Salvar un avión con el ala rota

Una cigüeña paseando relajada y elegante por la dehesa extremeña. :: E. R./
Una cigüeña paseando relajada y elegante por la dehesa extremeña. :: E. R.

Incluso en Viernes Santo, el servicio de recuperación de aves funciona con eficacia

J. R. ALONSO DE LA TORRE CÁCERES.

Viernes Santo. Conversación en la panaderia. El niño, harto, se queja. «¿Mamá, por qué tenemos que ver tantas procesiones?». La madre se lo aclara y en su razonamiento se esconde toda una filosofía de la vida, de lo cotidiano y de lo que debe ser: «Hijo, estamos en Semana Santa y ahora toca ver procesiones igual que en verano toca piscina».

Me maravilla la lógica aplastante de las madres. El niño se calla y parece conforme. A mí también me convence esa explicación, esa teoría de la inercia para comprender el gentío que llena las calles y entender por qué las dos veces que he salido a la calle esta Semana Santa, me he quedado encerrado en un laberinto de procesiones que me impedía llegar a casa y volvía locos a los turistas, incapaces de encontrar una salida hacia sus hoteles.

El Viernes Santo, atento a las encerronas y previsor, pude escapar con el pan a través de callejas por las que nunca transito y llegar a casa con tiempo para preparar la comida. Allí me encontré, en el balcón, una escena angustiosa: un pájaro aleteaba desesperado en el suelo. Intentaba levantar el vuelo, pero no podía. Recurría a los saltos, pero ya no tenía fuerzas para impulsarse y escapar del balcón prisión donde había caído por accidente.

No sabíamos qué hacer con él. Tenía el pico muy curvado y era de mediano tamaño. Desconocíamos si se trataba de un polluelo de un ave rapaz o de un pájaro adulto. Vivo en un piso elevado y soy vecino de milanos, cernícalos primilla, vencejos y golondrinas. En una ocasión, les conté que, en los pisos de enfrente, una vecina tenía un águila de gran porte atada en el balcón de casa, algo nunca visto.

El pájaro seguía aleteando con angustia, pero cada vez se le notaba más cansado y no teníamos ni idea sobre qué hacer. Si lo cogíamos y lo echábamos a volar, posiblemente se estampara contra el suelo. No sabíamos si no podía volar porque era tan joven que aún no había aprendido o si estaba impedido por alguna lesión.

Además, era Viernes Santo, ya digo, puente, día de fiesta, vacaciones y, como razonaba la mamá, tocaba procesiones. Iba a ser complicado encontrar la manera de salvar al ave. Pensamos en mi hijo. Él y mi nuera tienen un gato y están educados en el amor a los animales, lo tienen muy asumido. Yo los protejo, pero me educaron en la utilidad del animal: el gato caza ratones, el perro cuida el ganado, el perdigón es útil porque atrae a las perdices. El amor a los animales per se, sin necesidad de que sean útiles, ha sido algo que he ido aprendiendo con los años, no lo tengo interiorizado desde niño.

Efectivamente, llamamos y mi nuera nos cuenta que ella recoge los pájaritos heridos y los cuida hasta que pueden volar. Yo no me veo atando ese pájaro grande como la vecina su águila y cuidándolo en el balcón. Mi hijo y mi nuera me dan el teléfono del centro de recuperación de aves de Sierra de Fuentes.

Pero es Viernes Santo, día de puente largo. Llamamos con la seguridad de que no responderá nadie, pero nos equivocamos. Nos atienden amablemente, contamos el caso, toman nota y a los cinco minutos nos llaman desde un coche, vienen a casa a salvar al pájaro. Enseguida, llaman a la puerta. Son dos caballeros uniformados, amables y eficientes. Salen al balcón, recogen el pájaro en una caja de cartón. Nos informan de que es un avión, tiene un ala rota, es una especie protegida, se lo llevan para curarlo.

Siempre nos quejamos de que somos los últimos en todo, pero también tenemos que sentirnos orgullosos de las cosas que funcionan. Una sociedad donde, si un pájaro se rompe un ala y cae en tu balcón, haces una llamada y en diez minutos aparece un equipo de medio ambiente perfectamente preparado y dispuesto, que recoge al pájaro, te explica qué le ha pasado, se lo lleva y lo recupera, es una sociedad de la que te puedes sentir muy orgulloso. Además, aunque sea Viernes Santo, cuando toca procesión; verano, cuando toca piscina o mayo, cuando toca fiesta y festival, actuarán con la misma eficacia. Cuando las cosas funcionan, hay que contarlo: sean las cofradías, sea la ornitología.