Tamames y Patas Largas

Tras la frivolidad, arrogancia y hedonismo, Luis Miguel Dominguín escondía también una inmensa generosidadpara con los demás. Además de Tamames, Jorge Semprún,Javier Pradera y otros muchos 'rojos' fueron protegidos por él

FELIPE TRASEIRAProfesor y doctor en Historia

Muy vinculado a Extremadura desde que fuera enviado por su padre a la casa de un amigo, en Don Benito, para recuperarse de la anemia madrileña de la posguerra. Conoció entonces la dehesa, la matanza y la siesta y se aficionó a leer el HOY, «que para mí fue la primera referencia de prensa diaria». Después Tamames se hizo economista, prolífico escritor (su Estructura Económica de España la hemos consultado varias generaciones de universitarios) y político.

El joven burgués ilustrado se hizo comunista porque el PCE era muy activo contra la dictadura. Al intentar democratizarlo y conectarlo con la realidad, chocó con el autoritarismo de Santiago Carrillo, quien forzaría su abandono en mayo de 1981. España le debe su contribución al nacimiento de los Pactos de la Moncloa y a la elaboración de la Constitución de 1978. Y a punto estuvo de llegar a ministro cuando Alfonso Armada intentó formar un gobierno excepcional en los agitados días previos al 23-F, cosa que hubiera estado acorde con su inteligencia, preparación y ambición. Tras crear Izquierda Unida en 1986, y en una completa deriva, ingresaría en el Centro Democrático y Social (CDS), convirtiéndose hoy en un anciano venerable totalmente recuperado políticamente.

Todo esto lo cuenta Ramón Tamames en Más que unas memorias, pero, además, otras cosas, como su relación con Luis Miguel Dominguín, Patas Largas. Su padre, el republicano y «notabilísimo cirujano» Manuel Tamames, como le calificaba ABC, era el médico personal del torero, de cuya hija Lucía fue padrino. Cuando Manolete sufrió la cogida que le llevaría a la muerte, alternaba con Gitanillo de Triana y Luis Miguel Dominguín, quien llamó al Dr. Tamames para que se presentara inmediatamente en Linares. Pero no se logró salvarle.

A comienzos de la década de los 50 llegaba a España Ava Gardner, la protagonista de Mogambo, La condesa descalza, 55 días en Pekín o La noche de la iguana, películas en las que 'el animal más bello del mundo' llenaba la pantalla, como llenó de alcohol y sensualidad el Madrid de la posguerra. Fumadora empedernida, bebedora insaciable y ninfómana incorregible, entre sus conquistas hispanas se cuenta nuestro Luis Miguel Dominguín.

El diestro madrileño actuó en Plasencia el 10 de junio de 1945 alternando con Domingo Ortega y su gran rival, Manolete. Los pacenses pudieron verle el 25 de junio de 1947. A Cáceres vino en las temporadas de 1946, 1947, 1948, 1951 y 1952, junto a Pepe Luis Vázquez, El Litri o Antonio Ordóñez, su cuñado y también rival. Por dondequiera que iba desplegaba una personalidad arrolladora, dentro y fuera de los ruedos. Picasso le diseñaba los trajes y Hemingway le incorporó a Verano sangriento. ¿Dónde los Dominguines de hoy? La fiesta nacional languidece, carente de figuras que arrastren a las masas, como lo hizo el irrepetible Luis Miguel Dominguín. Sabemos por su hijo que le encantaba el jamón de Montánchez, mandando que se lo llevaran regularmente. La vinculación con Extremadura de los Dominguines ha continuado con sus hijos Lucía y Miguel, quienes montaron negocios aquí.

Un día don Manuel invitó a sus tres hijos mayores (Pepe, Rafa y Ramón) a acompañarle a una cena con Patas Largas, quien –como buen donjuán– quería exhibir a su más espectacular conquista: Ava Gardner. La actriz norteamericana, que dio buena cuenta de todo lo que fue pasando por la mesa, deleitó en una conversación chispeante a los Tamames, boquiabiertos ante tanta belleza e ingenio. Hacia las doce de la noche el prudente doctor requirió a sus hijos para retirarse y dejar solos al torero y a la actriz. Pero el Casanova español se negó a que los hermanos Tamames se fueran, invitándoles a continuar la velada en el tablao flamenco Villa Rosa.

Hacia la una de la madrugada llegaban al tablao, en la castiza plaza de Santa Ana, antiguo escenario de las juergas de Primo de Rivera. El fino corrió abundantemente, mientras un cuadro flamenco complacía a la célebre pareja de libertinos. A las seis de la mañana el propio Patas Largas en su lujoso Hispano-Suiza trasladó a los Tamames a su domicilio, en General Arrando. El torero y la artista, incansables, borrachos de amor, aún continuarían exprimiendo la noche madrileña, de la que eran reyes indiscutibles.

Al apuntarse Ramón a las oposiciones a técnico comercial del Estado tenía que presentar certificado de adhesión al Movimiento. Con sus antecedentes de activista estudiantil contra la dictadura, y además habiendo pasado por Carabanchel, el problema era insoluble… hasta que intervino Patas Largas, su protector. Este, asiduo al Pardo y a las cacerías con Franco, con entrada en todas las estancias y covachuelas del Régimen y amigo del ministro de Gobernación, Camilo Alonso Vega, consiguió que al joven se le expidiera ipso facto el certificado. Tras la frivolidad, arrogancia y hedonismo, el que consiguiera salir cinco veces por la puerta grande de Las Ventas escondía también una inmensa generosidad para con los demás. Además de Tamames, Jorge Semprún, Javier Pradera y otros muchos 'rojos' fueron protegidos por él.

Y es que –superado el terror inmediato del fin de la Guerra Civil– a partir de mediados de los 50 la separación entre el Régimen y la oposición fue acortándose. Personas como Laín Entralgo, Ridruejo, Tovar, Ruiz-Giménez, Maravall o el periodista extremeño Juan Fernández Figueroa evolucionaron desde un inicial apoyo al Régimen a una superación del mismo, tendiendo puentes para la concordia entre los españoles, concordia simbolizada en la relación Dominguín-Tamames. Intramuros y extramuros del Régimen fueron sentándose las bases para la superación de la Guerra Civil y la posterior Transición, ahora cuestionada.

 

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