Seis grados

Seis grados
ANA ZAFRA

Existe una teoría que asegura que cualquiera de nosotros estamos conectados con otro ser humano del planeta por medio de una cadena que solo tendría cinco intermediarios. Es decir que, con solo seis enlaces, lo mismo podríamos acceder a un pigmeo camerunés que al mismísimo Donald Trump. O, ya puestos, que Trump y el pigmeo serían casi primos hermanos.

Intentemos demostrarlo. Comenzamos fuerte: Teresa de Calcuta, la monja católica que dedicó su vida a los pobres, fundando la congregación de las Misioneras de la Caridad y que fue por ello canonizada. Sus obras y sus frases han inspirado a generaciones. Una mujer encomiable, aunque solo fuese por la visibilidad que proporcionó a los desheredados.

Teresa pasó media vida en la India, lo que la conecta con nuestro siguiente personaje: Mahatma Gandhi, el líder de la «no violencia activa». El que luchó por la descolonización de su país y cuya fecha de muerte se conmemora en todo el mundo como el 'Día de la Paz'.

Los eslabones de la crueldad también son muy cortos. Y eso que son solo uno: el que va del bien al mal

Gandhi, hindú, vivió dos décadas en Sudáfrica, país bajo el régimen del 'Apartheid', una doctrina impuesta por los colonizadores blancos que condenaba a los nativos negros a vivir sin derechos. Y así llegamos al tercer eslabón: Martin Luther King, uno de los personajes más influyentes de la historia de la humanidad. El gran hombre que tuvo el sueño de conseguir la igualdad de derechos entre negros y blancos y sin cuya influencia el mundo sería aún peor.

King dedicó su vida a equilibrar el negro y el blanco, algo en lo que coincide con el siguiente personaje: Michael Jackson, el genio que revolucionó el mundo de la música. El gran artista cuyas canciones todos hemos tarareado, aunque sea en 'spanglish', que donó derechos de autor para beneficio de los niños necesitados y sin cuyo legado artístico el mundo estaría hoy más huérfano.

La voz más obscura envuelta en la más clara piel. Genio, pues, del claroscuro, inventado por el enlace siguiente: Caravaggio, el pintor barroco que hace vibrar nuestra alma con sus pinturas. El portento ante cuyo 'Descendimiento' hasta los ateos sienten un escalofrío religioso. La grandiosidad del arte frente a la pequeñez de cualquiera de nosotros, espectadores y eslabón final de esta cadena.

Hagamos ahora el camino inverso dejando este último eslabón. Caravaggio, genio, sí, divino, también, pero un camorrista que cortó el pene a un adversario, seccionándole una arteria y arrancándole juntas virilidad y vida. Michael, el gran Michael, ídolo, sí, el mejor, también, pero acusado de pedofilia y con una vida tan turbia que terminó arrancándosela por no poderla soportar. King cambió la vida de media humanidad, sí, hizo reflexionar a la otra media, también, pero fue un misógino que organizaba orgías valiéndose de su condición de líder espiritual. Gandhi, 'alma grande', sí, gran película, también, pero alguien que despreciaba a los negros, a quienes aplicó el mismo Apartheid que los blancos.

Teresa, santa, sí, luchadora, también, pero con una idea propia de la caridad que le llevó a practicar la «cultura del sufrimiento» por la que las donaciones apenas llegaban a los pobres, que morían más cristianamente si solo recibían aspirinas en lugar de tratamientos.

Como vemos los eslabones de la crueldad también son muy cortos. Y eso que son solo uno: el que va del bien al mal en un único paso. Y en ese sí que estamos todos conectados.