«No solo no habría que tirar Valdecañas, sino hacer de ella una oportunidad ecológica»

Cipriano Hurtado, en un banco del parque Castelar de Badajoz. / CASIMIRO MORENO
Cipriano Hurtado, en un banco del parque Castelar de Badajoz. / CASIMIRO MORENO

«Sería el colmo que los ecologistas extremeños tuviéramos que defender el eucalipto porque lo dice esa sentencia. Es nuestro árbol maldito»

ANTONIO TINOCO

Es uno de los ecologistas extremeños que puede exhibir más solera. Miembro de Adenex desde primera hora, en cuya asamblea fundacional del 25 de abril de 1978 participó activamente, ocupó la Secretaría General de esa asociación entre 1996 y 1998 y, aunque desde hace años no forma parte de sus órganos de dirección, mantiene intacto su compromiso con Adenex y su activismo en favor de la biodiversidad desde su puesto de presidente del Espacio protegido de Sierra de San Pedro, una responsabilidad que ocupa desde el 2008. Cipriano Hurtado Manzano (Don Benito, 1952), doctor en Farmacia, profesor de Microbiología en la Facultad de Medicina de la Uex, mantiene en esta entrevista un perfil de ecologista clásico, que lleva con naturalidad su amor por la naturaleza y su amor por la caza, buscador del equilibrio entre las especies, incluyendo en él al castigado Homo Sapiens extremeño. Quizás por ello se pronuncia con contundencia a favor de mantener el complejo Isla de Valdecañas, en el que no ve una crisis entre los propietarios, el poder político y los ecologistas, sino una oportunidad para avanzar y transformar ese enclave en un modelo de biodiversidad, si existiera voluntad de todas las partes de alcanzar un acuerdo.

-Usted es uno de los ecologistas históricos y con más experiencia en el activismo por la protección de la naturaleza de la región. Con su perspectiva de años, ¿cree que Extremadura ha conseguido rentabilizar, económica y socialmente, sus espacios protegidos?

-Sí, por supuesto. La pregunta pertinente es si le ha sacado todo el partido posible. Estoy pensando en las posibilidades turísticas que tiene la naturaleza de nuestra comunidad, que son inmensas. Podemos apostar por un turismo verde porque tenemos una materia prima espectacular. Siempre me he preguntado por qué Extremadura está tan poco ofertada en los viajes del Imserso y sólo desde hace poco tiempo cuando esos viajes empiezan en octubre o noviembre, justamente los más hermosos para esta tierra.

«Si tuviéramos un Félix Rodríguez de la Fuente que divulgara lo que tenemos nos pondríamos en órbita. Porque materia prima hay» Algunas frases

-Pero cree que el esfuerzo de conservación que hace Extremadura debe concretarse en beneficiar al sector del Turismo?

-No, evidentemente, pero cito al sector del Turismo porque sería una fuente de ingresos muy significativa. Después tenemos el retorno a ese esfuerzo en ayudas europeas precisamente porque protegemos.

-Le pregunto esto porque la doctrina oficial es que si Extremadura tiene alrededor del 30% de su superficie protegida es para que haya más turismo, pero sobre todo como fin en sí mismo. Que sea un modelo de desarrollo y de progreso. Ahora se habla mucho de la economía verde y circular.

-Y lo es. Acuérdese de que una de las reivindicaciones históricas de Extremadura es que teníamos una magnífica materia prima alimentaria a la que la región no le sacaba todo su beneficio porque no había industria transformadora. Quizás no nos damos cuenta, pero creo que, visto con perspectiva histórica, hemos conseguido avanzar mucho en este camino. Tenemos alimentos que transformamos aquí y comercializamos aquí con una presentación magnífica y que llega a mercados internacionales. Hemos avanzado, es indudable, aunque las posibilidades sin explotar son todavía inmensas. Yo les digo con frecuencia a los propietarios de fincas de la Sierra de San Pedro que tenemos virgen nuestra capacidad para enseñar lo que tenemos. Imagínese a un grupo de turistas japoneses enseñándoles en esa sierra nuestra dehesa, el bosque mediterráneo mejor conservado y el águila imperial ibérica, que tiene allí su principal hábitat. Eso tiene un inmenso valor.

-Lo que necesitamos, entonces, es un divulgador. Un Rodríguez de la Fuente.

-Por supuesto. Si tuviéramos un Félix Rodríguez de la Fuente que divulgara lo que tenemos nos pondría en órbita. Porque materia prima sobre qué divulgar, tenemos. Imagínese una dehesa de alcornoques en el mes de abril o un otoño en el Ambroz. ¡Son verdaderos espectáculos!

-Menciona la Sierra de San Pedro, de la que es presidente de su Espacio Protegido. Usted pone ese espacio como ejemplo de que es posible el entendimiento entre propietarios y ecologistas.

-Lo pongo de ejemplo porque es verdad. Cuando me eligieron presidente de la Junta Rectora había un gran recelo mutuo. Me reuní con los ecologistas y los propietarios por separado y les hice ver que si todos cedíamos podíamos alcanzar un consenso beneficioso. Y así es, la Sierra de San Pedro es un ejemplo de convivencia y armonía. Publicamos un libro precioso, 'La Sierra de San Pedro, huellas y vivencias', en el que participaron todos los estamentos representados en ese espacio, con cuyo destino están ecologistas y propietarios comprometidos por igual porque ha habido beneficios tangibles. Para los primeros con un avance en la conservación y los valores naturales del espacio; para los segundos con las ayudas europeas que, por cierto, creo que son insuficientes y que se podrían sacar más porque cada vez es más valiosa la conservación de la naturaleza.

«SPedro Pidal, impulsor del parque nacional de Covadonga, fue un gran cazador de osos. Caza y ecología no son enemigas» Algunas frases

-Sin embargo, esa armonía es excepcional. Lo común es que ocurra lo contrario: cuando un espacio se protege o aumenta su protección se producen protestas de agricultores y ganaderos. Lo estamos viendo con el proyecto de Reserva de la Biosfera para la Siberia, que tiene la firme oposición de las organizaciones agrarias. Todo el mundo defiende su exclusiva razón.

-Yo parto de que todos tienen parte de razón. Cuando se aprueba una figura de protección supone un condicionante de la capacidad de decisión de agricultores y ganaderos. Es comprensible que se quejen, cualquiera lo haría. Lo importante es convencerles de que esa renuncia beneficia a todos y tiene compensaciones para ellos.

-Volvamos a Sierra de San Pedro, porque ahora vuelve a hablarse de la autovía Cáceres-Badajoz, que afecta a ese enclave. ¿Es partidario o contrario a esa obra?

-No entro en si la obra es necesaria o no porque eso compete a los políticos. Es cierto que une dos capitales y, lo que a veces se olvida, dos distritos universitarios. Si se hace la autovía produciría una agresión a ese enclave, si bien la Junta, aunque ahora la obra ha pasado a manos del Estado, había hecho un plan de impacto ambiental que había sido aprobado por Europa, lo cual ofrece garantías. Si al final se hace, lo exigible es sentido común e incluso imaginación: evitar zonas que puedan ser más agresivas que otras o buscar soluciones en túneles o viaductos. En definitiva, sensibilidad conservacionista en el trazado.

«La demolición de Valdecañas podría ser un desastre medioambiental. El ruido, los vertidos y los residuos serían ingentes» Algunas frases

-Sé que una de las razones por las que usted tiene especial apego a la Sierra de San Pedro es porque es una zona eminentemente cinegética y usted es cazador. ¿Cómo se lleva ser cazador y ecologista, dos aficiones que hoy en día parecen radicalmente opuestas?

-Es verdad que vivimos un momento en que la caza genera un rechazo tal que ha cristalizado hasta en partidos políticos. Voy a contarle una anécdota: cuando yo iba a ser secretario general de Adenex en 1996, advertí a la asamblea que era cazador. Por aquel entonces de caza mayor y tenía una rehala. Nadie puso objeción, porque Adenex no estaba en contra de la caza bien hecha. Quizás hoy esa reacción tolerante hacia la caza puede que fuera más rara. Hace unos días, un colaborador de HOY, Salvador Calvo Muñoz, publicaba una magnífica columna pero con la que yo discrepo porque decía que cazar no es matar. Hombre, sí. La caza supone matar la pieza que cobras. La caza es muerte, pero es mucho más que muerte: es tradición, es compañerismo, es cultura, es arte. Y también supone, y yo creo que a eso se refería Salvador Calvo, que muchos cazadores son amantes de la naturaleza. ¿Sabía usted que el primer impulsor del Parque Nacional de Covadonga, que fue el segundo del mundo tras el de Yellowstone de Estados Unidos, fue un cazador empedernido? Fue Pedro Pidal, marqués de Villaviciosa, senador y diputado y la primera persona que escaló el Naranjo. A ese señor le debe España que seamos unos adelantados en la creación de parques nacionales, pero, al mismo tiempo, era un cazador de osos y consiguió medalla de plata en las olimpiadas de Tiro de Pichón. Lo que quiero decir es que entiendo que haya gente a la que no le gusta la caza, pero no puedo entender que aparezca en un boletín oficial, de la noche a la mañana, que se prohíbe la caza, que es una actividad no enemiga de la ecología y en torno a la que gira un universo cultural y también económico porque aporta casi el 0,3% del PIB.

-Se sentirá incómodo con algunos nuevos ecologistas.

-Yo estoy en contra de los radicalismos, sean cuales sean. Apuesto por el sentido común. Nosotros conseguimos que se prohibiera la caza de la avutarda porque estaba en peligro de extinción. Es decir, sentido común.

-¿Hay caza ambientalmente beneficiosa?

-Por supuesto. En Monfragüe está prohibida la caza, como en todo Parque Nacional. Pues bien, la población de ciervos y jabalíes es tal que si no se llevan a cabo capturas cinegética iría en detrimento del equilibro del parque y aun del bosque mediterráneo. Además de que el 30% de los jabalíes de Monfragüe están tuberculosos, un peligro para el ganado.

-Hablemos de Valdecañas. Usted se ha pronunciado públicamente a favor de mantener el resort. ¿Por qué?

-Por muchas razones. La principal es porque me parece una sentencia desproporcionada e imprecisa. Fíjese que ordena devolver la península de Valdecañas a su estado originario. Ese espacio no era precisamente lo más valioso que tenía Extremadura. Pasó por actividades agrícolas y ganaderas y también de repoblación de eucaliptos. 54 hectáreas de sus más de 130 estaban pobladas de eucaliptos. También era un basurero de los pueblos vecinos. Ese espacio era lo más transformado de la zona ZEPA. Que esa sentencia pida devolver el espacio a su estado originario pone a los ecologistas extremeños en el brete de defender la replantación de eucaliptos, precisamente la especie maldita, contra la que surgió el ecologismo en nuestra región porque tenía invadidas las laderas de Monfragüe. ¡Que los ecologistas extremeños tengamos ahora que defender la repoblación con eucaliptos me parece el colmo! Además, la demolición puede ser un desastre medioambiental. Los vertidos serán ingentes. Las cifras difieren desde 150.000 a un millón de metros cúbicos de residuos. ¿Dónde se despositan? El ruido de la demolición alteraría el hábitat de las aves. La generación de partículas a la atmósfera sería incalculable...

«Adenex hizo lo que tenía que hacer al llevar a la Junta al juez porque actuó ilegalmente en un espacio de la red natural» Algunas frases

-Pero el informe de Doñana dice que mantener el resort es más dañino que demolerlo.

-El informe de Doñana dice que a los 30 o 40 años se regeneraría la zona y volvería el matorral de enebro que había. ¡Claro que volvería, pero a qué coste! El informe de Doñana es exhaustivo, detallado, demoledor. Nada que objetar en su desarrollo, pero desde mi punto de vista parte de un error de base que lo lleva a conclusiones erróneas. ¿Cuál es? Que su estudio se circunscribe a los cambios habidos en dos años en la península, pero no en relación a lo que había antes de iniciarse esa actuación. Los autores del estudio lo reconocen así. Luego hacer estudios diacrónicos sin partir del punto original pero carece de un error de fondo insalvable. Sobre todo si luego el tribunal se remite a ese punto inicial para situar en él la restitución de la zona.

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-¿Que opinión le merece el papel de Adenex en este asunto?

-Adenex hizo lo que tenía que hacer. La Junta actuó en una zona de la Red Natura como no debía haber hecho y Adenex estaba obligada a advertir que estaba actuando ilegalmente en un espacio protegido. Como no la escucharon puso una demanda, que ganó incluso en el Supremo. Fue responsable como lo ha sido siempre. Estamos hablando de la asociación más importante que ha tenido Extremadura y que se ha hecho justa merecedora de los galardones más importantes. Las críticas a Adenex me parecen de todo punto injustas. Solo le achaco que en este caso haya pedido cárcel para los actuantes. Eso me parece exagerado porque también entiendo que a los responsables políticos se le presentó un proyecto de gran envergadura que iba a traer desarrollo a esa zona y que estuvieron aconsejados por los técnicos. Entiendo a Adenex, entiendo a la Junta, pero lo que no llego a entender bien, como he dicho, es la sentencia.

-¿Y qué cree que puede pasar con Valdecañas?

-No sé cómo puede acabar todo esto. Tengo la esperanza de que no se tire, sino al contrario: ojalá se alcance un acuerdo entre las partes en torno a la idea de convertir Valdecañas en una oportunidad para el medio ambiente. Ahora se pueden tomar decisiones sobre el acuerdo no sólo de mejorar la zona, sino de hacerla modélica en todos los aspectos: en biodiversidad, en regeneración de agua, en plantación de especies autóctonas, en eliminación de ruido, en observatorio de aves... En definitiva, darle un impulso que la haga la joya de la corona de la ZEPA. Y hay otro aspecto importante: la demolición puede costarle a la Comunidad Autónoma cientos de millones de euros. Sería terrible para una región como la nuestra en la que el Homo Sapiens no está en peligro de extinción, pero sí en franca regresión sobre todo en zonas muy poco desarrolladas. Un aspecto que convendría tener en cuenta para evitar la despoblación y el empobrecimiento que sufrimos.