«Tras la denuncia te enfrentas a años de disgustos, de malas caras el fin semana»

A.A. CÁCERES.

El pasado día 15, el Juzgado de lo Penal número dos de Cáceres emitió su sentencia sobre el conocido como 'caso del ruido'. En ella, condenaba a Carmen Heras, alcaldesa de la ciudad en la legislatura 2007-2011, a dos años de prisión. Y al exconcejal de Seguridad Carlos Jurado a un año y nueve meses. También falló en contra de once empresarios de locales de ocio nocturno, a los que condenó a penas de entre dos años y tres meses y dos años y nueve meses de cárcel.

Desde el mismo día que se conoció, la sentencia -que puede ser recurrida ante la Audiencia Provincial- es tema de conversación en círculos políticos y entre quienes mantienen una lucha similar a la de la asociación Cacereños contra el ruido, que en el año 2011 presentó una denuncia penal, que es la que ha dado origen a este primer fallo judicial.

¿El caso de Cáceres anima a denunciar a otros colectivos extremeños que pelean contra la contaminación acústica? «El problema -reflexiona el vicepresidente de la asociación Espantaperros, de Badajoz- es que cuando quieres denunciar a la administración tienes que utilizar la vía de lo contencioso- administrativo, que es cara y larga, y al final tienes que recurrir a la vía penal, lo que significa esperar años y años, un tiempo en el que nadie te garantiza que no vayas a seguir sufriendo el problema». «Además -sigue-, son años en los que sabes que te vas a enfrentar a disgustos, a ver malas caras cada fin de semana, a que te toquen el timbre de madrugada y no puedas hacer nada...».

«Los procesos se alargan, cuestan mucho dinero, tiempo y preocupaciones», refrenda el presidente de esta misma asociación. Tanto uno como otro conocen decenas de casos de vecinos de la capital pacense que tienen que convivir con el ruido. «Yo sé de un matrimonio de ochenta años que cada jueves echaba el colchón en la cocina, que es la zona de la casa que quedaba más lejos del bar que emite el ruido, y dormía allí el jueves, el viernes y el sábado». «Y en Plasencia -abunda Julián Gutiérrez, presidente de la asociación Intramuros-, hay vecinos que han estado durmiendo en la bañera, porque era el sitio de la casa dónde menos se escuchaba la música del local». «Yo estuve cuatro años llamando cada viernes y cada sábado a las dos y media de la mañana a la policía», completa otro vecino del casco histórico placentino. «Sufrir un problema de este tipo -resume- te cambia la vida, el carácter, la forma de pensar, a ti y a tu familia, y además, te genera un gran sentimiento de impotencia, porque ya has ido a la policía, al ayuntamiento, a todos lados, y el problema sigue».

En lo que coinciden los representantes de Badajoz y Plasencia es en que la principal diferencia entre Cáceres y el resto de ciudades extremeñas es que en las demás no ha habido una denuncia penal. Si algún día la hubiera, Iglesias, Blanco y Gutiérrez tienen claro que los alcaldes de ayuntamientos incumplidores se expondrían a una sentencia como la dictada por el juzgado cacereño.