«No tengo tiempo 'pa na'»

Dos señoras charlan en la calle junto a sus carritos de la compra. :: HOY/
Dos señoras charlan en la calle junto a sus carritos de la compra. :: HOY

Es la frase de moda, se escucha en cualquier sitio y resume nuestro estúpido modo de vida

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

En la acera, las dos con sus carritos de la compra, hablando sin parar. Paso a su lado. Voy camino de la charcutería-frutería. También empujo mi carrito. O tiro de él. Es un carrito de la compra de doble tracción. Mañana de sábado en el cacereño barrio de Moctezuma. Bullicio y compras. Alegría en las tiendas y resaca en los bares. Ayer fue feria y mañana también.

Sábado de puente en Cáceres. Entre fiesta y fiesta, todo el barrio sale a la calle. Perdura en el ambiente una división antigua de las labores domésticas. Las mujeres mayores de 30 y los hombres mayores de 60 hacen la compra. El resto, en casa descansando o trajinando en la cocina, en la calle haciendo deporte o en las terrazas de los bares, combatiendo la resaca ferial con cafés y con cervezas, con aguas minerales e infusiones de manzanilla con anís.

Comentarios en las terrazas alrededor del bullicio, mayor o menor que otros años, en las casetas del ferial. Debates sobre si la feria de día en el centro acabará en un par de años con la feria de día en el ferial. Anécdotas de ebriedades y pasiones desaforadas contadas entre grandes risas. Indignación por los precios de las raciones de pollo y los espetos de pinchos morunos. La feria se repite, las conversaciones se repiten, la vida en el barrio se repite y ellas dos, con sus carritos bien aparcados, siguen charlando en la acera. Al pasar por su lado, escucho un frase al azar, una frase que es una declaración de estrés, de prisa, de agobio, de ansiedad, del estúpido modo de vida occidental. «No tengo tiempo 'pa na'», le dice una señora a la otra, que replica inmediatamente: «Pues anda que yo».

El «no tener tiempo 'pa na'» como emblema, como máxima, como frase estelar de la contemporaneidad. Si fuéramos caballeros andantes o nobles damas medievales, el escudo de nuestra casa no estaría orlado por nobles palabras de altos propósitos: «Dios y mí, derechos» (Ricardo Corazón de León), «Quien resiste, gana» (Camilo José Cela), sino que se resumiría en la vulgaridad angustiada del: «No tengo tiempo 'pa na'».

Entro en la frutería-charcutería y las conversaciones, tras un repaso a las vicisitudes feriales, parecen un diario de agenda: «Vengo de cuidar a mi madre... Voy a recoger a mi nieta... Dame una lechuga y un par de tomates para una ensalada rápida, que tengo peluquería... ¿No tienes cerezas? ¡Madre mía!, pues voy a tener que recorrer las fruterías del barrio para encontrarlas porque se le han antojado a la niña... Guárdame un queso blanco, que voy a la farmacia y vengo ahora mismito...».

Lleno el carrito de quesos, embutidos, naranjas, kiwis, plátanos y verduras para el sofrito. Vuelvo a casa. ¡Increíble! Allí están las dos colegas. Siguen hablando sin parar, la una le quita la palabra a la otra, parece como si hablaran sin escucharse. Cuentan sus casos y sus cosas aprovechando las pausas de la interlocutora para arrebatarle el turno de intervención e introducir su frase en la conversación. Y al pasar a su lado, fingiendo una parada de descanso, las escucho hacer una larga y pormenorizada relación de tareas pendientes rematadas con la frase estelar dicha a coro, como cerrando la escena guiadas por un buen guionista: «No tenemos tiempo 'pa na'».

La expresión está de moda y se escucha en el café y en los pasos de cebra, en invierno tiritando y en verano sudando. Nos paramos a charlar, nos invitamos a tomar algo, quedamos para contarnos la vida y parece que el resumen de nuestra existencia es ese «no tener tiempo 'pa na'» que nos acogota y condiciona. A veces, parece que más que no tener tiempo, lo que no tenemos es capacidad para hacer las cosas cuando tocan en vez de estar todo el día pensando en las cosas que tenemos que hacer. Es el partido a partido del Cholo Simeone o el no bailar hasta que no suene la música que recomienda Arturo Pérez Reverte en alguna entrevista.

Pero nos empeñamos en pensar en todos los partidos de la temporada a la vez y queremos bailar todos los bailes antes de que arranque la orquesta. El problema no es que no tengamos tiempo 'pa na', el problema es que no hacemos otra cosa que pensar en lo que puede suceder sin que haya sucedido.