Riomalo de Arriba, un filón turístico echado a perder

Era una postal, pero la realidad hoy es que muchas de sus casas están en semirruina

Dos casas típicias de Las Hurdes. La de la izquierda tiene el techo roto y por su puerta asoman electrodomésticos viejos y basura. /Andy Solé
Dos casas típicias de Las Hurdes. La de la izquierda tiene el techo roto y por su puerta asoman electrodomésticos viejos y basura. / Andy Solé
ANTONIO J. ARMERO y ANA B. HERNÁNDEZCáceres

La visita a Riomalo de Arriba se explica porque es uno de los sitios elegidos para la sección 'Rincones con encanto', que a lo largo de este mes presenta a los lectores de HOY lugares de Extremadura que merece la pena conocer. Varias guías lo recomiendan como uno de los pueblos más representativos de la arquitectura típica de Las Hurdes, basada en el uso de la pizarra. Pero el paseo por el municipio es una bofetada de realidad que le da a los planes iniciales un giro de 180 grados. La imagen de varias de sus calles y buena parte de sus viviendas no es la mejor tarjeta de presentación para el turismo. A algunas casas les falta el techo, a otras la puerta, y tras esos huecos asoman electrodomésticos y muebles viejos, escombros, restos de materiales de obra, cubos, palos, ladrillos, cables, botes... Este lugar que durante años fue una postal, ya no lo es.

Dice el Instituto Nacional de Estadística que en el municipio están empadronadas ocho personas, pero que duerman cada día en él son seis, cinco de ellas mayores de 60 años. Eso ahora, en verano. En octubre o noviembre, cuando bajen las temperaturas, Margarita y su marido se irán a Ciudad Rodrigo a pasar el invierno y no regresarán hasta febrero. En estas fechas, eso sí, la localidad gana algunos residentes, gracias a los que tienen aquí sus raíces, que un día marcharon y regresan cada verano. «Yo ya he denunciado lo mal que está el pueblo en Internet, en foros de Facebook de gente de Las Hurdes que está fuera, pero hay incluso a quien le sienta mal que se exponga lo que es una realidad evidente», expone uno de estos vecinos.

Una pareja de turistas andaluces recorre la localidad hurdana.
Una pareja de turistas andaluces recorre la localidad hurdana. / Andy Solé.

Eso que él, cargado de razón, califica como evidente que medio pueblo está en estado de semirruina. Resulta chocante que aquí esté el centro de interpretación de la comarca, que abre los sábados de 10 a 16 horas, y de 10 a 14 los domingos y los días que son festivo en Extremadura o en Madrid. Chocante porque la situación no se generó la semana pasada. La fotografía que ahora presenta buena parte del municipio tiene ya en torno a un lustro.

Con el objetivo de rehabilitar buena parte de esas casas respetando su arquitectura original y atraer turistas, el empresario andaluz Gabriel Sánchez Ogayar las compró, según dice en mal estado ya. Pero la rehabilitación puesta en marcha se paró, como tantas otras iniciativas, con la llegada de la crisis económica. No obstante, asegura que le gustaría poder terminar el proyecto y garantiza que, «cuando pueda, lo haré». Y acabar así una rehabilitación que convierta a Riomalo de Arriba en ese pueblo del que una vez presumieron Las Hurdes y Extremadura, pero que hoy no es posible.

Arriba, vista desde la calle del interior de una vivienda; abajo a la izquierda, una de las casas que quedaron a medio construir; y a la derecha, una de las calles de la localidad. / Andy Solé