente y clase turista, pero no hay derecho a que en regiones como Extremadura, pervivan los ciudadanos de tercera clase en cuanto a inversiones estatales se refiere. Tampoco hay derecho a que para abrir servicios hasta Badajoz se pusieran trenes de cercanías, los famosos 598, que tras rendir su servicio a los pueblos de Madrid y Toledo, se les alejaba a más de cinco horas a destinos extremos, y todavía no han terminado de sustituirse.

No hay derecho a que en un solo mes (entre el 15 de agosto y 15 de septiembre), lo trenes que pasan por algún punto de la región registraron 256 incidentes y retrasos, y menos mal que, según Renfe, el índice de incidencias está bajando. Estaría bueno que siguiera subiendo.

Tampoco hay derecho a que tras el incidente de primero de año, sigamos sin conocer la gestión que se llevó a cabo, y cómo una vez averiado un 598 y parado en Navalmoral, se decide sacar otro 598 (con la problemática que tiene) y por la noche, exponiendo a los viajeros a lo que ocurrió, en lugar de un 599, que estaba próximo (más seguro), o el traslado en autobús, que fue finalmente la solución que se tomó.

En fin, así podríamos seguir, como es el caso de que tengamos los mejores viaductos de Europa, sin trenes. Lo único que pasa es el agua por debajo de ellos, y que sigamos con infraestructura y trenes del siglo XIX, mientras que la necesitada Cataluña disponga de sus cuatro capitales de provincia conectadas por AVE.

Todo ello suena como un insulto a la inteligencia de los que confunden la resignación con la cobardía. Y los extremeños ni somos cobardes ni somos tontos aunque, a algunos, así se lo parezca. Vamos a seguir reivindicando un tren AVE y trenes dignos por mucho que esos quieran dejar pasar la cuestión y mirar para otro lado.