«Trabajé mucho pero me lo pasé muy bien en la vendimia, por eso este año voy a repetir»

Reyes Arévalo. :: hoy/
Reyes Arévalo. :: hoy

M. Ángeles Morcillo
M. ÁNGELES MORCILLOMérida

Reyes Arévalo tiene 22 años y es de Badajoz. No vive en un sitio concreto, ya que la mayor parte del tiempo se lo pasa viajando por el mundo. Los últimos lugares donde ha estado han sido Irlanda, Vietnam o Tailandia, donde ha trabajado en lo que ha ido encontrando. Ahora se ha tenido que volver a España porque le picó una medusa. Se puso mal y tuvo que regresar.

Hace un par de veranos, con tan solo 20 años, Reyes fue una de las que se embarcó en la aventura de la vendimia francesa. Porque para ella fue eso, una aventura, mucho más que un trabajo temporal. «Fue una forma de conocer otro país, nueva gente, un nuevo idioma y otros paisajes». Y por todo esto, y más, ha decidido repetir la experiencia. A finales de agosto o principios de septiembre se irá de nuevo a los viñedos de Francia a recoger sus frutos.

Una forma como otra cualquiera de ganar algo de dinero (entre 1.200 y 1.300 euros ganó cuando estuvo allí en poco más de un mes) que luego destinará a lo que más le gusta hacer en la vida: viajar. Porque durante los últimos años, es lo que mayoritariamente ha hecho. Viajar, trabajar para ganar dinero para viajar y así de forma indefinida.

En julio de hace dos años decidió irse a Francia a trabajar en el campo. Pero no en la vendimia. Antes de meterse en los viñedos, estuvo recogiendo patatas, en la campaña del girasol, en la del ajo, del calabacín... Dice que estas campañas siempre le resultaron más difíciles que la de la uva.

«Comparé trabajar en España con lo que se cobraba en el campo francés y no hay color. Hablé con varios amigos míos y uno de ellos, que subía desde Badajoz con su coche, me animó y me fui con él», rememora.

Trabajaba en los viñedos de la zona de Orange, de lunes a viernes, desde las siete de la mañana hasta las cinco de la tarde, con un descanso para comer. Y los fines de semana, como los tenía libre, se iba a conocer un poco el lugar donde estaba. Confiesa que le encanta la naturaleza y disfrutaba mucho de los nuevos sitios de Francia que descubría.

Dice que el hecho de que le tocara un buen patrón ayudó mucho a que estuviera bien allí. «Tienes mucha suerte si te toca un jefe bueno. Y a mí me tocó. De hecho, el patrón ni se pasaba por allí. Pero el jefe de grupo también se portaba muy bien». Se fue a finales de agosto y regresó en octubre a España.

Ese año no se buscó casa ni alojamiento. La estancia en Francia la hizo en su tienda de campaña. Los servicios y las duchas eran zonas comunes, como también el área de la cocina y una pequeña salita. Como ya no es novata y conoce el terreno, este año está buscando un alojamiento que incluya casa y comida, para poder estar más cómoda. Sabe a lo que va. A trabajar duro, bajo el sol, muchas horas... pero se lo toma bien porque es una forma de hacer dinero y, sobre todo, de aprender cosas nuevas. «Trabajé mucho pero me lo pasé muy bien. Por eso volveré».