Sobre Hernán Cortés y su centenario

La conmemoración del Descubrimiento, a mi entender,no solo es conveniente sino necesaria y responsabilidadineludible de España, y donde la comunidad de Extremaduradebe tener cierto protagonismo, pues efeméride tan prodigiosalo merece desde el respeto a la verdad histórica

FELIPE GUTIÉRREZ LLERENAHistoriador y escritor

Entre los días 25 y 30 de noviembre de 1985 se celebró en Extremadura (Guadalupe, Cáceres y Medellín) un Congreso sobre 'Hernán Cortés y su tiempo' en los preparativos para la celebración del V Centenario de Descubrimiento de América, sobre el que se habían sentado las bases programáticas en la Declaración Institucional (Trujillo, 12 de octubre de 1984) con la que Extremadura tendía su mano de amistad a la América de ayer, de hoy y de mañana, desde la fraternidad y la solidaridad.

Aquel Congreso se celebró porque, con anterioridad, un natural de Medellín, Hernán Cortés, lideró la conquista y colonización de lo que sería Nueva España, tras arribar a 'Punta de los Palmares' en Tabasco, el 12 de marzo de 1519. El Encuentro de los Mundos que se alumbró con el Descubrimiento, al que siguió la conquista, no ajeno a la destrucción, pero tampoco al nacimiento de una nueva sociedad fruto del proceso de aculturación y evangelización liderado especialmente en México por los franciscanos salidos del convento de Belvis de Monroy a llamada del propio Hernán Cortés, conocidos como los 'Doce Apóstoles de Nueva España'.

Siglos llevaban existiendo las universidades en la América española, cuando se creó la primera en América del Norte; en época temprana en Castilla se elaboraron las Leyes de protección a los indios americanos más modernas de su época, se favoreció el mestizaje y no el exterminio, pues nunca se llegó a poner precio a la cabeza del indígena, como hicieron en otras colonizaciones, que nadie critica. Me sorprende que la crítica proceda especialmente de la América anglosajona, donde sus indios fueron exterminados hasta finales del siglo XIX y reducidos a vivir en reservas como parques temáticos, como se hiciera con los animales en parques zoológicos. Por tanto, seamos serios: se hizo una gran hazaña civilizadora, digna de ser recordada, celebrada y estudiada, aunque no exenta de errores, de gravísimos errores, y muertes, pues hubo que aprender sobre la marcha y el enfrentamiento de mundos culturales distintos fue tremendo, pero creador, como toda síntesis que nace del conflicto dialectico.

Escribí en la presentación de las Actas de aquel congreso que independientemente de las valoraciones que puedan hacerse en la actualidad, desde la perspectiva que nos da casi medio milenio que dentro de unos años se va a cumplir del encuentro de dos mundos que, siendo, se ignoraban, la identificación entre Extremadura y América para los conquistadores. Extremeños fueron los más importantes, quienes extendieron el dominio político castellano por zonas más amplias que los procedentes de cualquier otra región de España, y porque encarnaron de una manera más plena el prototipo humano de conquistador, a la usanza de la época; de ahí que Extremadura haya sido denominada 'tierra de conquistadores', y solar 'donde nacían los dioses'. Estos dioses siempre fueron hombres, casi siempre demasiado humanos, y a veces, con frecuencia algunos, demasiado crueles, pero en la memoria de todos están Hernán Cortés, Francisco Pizarro, Pedo de Valdivia, Hernando de Soto, Francisco de Orellana, Ñuflo de Chávez, Pedro de Alvarado… y otros muchos más que proporcionó esta tierra. Hombres que supieron unir idealismo y política práctica que fueron al Nuevo Mundo a servir a Dios y a su Majestad, «e dar luz a los questaban en tinieblas y también a haber riquezas»(Díaz del Castillo).

Ciertamente, fueron dos mundos los que desde el encuentro se enfrentaron desde desarrollos técnico-culturares distintos; ejemplos pueden ser los medios que usaban los indios en la guerra «dardos, lanzas, hondas… y muchas bocinas y tambores y flautas y otros instrumentos» (Pedro de Cieza), frente a caballos, perros, espadas, ballestas, pólvora y piezas de artillería qe utilizaron los españoles. Junto a la violencia, el dominio y la expansión llegó también un modelo de civilización que los españoles, y por tanto los extremeños, aportamos.

No solo fueron soldados profesionales de la guerra y ambiciosos de fortuna y aventureros, sino también partieron agricultores, artesanos, religiosos, artistas… Todos ellos llevaban su bagaje cultural.

La cultura europea se extendió geográficamente e invadió espacios culturales entre los indios con el evidente retroceso de las culturas autóctonas americanas. Desde nuestra perspectiva actual este proceso sería muy discutible, quizá sea censurable, pero no tenemos la actitud del justiciero, sino la del historiador, que es comprensiva y explicativa de los fenómenos del pasado, y no desde una axiología que traslada valores y en función de ellos juzga o establece escalas.

Los españoles llevaron sus conocimientos y los enseñaron, y en el aprendizaje los naturales americanos demostraron «grande ingenio y habilidad para prender todas las ciencias, artes y oficios» (Fr. Toribio de Benavente).

Por tanto, la conmemoración de tal evento, a mi entender, no solo es conveniente sino necesaria y responsabilidad ineludible de España, y donde la comunidad de Extremadura debe tener cierto protagonismo, pues efeméride tan prodigiosa lo merece desde el respeto a la verdad histórica, pues «la verdad es cosa bendita y sagrada» (Díaz del Castillo).