Ola de robos

Barrio de Moctezuma, en Cáceres. :: HOY/
Barrio de Moctezuma, en Cáceres. :: HOY

En mi barrio reina una inquietante psicosis de asaltos a pisos

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Psicosis. Protagonista de la nueva versión del clásico: mi suegra. Pero no lleva cuchillo, sino llaves. Se la escucha llegar como a las viejas amas de las novelas: la precede el tintineo de sus dos manojos, en uno, las llaves de su casa, en el otro, las llaves de la mía.

Psicosis. En mi casa y en el barrio. No hay ningún dato riguroso, tampoco se conocen avisos policiales. Por no tener, ni tan siquiera tenemos noticia cierta de algún caso que justifique el terror colectivo que nos acongoja.

Psicosis. Yo creo que son esas malditas fake news, que existen desde que el mundo es mundo y que en el tema que nos ocupa a mi suegra y a mí, son fake news de barrio muy tradicionales, de siempre, falsos rumores de toda la vida.

Pero vamos al lío: en mi barrio hay psicosis de robos. Sí, se dice, se oye, se comenta que están robando en las casas y que no lo hacen por la noche ni cuando nos vamos a trabajar, sino cuando a los ladrones les da la gana, o sea, pueden venir a robarnos en cualquier momento. Suben a los pisos, abren las puertas con técnicas infalibles y desvalijan las casas. Ya digo: cuentan, largan, sueltan.

¿Datos fehacientes, partes policiales, páginas de sucesos repletas de asaltos? No, nada de nada, ningún dato. Pero el comentario, el rumor y el pues dicen que es como se llamaban las fake news hace 20 años y como se siguen llamando en El Barrio, el comentario en la cola del Día, digo, es que están robando a todas horas y en cualquier piso.

La cola del Día es la red social de quienes no usan esas cosas o de quienes las usan solo para ver fotos de la nieta y felicitar a los yernos. Y el muro de la cola del Día está lleno de rumores sobre los robos a domicilio. Las cajeras, que son algo así como las administradoras de esa página-cola, cuando ven al personal con cara de hastío 'verde fairy', mueven el tuit de los robos y oye, las caras se ponen de color 'maría dorada marbú' y todo es alegría, charla y estímulo.

Y es que no hay nada como una buena 'fake news' para tener un chute de adrenalina. Mi suegra, por ejemplo, desde que una señora que la ayuda la ha informado detalladamente de la ola de robos, ha revivido y ahora recorre su casa y la mía con espíritu de Señora Marple, escudriñando rincones oscuros, vigilando si las ventanas están bien cerradas, observando por la mirilla cada vez que suena el ascensor y, lo más inexplicable, cada vez que sale a la calle, echa los cerrojos de la puerta de su casa y, ¡atención!, también los de la puerta de mi casa conmigo dentro.

A mí me desespera esta psicosis de robos de la que nadie sabe dar razón. Es un proceso que se repite cada año y que vuelve locas a las personas mayores. Es verdad que así tienen un tema del que hablar y también es cierto que les sobrevienen unos estimulantes subidones porque el pánico dopa mucho. Pero luego se quedan solos en casa, ponen la tele a todo volumen, se dan cuenta de que si entra alguien, no se enteran, y se mueren de miedo.

Estos días discuto mucho con mi suegra. No me parece bien que me encierre para que no me roben. Hace un momento, vino a hacer la ronda y me riñó porque esta noche he dormido sin echar el cerrojo. Luego se ha ido y me ha encarcelado con siete llaves. «Que no me encierres, que quiero ser atracado, a ver qué se siente», le digo, ella me mira con ojos llenos de misericordia y vuelve a su casa.

Le explico que todo esto de los robos en el barrio es cosa de los rusos, que lanzan el bulo en Facebook para que ganen los radicalismos populistas, se destruya todo y puedan venir ellos a salvarnos y a robarnos de verdad. Como no la veo muy convencida, contraataco con otro argumento: «Esto de la ola de robos es un invento de los vendedores de alarmas». Y entonces, mi suegra me desmonta el razonamiento con una larga cambiada: «Para qué quieres tú una alarma si ya me tienes a mí». Pues es verdad.

 

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