«Rompí aguas y el parto empezó muy rápido en el piso, pero no sentí miedo»

Marta y Andrés ayer con sus dos mellizas, en el hospital de Mérida. :: / J.M. ROMERO

Marta y sus dos mellizas, que nacieron en un piso de Almendralejo el pasado miércoles, se recuperan en el hospital de Mérida

Celestino J. Vinagre
CELESTINO J. VINAGRE

Los que conocen a Marta, de 21 años, sostienen que es una persona tímida y que le cuesta entablar una conversación con quien no conoce. Es cierto, pero solo a medias. Ayer por la mañana, en la planta de neonatos del hospital de Mérida, a su espíritu introvertido le añadía cansancio, sí, pero también una sonrisa continua que no se borraba en su rostro y que le impulsaba a hablar con cierta fluidez. Marta y sus dos nuevas hijas de cuatro días de vida son las protagonistas de una historia con final feliz.

La joven embarazada se vio sorprendida este miércoles en su piso de Almendralejo porque las mellizas que esperaba para dentro de un mes decidieron venir ese mismo día por la mañana. Sin que le diera tiempo de acudir siquiera al centro de salud de la zona, y mucho menos de trasladarse al hospital emeritense, Marta pudo traer al mundo, a las 13.30 horas, a una de sus hijas, de apenas 2 kilos y 155 gramos de peso. Sucedió, indica, antes de que acudiera el personal sanitario. Lo hizo con mucho esfuerzo y con la ayuda de una tía y una sobrina, que fue la que llamó al centro de urgencias y emergencias 112.

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La segunda pequeña vino casi una hora después (14.27), también en su domicilio pero ya con el equipo del SES que le pudo atender procedente del cercano centro de salud de San José. La niña pesó 2 kilos y 120 gramos.

Sara y Lorena, así se llaman las bebés, están en la incubadora, se alimentan sin problemas y presentan buen estado de salud «aunque han perdido peso», lamenta Marta. «Están bien y eso es lo importante. Igual que la madre», enfatiza Andrés, su pareja, de 25 años. Es muy probable que la próxima semana puedan abandonar el hospital de la capital autonómica.

El joven matrimonio llevan viviendo en Almendralejo desde hace siete años. Allí acudieron desde un pueblo próximo a Craiova, ciudad al sur de la capital, Bucarest, y uno de los municipios más importantes de Rumanía.

Siete años en la región

Su llegada a España sigue el guion conocido de centenares de rumanos que han hecho las maletas en las últimas décadas. «Vinimos aquí a ganarnos la vida. No siempre tenemos trabajo pero estamos contentos de estar en Extremadura», comenta Andrés mientras sostiene a una de sus sonrosadas hijas. El matrimonio tiene a un hijo mayor, Mario, de 5 años. Como sus hermanas, nació en territorio extremeño.

Andrés, temporero del campo ahora sin trabajo, y Marta, que se ganaba la vida también con faenas agrícolas, viven en la almendralejense calle de Federico García Lorca, esquina con la calle Eugenio Hermoso. Lo hacen en los denominados pisos del marqués (por el marqués de la Encomienda).

Es una zona en la que se asienta buena parte de los ciudadanos de nacionalidad rumana que están censados, muchos de ellos desde hace bastantes años, en Almendralejo.

«Se trata de un matrimonio muy bueno. Están muy integrados», relata a este diario una vecina con una tienda en el barrio. «La gente se ha portado bien con nosotros», agrega Marta. «Lo mismo que los médicos», añade casi sin parar.

A la joven le sorprendió el doble parto en casa. «No lo esperaba. Hace poco habíamos venido a Mérida y nos habían dicho que todo iba normal y que el nacimiento sería para dentro de tres o cuatro semanas. Por eso cuanto sentí un pequeño dolor no le di más importancia», cuenta.

«No podía pensar en que las niñas iban a salir rápidamente. Muchas veces te vienen contracciones pero no son nada. Pero esta vez sí lo eran», agrega a HOY.

«Casi ni dio tiempo llamar al 112. Eso lo hizo una sobrina. Una tía que estaba conmigo me dijo que iban a nacer enseguida, que no iba a llegar al hospital. De hecho, la primera llegó antes de que acudieran los de San José (personal del centro de salud) y eso que están muy cerca del piso y no tardaron nada en atendernos» agrega.

«Rompí aguas y el parto fue rápido en el piso. La primera niña salió enseguida. Estaba yo sola con algunos familiares. Pero no tuve miedo. Llegaron enseguida el médico y la enfermera. Me dijeron que no daba tiempo a que la segunda niña naciera en el hospital, así que la iba a tener también el piso. Todo fue muy bien. Se portaron muy bien. Después con una ambulancia (unidad medicalizada de emergencias) me llevaron a Mérida», concluye.

Andrés no estaba en el piso. Le llamaron. «Estaba tranquilo. Tranquilo de verdad. Sabía que todo iba a salir bien», finaliza.

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